SOPRO. A una sola letra del sopor.

Cristina Vidal es la protagonista. Una apuntadora que lleva 40 años ocupando ese puesto en el Teatro Nacional Dona Maria II de Lisboa. Su vida es narrada en una historia en la que ella sale por primera vez de entre bastidores para desempeñar, en escena, el papel de ella misma: la apuntadora que ha vivido tantos montajes, tantos momentos con actores y actrices, tantos instantes de comedia y tragedia.

Esta podría ser una suerte de sinopsis de la obra «Sopro» que escrita y dirigida por Tiago Rodrigues, nosotros hemos podido ver en la sala verde de los Teatros del Canal.

sopro-cchristophe-raynaud-de-lage-30-photo.jpg

Con muchas expectativas acudíamos a ver este montaje tan refrendado por la crítica y los aplausos y elogios recogidos, así lo habíamos leído, en el Festival de Avignon. Sobre el papel todo resiste. ¿Se compadecen estas críticas con lo que nosotros vimos en escena? Juzguemos (es una forma de hablar): al escribir sopro el teclado del ordenador nos reconoce la palabra como un posible error gramatical y nos reemplazaba la palabra por otra: sopor. Es eso lo que tiene también esta pieza de Rodrigues: que está muy cerca, a una letra, de convertirse en otra cosa bien diferente a lo que habíamos leído antes de acudir a verla.

Todo sobre el escenario discurre con una falta de agilidad perturbadora. Uno espera y desea que eso sea una estrategia pensada con arreglo a un discurso inicial, pero no: se convierte en la tónica general. Entendemos que la estratagema será discursiva hasta el final. Aceptaríamos esta manera de narrar, pero lo inaceptable es el tono que se le confiere: una solemnidad y pesadez impropias de un teatro que aspire a persuadir al patio de butacas.

Otro de los errores en los que cae la pieza es su deliberada construcción como ejercicio de estilo encorsetado y autoprecintado que parece ir dirigido a la profesión: a otros directores, actores, actrices. Así lo ponen de manifiesto sus momentos de teatro dentro del teatro con referencias a lapsus en escena, la vida detrás de bambalinas, concesiones solo para entendidos que no generan demasiada empatía en el espectador medio. Habrá quien se divierta con esos particulares en los que uno de los actores se equivoca de frase, no se acuerda del texto, entra por donde no tendría que entrar, etcétera. A nosotros nos parece de una ingenuidad supina. Hacer una obra que parece destinada a la gente de la profesión no es el problema (Tarantino también hace a veces películas solo para Tarantinianos). El problema reside, precisamente, en su falta de músculo, en su falta de ritmo, ajena a la cuarta pared. La cadencia de esta obra es su mayor handicap. Su lastre principal unido a un texto cuya escritura, bastante naíf,  no deleita, no asombra, no produce ningún vértigo y se queda en amago.

sopro-de-tiago-rodrigues-image-c-filipe-ferreira-2-2048x1365.jpg

Sobrevalorar un producto es un problema de nuestro tiempo. El boca a boca falible también existe. No alcanzamos a comprender esa mirada tan elogiosa sobre esta  pieza que se adentra, sin complejos, en la tediosa corrección. ¿Obedece esta corriente de opinión, que no compartimos, a que se sabe valer (guiño de nuevo a los eruditos insiders de la profesión) de fragmentos de autores (Racine, Shakespeare, Sófocles, etc) para lograr el beneplácito de aquellos que saben reconocer esos fragmentos y hacer la exégesis necesaria? Quién sabe. En cualquier caso, los que no queremos pasar por el aro de semejante hermenéutica, miramos el reloj varias veces y sentimos que lo que estamos viendo no se compadece con las buenas críticas recibidas (que ahora debemos juzgar hipertrofiadas).

Saudade como ejercicio sobre las tablas. Pero una trama contumaz en lo expositivo, demasiado discursiva. Pese a su intento por presentarse cristalina, natural y honesta en la forma, a nosotros se nos atraganta, en el fondo, como si el texto fuese una sucesión de un más de lo mismo sin demasiadas variaciones y con momentos que, en lugar de asestarnos algún rapto de belleza, terminan por llegarnos a modo de empobrecida interpretación. La obra se estira hasta las últimas consecuencias con un exceso de énfasis, de subrayado, que la desbarata: nótese cómo la escena de la directora ensayando con un actor el momento en que un oncólogo le comunica que ha de entrar en quirófano, lo antes posible, se carga cualquier emoción y diluye su potencial en un innecesario rizar el rizo que no aporta otra cosa que pesadez y veleidad a un momento que suponemos debería calar en el patio de butacas.

15590612668531.jpg

El humor rechina, afectado por una pátina de ingenuidad manifiesta y recuerda, por su naturaleza romantizada, a un proyecto más de teatro universitario que al que esperábamos. Poco que decir de las interpretaciones que no consiguen resultar edificantes o inspiradoras en las casi dos horas que se alarga la propuesta.

Recordamos, para terminar, aquel memorable ejemplo de fraude que tuvo lugar entre 2006 y 2008 con la uva Pinot Noir.

La variedad de uva Pinot Noir es una de las tintas más distinguidas y refinadas (dicen los expertos). Su fiebre se desató en el mercado norteamericano (entre 2006 y 2008). Todo norteamericano quería beber Pinot Noir (en gran parte gracias a la fama de la uva en la oscarizada «Entre Copas» de Alexander Payne). Así, grandes bodegas estadounidense comenzaron a importar, desde Francia, millones de botellas de la famosa uva para sacarlas a un mercado que, cada día, las demandaba más. Los consumidores las compraban, las bebían, las degustaban y los críticos les otorgaban excelentes puntuaciones: «Es un gran Pinot Noir», decían.

Pocos meses después, análisis de laboratorio realizados a esos caldos importados desde Francia, detectarían que las botellas contenían una mezcla de Merlot y Syrah de bajo coste. De Pinot Noir, cero patatero. Rien de rien (nada de nada). Pues eso.

La pregunta es: ¿Quizá sea «Sopro» un intento por vendernos un Pinot Noir cuando se trata de Merlot de bajo coste?

 

SOPRO

PUNTUACIÓN:  2 CABALLOS.

Se subirán a este caballo: Quienes se dejen seducir por “susurros de sirenas” .

Se bajarán de este caballo: Cualquiera que sople un poco sobre su superficie.

***

Texto: Tiago Rodrigues
Con: Beatriz Brás, Isabel Abreu, Cristina Vidal, Romeu Costa, Sofia Dias, Vítor Roriz
Escenografía e iluminación: Thomas Walgrave
Vestuario: Aldina Jesus
Sonido: Pedro Costa
Asistente de dirección: Catarina Rôlo Salgueiro
Producción: TNDM II

Coproducción de ExtraPôle Provence-Alpes-Côte d’Azur, Festival d’Avignon, Théâtre de la Bastille, La Criée Théâtre national de Marseille, Le Parvis Scène nationale Tarbes Pyrénées, Festival Terres de Paroles Seine-Maritime – Normandie, Théâtre Garonne scène européenne, Teatro Viriato

 

Una crítica de Watanabe Lemans

foto

Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/www.mireinoporuncaballo.blog

Y en Instagram: https://www.instagram.com/mireinopor/

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s