SARA CORREIA. La épica de la resiliencia

Los días 4 y 5 de junio de 2026 se celebró la decimosexta edición del Festival de Fado de Madrid con un cartel que traería a artistas como António Zambujo, Beatriz Felício y Sara Correia en dos bloques diferentes: uno con Zambujo, que arrancaría a las 18:30 de la tarde y otro con Felicio y Correia que arrancaría a las 21:30 de la noche. Todas las actuaciones tendrían lugar en el escenario del Teatro Real de Madrid.

Nosotros estuvimos en el concierto de Sara Correia (en el que Beatriz Felício actuaba como telonera) y esta es una crónica/crítica de lo que escuchamos y vimos.

El fado hace tiempo ya que ha tenido que encontrar otro asidero al que agarrarse más allá del que le ofrece su mito fundacional. Si la imagen clásica se sostenía sobre mujeres que cantaban su tristeza o saudade esperando en los muelles a los marineros que no volvían, esa poética se ha convertido en insuficiente para las nuevas generaciones del fado. Las nuevas voces cantan desde otro lugar. La saudade ya no es tanto nostalgia romántica como algo más parecido a una combativa memoria social. Y qué decir de la Lisboa de hoy en día; esta ya no es una ciudad de barcos y marineros, sino de turismo masivo y gentrificación. Una ciudad de barrios desiguales con las vicisitudes que afectan a las grandes ciudades europeas: precariedad, migrantes que buscan su sitio, identidades cada vez más híbridas. De este modo, es natural que el fado se haya desplazado desde el puerto o los muelles a la ciudad entera.

Si en el siglo XIX y XX, el fado era la música de quienes esperaban, hoy, en el siglo XXI, podríamos decir que es la música de quienes resisten. Quienes resisten la expulsión de los barrios históricos, quienes resisten la turistificación insoportable que convierte el fado en un suvenir, la precariedad laboral de las mismas casas de fado, la invisibilidad de la periferia, etc. Quedémonos precisamente en esa periferia, en esos márgenes: ahí es donde nace y se cría Sara Correia, justo en el barrio lisboeta de Chelas que para la fadista, entre otras cosas, funciona también a modo de herida, de poderosa herramienta de autoafirmación e identidad.

Chelas es un hecho sociológico: uno de los barrios más estigmatizados de Lisboa con altos índices de pobreza, problemas de vivienda, falta de inversión pública, una histórica ausencia de oportunidades culturales y asociado a exclusión social. Si la cantante emplea esta marca es porque Chelas tiene una fuerte impronta y es la matriz emocional de su canto. Una especie de Pan Bendito madrileño. Muchas veces ella misma lo ha dicho:

Vengo de un barrio donde no se esperaba que yo llegase aquí.

Y cuando nadie espera que llegues a lo más alto del circuito del fado, es lógico hacer marca de la casa y tener una narrativa propia de superación del estigma, de resiliencia, por encima de una narrativa de nostalgia.

En escena, su canto es fado de garra, de cuerpo. Un fado que se agita y se revuelve y emociona cuando nos recuerda que ha tenido que luchar y pelear contra las tempestades que debieron presentarse en su camino para llegar a donde ha llegado. «Tempestade» es también el título de su cuarto álbum de estudio y el más reciente (2026). Un disco de fado, pero contemporáneo, un trabajo asumidamente femenino (y feminista) con todas sus canciones escritas por mujeres del que la mayoría de la crítica ha destacado su madurez y su profundidad emocional (con un repertorio que abarca cuestiones como el amor, la superación, el desapego o la violencia).

En el escenario del Teatro Real (ojo, que nacer en Chelas y tocar en los lugares más elitistas ya es una resignificación crucial del aporte de artista como Correia), la fadista se vuelve emblemática (sobre todo más después de la actuación a modo de telonera de Beatriz Felicio que opta por una ortodoxia que nos deja tibios como espectadores). Correia sale a escena y despliega una voz densa, llena de matices y con peso emocional. Una voz que puede recordar a fadistas clásicas, pero que ocupa el espacio con fuerza, imponiéndose. Al llevar desde los doce años formándose y cantando en casas de fado, Correia tiene más que adquirido el control del vibrato corto, la proyección sin micro, la capacidad de sostener silencios largos. Su voz tiene academia, pero también esa dosis de calle necesaria para marcar diferencia. Y cuando canta observamos cómo lo hace con todo el cuerpo: con su postura, con sus manos, sus hombros. Cada aplauso, ella lo recoge con afecto, con profesionalidad y mimo. Correia llora de otra forma, plantándose, confrontando. Más que lamentar, ella afirma. Nos encanta cuando toda su catarsis es un grito que golpea.

Después de una operación de cuerdas vocales que la tuvo unos meses sin cantar, confirma sobre un escenario como el Teatro Real que estamos ante una artista que es fadista, pero que es también cantante de dimensión pop en la medida en que su presencia física es marcada, nada estática o por su forma heterodoxa de trabajar la contención que se acerca a una voladura, a una implosión controlada. La producción de «Tempestade» nos hace imaginarla llenando estadios (al menos, eso fue lo que sentimos al verla en el escenario del Real).

De todas las canciones que interpretó y que fue desgranando con habilidad, nos quedamos con el manifiesto que es «Canto». Canto es el mejor ejemplo de que Correia no procede de una tradición aburguesada del fado, sino que emplea la música para afirmarse, la voz como un ejercicio de demostrada supervivencia. La suya es una energía más propia de una artista completa, total, capaz de volar más allá de los límites o el rubicón del fado. Sara Correia esta dotada para pasar esa frontera de la quietud, de la contención y la ortodoxia emocional y, sin abandonar el fado, que es el eje transversal de su espectáculo, logra llevarlo a otro lugar.

Todo un deleite para los sentidos y para las emociones el poder asistir a un espectáculo redondo y rico en matices, potente en expresión y en creatividad a cargo de quien ha dejado de ser una promesa para convertirse en una artista plenamente consolidada tras giras internacionales, un Latin Grammy, un MEO Arena sold out (el mayor recinto de conciertos de Portugal), etcétera, etcétera.

Les avisamos de que, como artista garantizada, Sara Correia ya ha llegado.

SARA CORREIA. FESTIVAL DE FADO MADRID 2026

PUNTUACIÓN:  4 CABALLOS (Sobre cinco).

Se subirán a este caballo: Quienes deseen encontrarse con un Fado que no canta porque espera, sino porque resiste.

Se bajarán a este caballo: Quienes sean ortodoxos y únicamente seguidores de fadistas que no se adaptan a los tiempos.

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Ficha artística

Sara Correia: Fadista.

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Una crítica de Mi Reino Por Un Caballo

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