EN TIERRA EXTRAÑA. O qué extraña es nuestra tierra

Rafael de León, letrista de Conchita Piquer, espera junto a esta, la visita de su amigo y amado Federico García Lorca, al que ha convocado en el Teatro Español para presentarle a la cantante que desea conocerlo y hacerle una petición: que Lorca le escriba algo para poder incluir en su repertorio de copla. El encuentro entre dos figuras de su época, La Piquer y Lorca, parece de alto voltaje, pues ambos personajes poseen puntos de vista muy diferentes sobre la España que habitan. 

Esta podría ser una suerte de sinopsis de la obra «En tierra extraña» que, con idea original de José María Cámara y Juan Carlos Rubio, con libreto y dirección de este último y protagonizada por Diana Navarro, Alejandro Vera y Avelino Piedad, nosotros hemos podido ver en la sala principal del Teatro Español, en Madrid. 

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Titula, en nota de prensa, la agencia EFE: «Las dos Españas, la de Lorca y Piquer, se reconcilian en un nuevo musical». Apelando a esta obra que podemos ver en el Español, obvio. Partimos, así, de una narrativa ya previamente construida y ciertamente estereotipada, para que sea bien digerida por el público. La idea es, a priori, sencilla: contentar a griegos y a troyanos. Aquí lloverá a gusto de todos. Verán por qué.

Por un lado, contamos con una historia ficticia, la del encuentro entre la valenciana cantante de copla y el poeta andaluz. No hay ninguna prueba de que se conociesen y, mucho menos, de que ella le pidiese a Lorca que le escribiese un poema para ser cantado. Todo debe nacer de la especulación en torno a la letra de «Ojos verdes» que se fraguó, según algunas fuentes, (no sabemos en qué grado documentadas), en una competición poética privada entre Federico García Lorca, Rafael de León y Salvador Valverde, con Miguel de Molina de testigo.

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El caso es que ahí, jugando con lo puramente especulativo, se sostiene todo el andamiaje de esta pieza. La inventiva al poder (aunque puestos a inventar uno pensaría en indagar en un marco mucho más fascinante como el encuentro entre Lorca y Primo de Rivera, pero qué extraña es nuestra tierra). Digamos que toda inventiva es bienvenida aunque a nosotros esta obra se nos asemeje a un artefacto ambiguo entre lo verosímil y lo inverosímil deliberadamente híbrido y cajón de sastre. Tenemos elementos de realidad: La relación entre Rafael de León y la Piquer es indudable. O la relación entre De León y Lorca en lo que respecta a su relación de amistad y admiración. Haro Tecglen, dijo del dos veces Marqués, en el diario El País que, además de homosexual, era un «vil imitador de Lorca». Y, claro, estaba diciendo más de Tecglen y su homofobia que del letrista y poeta neopopularista. Poeta de la generación del 27 que no gozó del respeto de los intelectuales de su época dado su exceso de folclorismo y sentimentalismo vulgarizante (además de por pertenecer a esa clase aburguesada, de derechas, religiosa y de color puritano/cañí). Poco favor se le hace, en esta pieza, al poeta sevillano, pues su retrato no logra emanciparse del de una especie de perrito faldero a la sombra de la Piquer o de Lorca en esta jaula de personas con duende (que no de grillos). Es, una vez más, Lorca el foco de toda pleitesía. También la Piquer que despliega, aquí, su rol monocromático frente a los dos «mariquitas poetas andaluces» apoyá en el (des)quicio de su fuerte temperamento conservador. Ojú.

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Apuesta Rubio, el director, por llevar a los dos actores hacia la reivindicación de la pluma. Lejos de esa homofobia interna que hace que algunos y algunas se autocensuren, como diría Foucault, haciéndose cargo del fascista que llevan dentro (que, en realidad, todos llevamos dentro). Bravo por ese lado. Además, la pluma es bella. (¿O era la arruga?) Nos parece que los dos actores están espléndidos, en el sentido más ostentoso y amplio de la palabra. Hay destellos de ternura, de verdad, de pasión, de aullido ahogado, de genuina imagen de dos personas que se conocen y se quieren, que se comportarían así, probablemente, en la intimidad. Hay franqueza y se resuelve muy bien en escena. En un papel no del todo incómodo, un poco más rezagada en lo interpretativo, tenemos a la cantante Diana Navarro que se mete en el baúl de la biografía de la Piquer y consigue emocionarnos gracias a una habilidad pasmosa para el canto, el gorgorito y la entrega a la empresa común. El papel le viene como peineta al pelo. Es indudable que se le saca, tal vez, demasiado provecho al cante y que uno no sabría decir si esto es teatro o teatro musical, pero es del todo soportable y probablemente es el elemento que dote de mayor enjundia artística a toda la propuesta. Tal vez se nos quede más en brocha gorda el texto, en un vuelapluma con ínfulas que, aunque no descarrila tampoco encarrila siempre por los rieles más inspirados. Con todo es fiel a un discurso coherente hasta el final: el del populismo efectivo que no el del efectismo populista. 

Al final, hay una búsqueda del efecto melodrama a toda copla. Y da igual que la historia sea una invención ficcionada que nada, o poco, tenga que ver con la realidad (sobre todo eso de que La Piquer alentase a Lorca a irse a México para escapar de un futuro aciago inminente en el período de preguerra civil. Tal vez sea este el mayor exceso de toda la función). Pero da igual si, como decía el titular de EFE, sirve para reconciliar o conciliar o calmar, aunque sea un poco, no a las dos Españas ideológicamente hablando sino a las dos Españas teatralmente hablando. Una España formada por espectadores de un teatro más acorde a lo sofisticado e intelectual y reflexivo y otra España formada por espectadores de un teatro más apegado a lo prosaico y lo costumbrista.

 

EN TIERRA EXTRAÑA

PUNTUACIÓN: 3 CABALLOS (Sobre cinco)

Se subirán a este caballo: Quienes busquen a Lorca desesperadamente y quieran creer en encuentros que jamás sucedieron.

 

Se bajarán de este caballo: Quienes pongan pies en polvo rosa cuando los textos mezclan lo verosímil y lo inverosímil para crear un cóctel  de sabor realista que no mágico. 

 

***

FICHA ARTÍSTICA

 

Idea original: José María Cámara y Juan Carlos Rubio

Libreto y dirección: Juan Carlos Rubio

Dirección musical: Julio Awad

Con: Diana Navarro, Alejandro Vera y Avelino Piedad

Diseño de iluminación: Paloma Parra

Diseño de escenografía: Estudiodedos Curt Allen Wilmer (AAPEE) y Leticia Gañán

Diseño de vestuario: Ana Llena

Diseño de caracterización: Chema Noci

Diseño de sonido: Javier Isequilla

Coreografía: José Antonio Torres

Ayudante de dirección: Marisa Pino

Una coproducción de SOM Produce Teatro Español

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Una crítica de Mi Reino Por Un Caballo

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