TRIGO SUCIO. La cáscara vacía

Un empresario cinematográfico acostumbrado a llevarse a la cama a actrices a las que, luego, mete en sus producciones, se topa con una actriz que se niega al chantaje.

Esta podría ser una suerte de sinopsis de la obra «Trigo sucio» que, con texto de David Mamet, versión de Bernabé Tierno y dirección de Juan Carlos Rubio, nosotros hemos podido ver en el Teatro Reina Victoria, de Madrid. 

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Inevitable pensar, al amparo de esta sinopsis, en el caso de Harvey Weinstein: hombre fuerte de la producción cinematográfica en la “city of stars” (are you shining just for me?) Mamet parece apuntar en esa dirección ya conocidos los acontecimientos que llevaron al banquillo de los acusados al magnate de la industria y que abrirían la espita del movimiento #MeToo. Todo esto es, digamos, contexto porque, a decir verdad,  el autor no hace una mención explícita a ninguno de estos hechos. Por otro lado, y aunque nos gusten muchos textos del autor de Illinois, este «Trigo sucio» entraría en esa hornada de textos menores por mucho que fuese representado en Londres con Malkovich al frente, mire usted. (Dos estrellas sobre cinco le otorgaría, al montaje, Michael Billington, el crítico teatral de The Guardian que rotularía su crítica con las siguientes palabras: «el monstruoso fallo de Malkovich y Mamet»). Cójase una fama y échese a dormir.

El presente texto parece haber sido escrito deprisa, sin atender al reposo de la trama. Tal vez Mamet lo escribiese en un fin de semana o en un vuelo transoceánico. Esa es nuestra sensación. No hay unos diálogos brillantes, una hondura entre líneas, una trama de piezas encajadas con sutileza. No. Hay, al contrario, demasiada futilidad, una más que abultada previsibilidad sin sorpresas; superficialidad en casi todo. Y es una lástima. Esperamos un giro de trama que nunca llega, algún juego de elipsis temporales que den complejidad a la estructura. Y tampoco. ¿Dónde está el Mamet de Glengarry Glen Rose, de Speed the plow o de maravillosos guiones como Casa de juegos? Nosotros se lo decimos: se han quedado en los años ochenta. Bueno, sí, también están muy bien los guiones de Hannibal, o de Los intocables. Pese a todo, algunas de sus obras más recientes estrenadas en Broadway se convirtieron en sonoros fracasos (véase La Anarquista que en 2012 bajó el telón a pocas horas de su debut cosechando unanimidad de críticas negativas o el fiasco de China Doll, protagonizada por Al Pacino, y estrenada en el Gerald Schoenfeld Theatre de Nueva York donde las críticas fueron demoledoras). 

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Mamet es un escritor estupendo. Eso creemos. El tipo capaz de decir que las obras teóricas de Stanislavsky son un puro camelo o de soltar cosas como que los directores no son imprescindibles para que una obra teatral salga adelante y quedarse tan ancho. Sin embargo, el Mamet que ha ido haciéndose mayor ha ido, también, dando bandazos en la escritura. Por desgracia, «Trigo sucio» nada tiene que ver con las buenas piezas del dramaturgo norteamericano. Probablemente que el texto esté firmado por Mamet puede parecerles, a algunos/as, suficiente garantía, pero, ojo, el balance final de la obra es bastante insuficiente.

Tenemos a un tal Barney Fein como paradigma del hombre cínico y misógino, depredador sin medida de carnaza femenina. En la obra es el actor Nancho Novo el que lo interpreta. Junto a él una secretaria que, interpretada por Eva Isanta, parece adaptarse al jefe que le ha tocado: reconoce sus neuras, sus tics, sus aspavientos de psicópata escondido detrás de una fachada de autosuficiencia, autobombo y sarcasmo. Fein es judío y, como no, aborrece a su madre judía. Es también gordo (un gordo, aparatoso, de relleno de cojín bajo la camisa para la caracterización de Nancho Novo) y siente que, como gordo, la sociedad le ha mirado a menudo con rechazo, pero, claro, él es un magnate y los magnates gordos padecen menos las consecuencias de los desprecios porque tienen el poder. Porque, a ver, ¿acaso decir de alguien que es un pez gordo no es un elogio? Fein rechaza los guiones de un joven que reclama su atención, de un guionista que cree en lo que escribe, pero que estaría igualmente dispuesto a cambiar lo que haga falta de su escritura por tener una oportunidad. El papel del joven guionista lo interpreta Fernando Ramallo. Luego, por último, está una chica, aspirante a actriz, formada en Cambridge, la próxima presa de las pulsiones sexuales de Fein, papel que recae en Candela Serrat

Una cosa queda clara en los textos más recientes de Mamet que guarda relación con un giro en su biografía: el conservadurismo ha llegado a su escritura para quedarse. Él mismo, en diferentes entrevistas, ha cacareado su transición del liberalismo al conservadurismo en artículos como “Por qué ya no soy un liberal descerebrado” o en declaraciones de principios como “El conocimiento secreto: acerca del desmantelamiento de la cultura estadounidense”. En este último, un ensayo, atentos/as, pueden leerse diatribas intelectuales del siguiente nivel: “Estados Unidos es un país cristiano. Su constitución es la síntesis de la sabiduría y la experiencia de los hombres cristianos, siguiendo una tradición cuya codificación es la Biblia” o desmesuras inclasificables como “A los israelíes les gustaría vivir en paz con sus fronteras; a los árabes les gustaría matarlos a todos”. Tiene tiempo, incluso, para desdeñar al mismísimo Bertrand Russell al que tilda de inocentón. Mamet tildando de inocentón a un filósofo como Russell. No hay más preguntas, señoría. No es de extrañar que Christopher Hitchens, en el New York Times, tachase su ensayo de extremadamente irritante. Nosotros diríamos que en la línea de una conversión a la filosofía y moralidad propias de un Jordan Peterson.  Pero envainemos las espadas. Sí. No se trata de desacreditar al autor por sus pensamientos sino de juzgarlo por su obra. ¿Entones? pues, verán: «Trigo sucio» es papel mojado. «Trigo sucio» no es trigo limpio, claro. Porque su humor es un humor de boca chanclas, de brocha gorda, porque hace gala de una socarronería bobalicona, facilona y bastante pueril. Porque no posee ninguna profundidad aunque uno la esperase como agua de mayo. (Parafraseando, aquí, a Bertrand Russell, éste decía que “ser capaz de llenar el ocio de una manera inteligente es el último resultado de la civilización). Mamet, definitivamente se ha adentrado en la caverna (ojalá fuera la Platónica, amigos/as). 

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Por el escenario, Juan Carlos Rubio hace lo que puede en la dirección con un texto que pinta a encargo. Los actores y las actrices, no ofrecen un espectáculo que sorprenda o resulte del todo edificante, pero tampoco chirrían y se acomodan con la gracia necesaria a los rieles que les han tocado. Nancho Novo resuelve con desparpajo y gracia; actor blindado en la ironía, parece saber qué tipo de personaje recalcitrante le ha tocado en suerte y regatea con buen pulso. Hay momentos que nos saca una sonrisa. Eva Isanta se mueve con espontaneidad y franqueza, aunque las posibilidades que le ofrecen su diálogos sean más bien escasas. Quedan desgraciadamente reducidos a unas presencias fácilmente olvidables, los papeles de los que se hacen cargo Fernando Ramallo o la propia Candela Serrat.

Alguna broma trasnochada, un todo permanente de caricatura, de auto parodia y fin de la pieza. Lo malo, si breve, solo una vez malo. Lo más gracioso: los cuadros enmarcados con fotos de películas con los nombres cambiados. Por lo demás, nada nuevo bajo el sol. Uno termina por buscar bajo el subtexto como quien busca bajo las piedras algo que poder atesorar. Pero no aparece. Uno se va del teatro de la misma manera que entró, sin que nada de lo que ha presenciado en escena le haya dejado impronta alguna.

Mamet, que dice que “la tragedia debe ser, un retrato de una interacción humana en la que ambos antagonistas tienen supuestamente la razón”, pasa de largo sobre cualquier idea de tragedia en «Trigo sucio» para incursionar en la comedia ligerísima y adentrarse en otro territorio: el territorio de la vaina, o de la cáscara, vacía. 

 

TRIGO SUCIO

PUNTUACIÓN: 1 CABALLOS Y 1 PONI (Sobre 5)

Se subirán a este caballo: Quienes lean “escrita por David Mamet”.

Se bajarán de este caballo: Quienes lean “escrita por David Mamet”.

 

***

 

FICHA ARTÍSTICA

Autor: David Mamet
Dirección: Juan Carlos Rubio
Versión: Bernabé Rico

Repart: Nancho Novo, Eva Isanta, Candela Serrat y Fernando Ramallo

Diseño escenografía: Curt Allen Wilmer (AAPEE) en colaboración con EstudioDeDos
Diseño vestuario: Pier Paolo Álvaro (AAPEE)
Iluminación: José Manuel Guerra
Producción ejecutiva: Bernabé Rico
Ayudante dirección: Daniel de Vicente
Coordinadora Producción: Raquel Merino
Distribución: Pentación

Una producción de TALYCUAL en coproducción con La Alegría, Pentación, La Claqueta y Kubelik

Una crítica de Mi Reino Por Un Caballo

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