AMBIENTE FAMILIAR. MÍNIMO DOS NOCHES. 12, rue del bocata de calamares

Una turista alemana se queda unos días en Madrid para visitar la ciudad. Se hospeda en la casa de una particular que alquila habitaciones. La alemana compartirá sus días de turismo con los sinsabores cotidianos de la familia que la acoge y el resto de sus particulares huéspedes.

Esta podría ser una suerte de sinopsis de la obra «Ambiente familiar. Mínimo dos noches» que, escrita por Aitana Galán y Jesús Gómez Gutiérrez, y dirigida por la propia Aitana Galán, nosotros hemos podido ver en la Sala Margarita Xirgu del Teatro Español de Madrid.

Que el Teatro Español esté considerado casi un templo, y referencia en lo teatral, obedece a la solera de su veteranía y al paso por sus espacios, por su sala grande y pequeña, de grandes nombres del teatro de este país durante muchos, muchos años. Un esmerado y atento cuidado de su programación tienen también una buena parte de esa responsabilidad (o ese marchamo).

De ahí que, siendo honestos desde el principio y para no andar con rodeos, no acabamos de comprender qué pasó o que falló en la selecta programación para dar cabida a una pieza que, sentimos decirlo, parece más propia de la presentación en un curso de teatro de aficionados que de un teatro público como el Español.

«Ambiente Familiar» es una obra completamente fallida en su relato deslavazado, desnortado, de una trama que provoca sonrojo en el patio de butacas. Se prodiga en sus propias carencias, en su autoinsuficiencia, y créannos cuando les decimos que no solo no hay un mínimo asidero al que agarrarse para defenderla literariamente, sino que, en su presentación, en su paso al montaje en escena, riza el rizo.

Por un lado, la historia de un nieto y su abuela que alquilan habitaciones en su vivienda, en una zona céntrica de Madrid, para poder llegar a fin de mes menos apurados. Habitaciones que alquilan, fundamentalmente, a turistas, pero también a otras rara avis que allí han hecho su nido: una marroquí que parece ejercer la prostitución en una de las habitaciones y una suerte de homeless que, creemos, se dedica a hacer visitas guiadas por las calles del Madrid castizo y al que la dueña de la casa ha cedido una terraza para que, en ella, pueda tener cobijo.

Por otro lado, abróchense los cinturones, los firmantes de esta pieza, imbrican dos intrahistorias más a esta trama. Dos intrahistorias que provocarán, a partes iguales, las ganas de huir de la sala o de cubrirse la cara, por sonrojo. Por cómo ambas están tan mal integradas en la historia y por el peso específico gigantesco de cada una de ellas. Una: la historia de la crisis social propiciada a cuenta del aceite de Colza (uno de los mayores casos de envenenamiento en la historia de la España contemporánea) y dos: el repaso a las fracturas sociales propiciadas por la política de Marruecos en el Sáhara (resulta que la chica marroquí es saharaui. Sí, y nosotros, por su acento, pensamos durante un buen rato que era de Bucarest). Ninguno de los dos asuntos alcanza a comprehenderse en este galimatías que es «Ambiente Familiar». Todo resulta demasiado forzado, desnivelado, desangelado en el texto y, claro, no se sostiene en el montaje. Pero del montaje hablaremos con más detalle a renglón seguido.

El montaje. Sí. Comencemos por el escenario. Todo gira en torno a la casa en la que viven la abuela, el nieto argentino y los demás inquilinos. Un espacio central formado por una mesa y una esmirriada estructura. Nosotros pensamos: «toda esta sensación de precariedad, no, de precariedad no, de sentido paupérrimo en escena, debe estar relacionada, deliberadamente, con algo que quieran contarnos». Ese ambiente cañí, castizo, de 13 rue del percebe rebajada a 12, rue del bocata de calamares del día anterior, conforma un esperpento (no, esperpento a lo Valle, no), irritante, catalizador de la quintaesencia más casposa que es la de apariencia de falta de profesionalidad, de falta de oficio. Todo parece perdido. La presentación de los cuadros (trancos) no es siquiera costumbrista es…, no sabríamos cómo denominarlo, habría que adoptar un neologismo ad hoc. No hay ni una pizca de ritmo, de transiciones sensatas entre escenas, de interpretaciones que poder rescatar. Ni un solo apartado al que agarrarse.

El capítulo de interpretaciones, da paso, si cabe, a una mayor perplejidad. No hay dirección (ni escénica, ni actoral) y, desgraciadamente, cada uno de los actores y actrices, se lo guisa (se lo fríe, porque huele más a frito que a guiso) y se lo come. Las escenas, a cual inexplicablemente con mayor despropósito, son un muestrario para estudiantes de interpretación de lo que no hay que hacer sobre un escenario. No es que sea un simple desatino, es que irrita a cualquier espectador con un mínimo de buen gusto: las escenas de las castañuelas son terribles, los diálogos no fluyen, se achatan, se aplanan, colapsan sobre sí mismos; los movimientos y gestos de los actores y actrices devienen en antinaturales, impostados, sin sentido alguno de la estética, crispantes. Un manual de imperfecciones acumulativas que genera pereza, cabreo y desafección.

Uno desearía estar viendo un mal ensayo en el garaje de un grupo de personas que sienten interés por el teatro (nadie lo cuestionaría), pero no, este no es un ensayo; se trata de una obra en la sala pequeña del Español, donde hemos visto tantas grandes propuestas y donde, alguien, so sabemos quién, dio el sí a programar una obra sin pensar en el patio de butacas.

¿Recuerdan aquella famosa sentencia de The New York Times cuando hablaba de una debutante Lola Flores por aquellas latitudes en el año 1953?  Decían de ella: “No canta ni baila, pero no se la pierdan”.

Pues aquí, sí cantan, sí bailan. Pero lo de «no se la pierdan», nosotros, lo vamos a soslayar.

AMBIENTE FAMILIAR. MÍNIMO DOS NOCHES

PUNTUACIÓN: 1 CABALLO (Sobre 5)

Se subirán a este caballo: Quienes gusten de montar sin montura.

Se bajarán de este caballo: Cualquiera que tenga un mínimo de buen gusto.

***

FICHA ARTÍSTICA

DIRECCIÓN AITANA GALÁN

TEXTO AITANA GALÁN Y JESÚS GÓMEZ GUTIÉRREZ

REPARTO MARINA ANDINA, AGNES KIRALY, MARÍA FILOMENA MARTIGNETTI,

MARIANO ROCHMAN / CRÍSPULO CABEZAS Y FERNANDO ROMO

MÚSICO EN ESCENA PABLO HERNÁNDEZ RAMOS  

DISEÑO ILUMINACIÓN Y VIDEOESCENA ALFONSO PAZOS  

DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA Y VESTUARIO SILVIA DE MARTA  

MOVIMIENTO ESCÉNICO MARTA SÁNCHEZ MEDEL  

MÚSICA ORIGINAL Y ESPACIO SONORO PABLO HERNÁNDEZ RAMOS

AYUDANTE DE DIRECCIÓN MANU BÁÑEZ 

Una crítica de Fjsuarezlema

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