EL ÉXITO DE LA TEMPORADA. La risa y la bondad

Un grupo de amigos que trabajan en televisión, se decide a montar la obra Romeo y Julieta por salir del rol de comedia en el que siempre se han movido en la interpretación. Algo hace imposible su estreno la fecha prevista, pero se comprometen a esperar para estrenar su montaje. Han pasado veinte años y ha llegado el gran día. Eso sí, en los veinte años que han pasado todos y todas han cambiado mucho. 

Esta podría ser una suerte de sinopsis de la obra «El éxito de la temporada» que, con dirección y dramaturgia de Eric Cambray e Israel Solá, protagonizada por Silvia Abril, David Fernández, Fermí Fernández, Oriol Grau, Mònica Pérez, Jordi Rios y Mònica Macfer, nosotros hemos podido ver en el Teatro La Latina

 

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El público está falto de risas. La crispación política y social están en el aire (como diría la machacona letra de John Paul Young). Así que a todos/as nos viene bien una dosis de comedia en vena. Las colas que había, el día que nosotros fuimos a ver la función, un viernes, eran considerables. Sin duda, el reclamo era de esos que arrastran a un público de lo más variopinto dispuesto a gastarse los cuartos, a priori, sin prejuzgar lo que vaya a ver en escena. Imaginamos a muchos y muchas que habían comprado la entrada al relacionar conceptos como “obra de comedia” y “Silvia Abril”. Nuestra expectativa, por adelantado, estaba algo más meditada: tal vez algo de risas, claro, un guion antes que un texto y algo más cercano al show que a la dramaturgia. Como no.

Tras ver la función, estas son nuestras impresiones.

Por un lado, el trabajo de dirección es correcto, entendiendo que estamos más ante una dirección casi apegada a una escaleta antes que a unas directrices interpretativas. El concepto es presentarlo en un teatro y como obra de teatro, pero se acerca más a la grabación de un sketch de más de hora y media de duración, que a un trabajo teatral. La dramaturgia no está ni se la espera (es importante señalarlo porque no creemos que se juzgue esto, su altura dramatúrgica, en esta performance cómica). La escritura, aquí, no es en absoluto reseñable. ¿Hay una historia? Sí. ¿Con planteamiento, nudo y desenlace? Sí. ¿Tiene gracia? En algunas partes, sí. Pues ya está. 

Aquí hemos venido a reírnos. Y es en ese horizonte donde se fijan Cambray y Solá. Tomando como referencia los roles mediáticos de algunos populares personajes de El Terrat, el guion se afana por mostrarnos qué pasaría si un número de ellos, amigos y amigas, se reuniesen fuera de sus jornadas laborales para crear una obra de teatro más seria, como «Romeo y Julieta». Excusa para plantear asuntos del tipo: ¿Es posible que un personaje encasillado en comedia pueda resultar creíble en un papel más serio? O, mejor, ¿Realmente desea un/una cómico/a dejar de ser cómico/a o eso es francamente imposible? Nos parece que, tras ver la obra, la segunda respuesta queda clara y da, al mismo tiempo, respuesta a la primera. Los que están sobre el escenario, por mucho que el guion de «El éxito de la temporada» les lleve, a veces, a lugares de mayor neutralidad (especialmente al actor que representa el director de la pieza), parecen descarrilar siempre hacia el guiño al público, (la cuarta pared es más teatral); parecen reírse, en escena, de sí mismos/as, parecen seguir el texto sin dejarse tentar, de cuando en cuando, por caer en un tono de improvisación, de tuteo, de vis a vis y, desde luego, parecen saber que quienes están en la butaca han venido a lo que han venido: a reconocerles en sus aspavientos, en sus tics, en sus exabruptos

 

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Hay un punto en el que, inevitablemente, la pieza nos recuerda (mutatis, mutandis) a aquella emblemática maravilla llamada “Qué ruina de función” (obra teatral de Michael Frayn llevada al cine por Peter Bogdanovich). En su tramo final particularmente, esta producción de El Terrat, tiene hechuras de screwball comedy contemporánea. Recordemos que la comedia alocada surgió, en el género cinematográfico norteamericano, en otra época que afectaría considerablemente a la moral de la sociedad: la época de la Gran Depresión. Está nuestra moral igualmente afectada por lo que hemos vivido (y seguimos viviendo) y no deja de ser importante aplaudir la comedia, los intentos por hacernos sonreír o reír. 

