El Teatro Fígaro de Madrid fue el lugar al que nos acercamos para disfrutar del espectáculo de stand up comedy de Maru Candel en su cuarta temporada girando por España. Buscábamos risas y un buen rato y lo siguiente fue lo que nos encontramos.

Maru Candel es conocida por sus espectáculos de comedia de humor autobiográfico, con dosis de improvisación y algo de música en directo. La cómica sevillana se adentra en temas variopintos que van desde las relaciones de pareja a las expectativas sociales, las ideas en torno a la feminidad o el gran filón de las contradicciones cotidianas (asunto este universal por excelencia). Ella misma ha hablado algunas veces acerca de lo terapéutico que puede ser el humor ( y nadie lo duda puesto que la risa es incompatible con la ansiedad y sirve de anclaje perfecto como potente mecanismo de anclaje emocional).
En el espectáculo al que asistimos (sin un título más allá del nombre de la artista y que bien podría haberse llamado «No estoy bien») nos encontramos con esa mujer con desparpajo que aparece en sus vídeos de YouTube o en sus píldoras de Tik Tok. Candel es aquello que uno espera tras habérsela encontrado, por primera vez, en un mini‑sketch enviado por el algoritmo de Instagram o Facebook. Y, en nuestro caso, lo que esperábamos era a una cómica capaz de imbuirse en el ritmo emocional del público (un público que, en esta ocasión, remaba a favor de obra).
Su rol en escena es claramente el de una persona ágil, diestra y preparada para ironizar sobre clichés culturales (muchos de ellos, eso sí, apropiaciones a su manera de fragmentos que circulan por las redes sociales; en el entorno anglosajón conocido como observational lift: es decir, pillar un fenómeno social ya existente y convertirlo en premisa cómica propia). Todo legítimo, pero esa idea de premisa encontrada pierde a veces fuelle como es el caso de emplear el pistacho o el magnesio como artefacto cómico popular. Es cierto que hay que tener vista fina para hacerse cargo de aquello que está en la cultura compartida, de algo que ya está insertado en el imaginario colectivo y se puede usar para hacer humor.
Candel tiene una buena ristra de materia prima que entraría dentro de esa cultura compartida: los regalos de bodas, el veganismo, las dietas, las madres españolas o andaluzas, el rol de la moderna y la antigua, el Mercadona como templo nacional, el postureo en gimnasios, los nuevos hobbies o aficiones como el tardeo, la cultura del WhatsApp, las relaciones abiertas, los stickers que te manda una tía, los batidos détox, el mindfulness, el yoga, la gente intolerante al gluten, los viajes a lugares exóticos y, así, un largo etcétera que le sirven para estar en el escenario una hora y media. Todos ellos son detonantes para hablar desde «su experiencia» o la de» una amiga» (ya sabemos).

Entendemos que mucho del material que vimos en el Teatro Fígaro también era material de batalla, algo que siempre funciona en salas, pero debemos reconocerle a la artista su capacidad para el patchwork al lograr ir ensamblando o tejiendo un telar dispar y florido que se sostiene en sus interacciones con el público.
Ese es otro de los puntos fuertes y en el que se identifica el juego de la improvisación más directa por parte de Maru Candel. No siempre el público es sencillo y saber extraerle el jugo y leer entrelíneas mientras estás subida a un escenario, tiene su mérito.
Lo que más nos gustó fue su juego con lo de la Maru antigua y la Maru moderna (y sus vicisitudes o su vacile a La Rosalía), así como el momento del las rodillas y su auto parodia (esmeradísima) en un despliegue de physical self‑deprecation no al nivel de Ignatius, pero sí a la altura de quien sabe que reírse de sí misma es el lugar perfecto desde el que comenzar para terminar metiéndose al público en el bolsillo.
Su estatura, su corpulencia, la menopausia, el cuerpo que se va descolgando con la edad (las tetas que tocan las rodillas), todo ello forma parte de su material para la comedia y nos gusta porque estamos algo hartos de cuerpos normativos, de Islas de las tentaciones con cerebros de corchopan, de cuerpos fitness por doquier en redes sociales, de postureos, veleidades y futilidades a mansalva en cuentas de influmierders mires allá donde mires. Bravo por Candel y su embodied humor.
Lo peor, debemos decirlo también: unas cancioncillas de pseudo resiliencia que, a nuestro juicio, sobraban, pero que le servirían para poner el broche a un espectáculo más que satisfactorio sin demasiados «chistes quemados» y con un humor de hoy día con buen timing, reconocible, desinhibido y, en muchos, sentidos tan carismático como catártico. A decir verdad, está mucho mejor de lo que ella dice que está en sus actuaciones e, indirectamente, nos deja bien claro un mensaje, como marca de agua: que ahí donde duela, ella elige reír.
MARU CANDEL
PUNTUACIÓN: 3 CABALLOS (Sobre cinco).
Se subirán a este caballo: Quienes deseen toparse con una cómica convincente y diestra en su juego con el público.
Se bajarán a este caballo: Quienes infravaloren una buenas risas.
***
Ficha artística
MARU CANDEL (actriz cómica y cantante Sevillana, criada en el corazón de Triana. Comenzó su carrera en el 2005 recorriendo el país con sus espectáculos de Stand Up Comedy. Desde sus inicios supo mezclar la comedia con la música en sus monólogos: «S.O.S», «Divagando», «Mujer Dejada», «Todo pasa por algo amor», «Mandarinas, amor a gajos», y «La Antigua y la Moderna». Participa en Comedy Central y en Las Noches del Club de la Comedia. En el 2019 edita su primer disco «Ropa Tendía». Actualmente se la puede ver en ficción, en la serie «Martita» de AtresPlayer y en teatros de gira con sus shows).
***
Una crítica de Mi Reino Por Un Caballo
Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/www.mireinoporuncaballo.blog
Y en Instagram: https://www.instagram.com/mireinopor/
