HUANG -YI Y KUKA. Tú, robot.

Varios bailarines ejecutan en escena una danza por medio de la cual tratan de involucrar a un robot con forma de brazo articulado que replica, a su manera, algunos de los movimientos. 

Esta podría ser una suerte de sinopsis de la pieza de danza que el Taiwanés Huang-Yi y su robot Kuka mostraron en Madrid y que nosotros pudimos ver en los Teatros del Canal

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Los robots llevan años entre nosotros. En la cocina, en el trabajo, en grandes fábricas, en los quirófanos, en la tecnología de defensa y armamentística. La mayor parte, eso sí, no generan ese miedo del que nos alertan películas como Ex machina o series como Black Mirror o la más reciente Westworld. Afortunadamente. Porque los robots con rasgos muy similares a los nuestros, los humanos, generan un rechazo que explica muy bien la teoría del Valle inquietante.

No se apuren: el coreógrafo Huang-Yi no pone en escena a un robot antropomorfo sino a uno más parecido, en sus formas y estructura, a Wall-E.

Kuka, el robot que interactúa en escena, es un brazo robótico articulado capaz de hacer giros en diferentes grados y crear una ilusión de compenetración con el bailarín, de diálogo gestual,  que es realmente interesante. (Y a su manera, sí, también inquietante). 

Cuenta el autor de la propuesta, en diferentes entrevistas, que desde que era pequeño soñó con tener a un robot por compañero de juegos. Imaginamos que ese afán no mermó cuando se hizo adulto y fue lo que le llevó a componer una pieza en la que Kuka repite movimientos más o menos sencillos en los que nosotros, como espectadores, ponemos el resto, es decir: calibramos los gestos y los movimientos robotizados y los integramos en la coreografía componiendo una visión de conjunto. Igual que cuando nuestro cerebro lee frases incompletas o interpreta ilusiones ópticas o pareidolias. Algo así.

Dicen las investigaciones que nuestro cerebro prefiere o se decanta por las visiones falsas antes que por las visiones reales (¿no conviene fiarse mucho del cerebro?). Como sea, poseemos un sesgo para dar más credibilidad a la información interna, almacenada. Y cuando vemos esa ilusión de un brazo robótico moviéndose e interactuando con Huan-Yi, estamos tirando de repertorio interno, de lo que tenemos almacenado y de big data de bancos de imágenes internos sobre bailes, danza, robots, etcétera. Un brazo robótico no baila, pero en escena lo vemos bailar e incluso casi mostrar interés hacia los juegos con la luz de una linterna. No lo podemos evitar y nuestros ojos rellenan ese punto ciego en el que un robot (que bien podría estar en una cadena de montaje de vehículos) se conduce con sensibilidad

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La apuesta de Huang-Yi, además de sortear el valle inquietante, se prodiga en un estilo rayano con lo metafísico y lo cuasi animista. Tal vez pretenda establecer una reflexión en torno al transhumanismo, o en torno a la posibilidad del encuentro entre el hombre y la máquina; en torno a su distancia elucubrable. 

Asegura el autor: 

“Bailar frente a frente con un robot es como mirarme a mí mismo en un espejo… Creo que he encontrado la clave para integrar las emociones humanas en robots”

¿Integrar las emociones humanas en robots? Mire usted, eso ya lo han hecho, y de manera mucho más alucinante, personas como David Hanson, ex ingeniero creativo de Disney (como no, resulta perturbador), creador del robot social Sophia. 

Kuka se mueve, pero a tal acción no le podemos llamar «bailar». Nuestro cerebro hace que eso, que la idea de bailar, suceda (y las luces, y la escenografía, el contexto), porque es imposible separar al bailarín del baile. Kuka se arquea, cimbrea (a su manera), programada por Huang-Yi para vertebrar, nunca peor dicho, una serie de acciones. Eso sí: no se esperen en esta pieza algunos de los efectos mesmerizantes que podrán ver en vídeos de actuaciones de Huang-Yi y Kuka por Internet (como por ejemplo el uso de láseres y momentos hipnóticos que aparecen en algunos vídeos de YouTube) porque, aquí, todo es más prosaico y, en cierto modo, algo más repetitivo si exceptuamos la primera parte en la que la atención es captada de inmediato. Baja algo más en la parte central de la obra (no se entiende demasiado ese momento Karaoke en el que se canta sobre estar enamorado y Kuka no pinta nada). Alegorías las justas. El momento escena del metrónomo queda ciertamente desacompasado y se echa de menos una más milimetrada sintonía entre los movimientos de Kuka y los del metrónomo. 

¿Qué tiene algo intrigante? Sí. Sin duda.

Pero que le sobran partes de paja y le faltan partes de grano, también. 

Lo mejor es que no estamos ante un robot social sino ante un robot alejado de la morfología humana y, con todo, nos convencen sus «deseos», su «voluntad» de acercamiento, su «apetito» por «aprender», su improbable/imposible «sensibilidad». 

La imposible sensibilidad de Kuka de la que podríamos decir, parafraseando aquella falsa crítica sobre Lola Flores, que nunca se escribió en el «The New York Times»: «no canta, no baila, no se la pierdan». 

HUANG-YI Y KUKA

PUNTUACIÓN: 2 CABALLOS y 1 PONI (Sobre cinco).

Se subirán a este caballo: Para amantes de la danza híbrida transhumanistas en camino.

Se bajarán de este caballo: Quienes hayan visto coreografías más logradas de Huang-Yi y Kuka en vídeos de Internet.

 

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FICHA ARTÍSTICA

Bailarines: Hu Chien, Huang Yi, Cheng-Yu Hsieh, KUKA
Concepto y coreografía: Huang Yi
Movimiento: Huang Yi, Hu Chien
Vestuario: Hu Chien
Diseño de iluminación: Huang Yi
Director técnico: Hao-Ting ChengÇ
Asistencia técnica: Yuan-Hao Li & Min-Fang Wu
Gerente en gira: Ichun Yeh

HUANG YI & KUKA es una producción original de Huang Yi Studio +, desarrollada en el 3LD Art & Technology Center, en colaboración con Sozo Artists Encargada por Quanta Arts Foundation.

El espectáculo es posible gracias al apoyo generoso del Ministerio de Cultura de Taiwán, Centre Culturel de Taïwan de París y la Oficina Económica y Cultural de Taipei.

Contratación internacional: Sozo Artists, Inc.

Agradecimientos: National Culture and Arts Foundation (Taiwán), KUKA Robot Automation Taiwan Co. Ltd., KUKA Robotics Corp. (Estados Unidos), Quanta Arts Foundation, Cloud Gate Dance Theatre, LMF Dance Fund, National Theater (Taiwán), Asia Cultural Council, Minister of Culture (Taiwán), 3-Legged Dog, Mr. Wen-Hung Kao, Ms. Kuang-Hui An, iMakr (NYC), HITACHI, ATOM 3D Printer (TW).

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Una crítica de Mi Reino Por Un Caballo

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