En el caso que nos ocupa, debemos reconocer que, pese a que hay un primer gran bloque de la función que se nos hace un tanto anodino, más explicativo, casi de relleno, en su camino hacia el cierre, la obra se recupera y asciende en unos últimos cuarenta minutos paroxísticos, de traca fin de fiesta en la que todo el elenco (ya desde un poco antes de la escena de camerinos) se muestra realmente chispeante. La risa, en este tramo final es, como casi toda la que deriva en carcajada: involuntaria, no demasiado deliberada, fluye libremente y genuina pues los desaguisados que propone la trama, en su recta final, son poderosamente descacharrantes. 

El reparto, en sus interpretaciones, tiene un resultado desigual. Los papeles de los intérpretes masculinos no nos deparan más que un reparto necesario, pero no suficiente. Nos gusta que dos actores representen una pareja gay (punto de inclusión y normalización muy oportuno). No obstante, los papeles más agradecidos en el reparto de dislates quedan en el lado femenino. Las dos actrices del reparto, Silvia Abril y Mónica Pérez, tienen ese pellizco necesario de comedia y esa seguridad en el territorio de la auto parodia que llevan al público a empatizar con sus estados. Porque si hay algo detrás de la risa, esa es la teoría de las neuronas espejo (sí, aquí también hacen falta neuronas, no basta con los espejos). Si hay algo detrás la risa es su naturaleza social (reímos más en compañía que solos).

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Ambas, Abril y Pérez, tiran de personalísimos resortes, de voces, del amparo de gestos y lugares comunes que, pese a todo, funcionan y nos llevan directamente a la carcajada espontánea. El final es estupendo y logra su efecto: lo que se nos presenta es ridículo, he ahí la gracia, sí, una bobaliconería desacomplejada, sí, y encima, todo lo que empiezas a ver y a oír te conduce a una risa inevitable. Bingo.

Decía Freud que «la ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como los son unas pocas palabras bondadosas».

Considerando estas sabias palabras, nosotros diríamos que la risa es también, a su manera, otro verdadero y honesto ejercicio de bondad. 

 

EL ÉXITO DE LA TEMPORADA

 

PUNTUACIÓN: 3 CABALLOS (Sobre 5)

Se subirán a este caballo: Quienes busquen reírse y pasar un rato divertido.

Se bajarán de este caballo: Quienes esperen algo de dramaturgia. 

 

FICHA ARTÍSTICA

Dirección y dramaturgia: Enric Cambray e Israel Solà

Reparto: Sílvia Abril, David Fernández, Fermí Fernández, Oriol Grau, Mònica Pérez, Jordi Rios, Mònica Macfer Cover Silvia Abril: Alba Florejachs
Escenografía: Mercè Lucchetti y Marc Salicrú
Diseño de vestuario: Albert Pascual
Iluminación: Ignasi Camprodon
Espacio sonoro: Jordi Bonet
Jefe técnico y diseño de sonido: Eudald Gili
Ayudante de dirección: Rosa Domingo
Producción ejecutiva: Mercè Puy
Producción: Rosa Domingo
Comunicación: Meritxell Abril, Andrea Calbet, Gemma Saperas
Comunicación digital: Mia Font
Fotografía y vídeo: Paco Amate
Diseño cartel: Kote García
Distribución: Sarah Martínez (distribucion@elterrat.com)

Una producción de El Terrat
(The Mediapro Studio)

 

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Una crítica de Mi Reino Por Un Caballo

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