ARDE BRILLANTE EN LOS BOSQUES DE LA NOCHE. La ideología como síntoma

Tres historias en las que se superponen aspectos de un mismo relato: las convicciones frente a la realidad. Vivir tal y como pensamos o, a la hora de la verdad, solamente aparentarlo.

Esta podría ser una suerte de sinopsis de la pieza «Arde brillante en los bosques de la noche» que, con dramaturgia y dirección del Argentino Mariano Pensotti, nosotros hemos podido ver en la sala verde de los Teatros del Canal.

Todo comienza con unos títeres. Esta es la primera parte de un relato bien diferenciado que se alarga alrededor de 1 hora y 45 minutos dando paso, tras la historia contada por unas marionetas, a una historia que ocurre dentro de un teatro y luego a una historia que ocurre en un cine. Esto va así: las marionetas deciden ir a una sala de teatro para calmar los ánimos y allí arranca una historia en la que, a su vez, los personajes de la obra de teatro deciden ir a una sala de cine. Una estructura de muñecas rusas que no descarrila y se ve con entretenimiento.

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La narración que acompaña las tres historias es, a un tiempo, una sola: una que habla acerca de cómo mantener las convicciones es todo un ejercicio de voluntad. El espectro de lo ideológico asoma todo el rato eso sí, tomado desde el sentido de humor. La pregunta pertinente aquí: ¿Cuáles son los ingredientes principales en lo que fermenta lo ideológico? (inclúyase, también en esta ecuación, el feminismo como ideología). Las protagonistas de los tres relatos son mujeres. Mujeres que desean vivir de acuerdo con su pensamiento, sin caer en hipocresías y contradicciones, pero la naturaleza humana es carne de contradicción y, claro, la voluntad exige una firmeza inapelable.

La primera mujer, es una profesora que ha sido invitada a Moscú para dar una conferencia con motivo del centenario de la Revolución Rusa. Su vida se mueve en esos parámetros de intentar hacer la revolución en su entorno más inmediato, pero su hija encuentra un trabajo en el que debe vender su cuerpo por la audiencia y su marido le pone los cuernos con una mujer más joven. Todo su mundo se tambalea cuando se percata de que vivir de acuerdo a un ideal es una tarea ardua. Hay mucho humor en esta primera parte, realizada con marionetas, y, probablemente es la que más nos convence. El momento en que a la protagonista se le aparece Alexandra Mikhailovna Kollontai es épico y, créannos, no podrá dejar de reír. Maravilloso. Su logro como comedia negra es irrefutable. 

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En la segunda historia, una mujer vuelve a casa, en Europa, tras haber estado colaborando con la guerrilla colombiana. Su familia la recibe con honores de heroína. Incluso su propia hermana junto con gente de su comunidad han puesto en marcha un musical con la historia de su proeza. Pero la mujer que regresa, regresa para darse cuenta de que los que se han quedado han hecho una especie de negocio con su causa. ¿Para qué ha servido tanto sacrificio si luego su causa ha sido pervertida?

Por último, otra mujer, joven, concienciada, recibe el puesto que siempre había soñado: presentadora de informativos. Un ascenso en su joven carrera. Para celebrarlo, se va con dos amigas a Misiones, una región Argentina, en la que muchos hombres, descendientes de rusos, trabajan como strippers o gigolos. Mirando para otro lado, acepta y allí se enamora de uno de esos hombres al que trata de convencer de que se vaya con ella a la capital. Pero el día en que han quedado en encontrarse para irse juntos, él no aparece. Ella le busca y lo encuentra trabajando como guarda de seguridad en una nave en la que se realizan trabajos de explotación a mujeres.

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Aunque la segunda y la tercera historia poseen cierta entidad y funcionan bien, nosotros nos quedamos con la primera. Todas ellas convergen en varios aspectos: por un lado, la reflexión en torno al cinismo que encierra la propia ideología por cuanto implica de ignorar los engranajes, lo resortes subrepticios que la componen. Por otro lado, la mirada misántropa que nos viene a decir que la naturaleza humana es una fallida búsqueda de lo sublime. Sublimar mediante la ideología.

La realidad se impone como elefante en la habitación, elefante que no podemos mirar sin ver, como si no estuviese allí. Tu marido te pone los cuernos, tu hija se vende como un trozo de carne, pese a que tu hayas tratado toda tu vida de vivir y relacionarte en otros parámetros haciendo valer tu cosmovisión: defendiendo el cuerpo de la mujer, defendiendo la lucha de clases, atacando las injusticias sociales. Regresas de colaborar con la guerrilla y lo que has conseguido es convertirte en un logotipo, en una marca que inspira las campañas de publicidad de un nuevo Iphone. Te vas a celebrar un logro en tu carrera y te enamoras de un gigoló porque piensas que comparte tu mirada sobre la vida, tu humor, tus carencias y, de nuevo, todo forma parte de la ingenua ceguera que has desarrollado para no ver al elefante en la habitación.

Entre realidad e ideología existe una brecha. Una brecha que solo la ignorancia nos permite negar. La ignorancia, sí, como sustrato para la felicidad. La ideología como síntoma, tal y como así habla de ella Zizek:  La naturaleza del síntoma se configura de ese modo; su consistencia implica un desconocimiento mediante el cual podemos gozar del síntoma siempre y cuando este goce implique, necesariamente, un no querer saber. La ideología como un salto de fe similar al de los que suben a una montaña esperando ver un OVNI.  

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En el apartado de interpretaciones nos quedamos con el elenco femenino. Las tres están equilibradas, gustándonos especialmente Susana Pampín que brilla en la primera parte de la historia. Una actriz portentosa y con gran vis cómica. Vis que posee también Laura López Moyano que con su rictus y su desparpajo se hace con a segunda historia. En la tercera historia, la protagonista, con un gesto muy apto para lo cinematográfico es Inés Efron, cuya mirada triste y azulada contiene un universo. Las tres muy aptas.

Tras la pieza, podríamos debatir sobre el asunto de cómo la realidad está formada por múltiples capas, por un marasmo de variables que la componen. Todas ellas, a menudo sin ninguna relación entre sí. Es ahí donde cobra sentido ese concepto tan hermoso que Lacan llamaba Punto de almohadillado: el que consigue que hagamos un nudo bien apretado con todas esas variables.

La ideología es, por supuesto, uno de esos nudos, bien apretado. Con todo, convendría preguntarse, si no debería parecerse más a un nudo corredizo.

ARDE BRILLANTE EN LOS BOSQUES DE LA NOCHE

PUNTUACIÓN:  3 CABALLOS Y 1 PONI.

Se subirán a este caballo: Quienes disfruten de una comedia misántropa con buena dosis de reflexión.

Se bajarán de este caballo: Pocos son quienes se bajarán de este caballo.

***

Dramaturgia y dirección: Mariano Pensotti

Elenco: Susana Pampín, Laura López Moyano, Inés Efrón, Esteban Bigliardi, Patricio Aramburu

Escenografía y vestuario: Mariana Tirantte

Música: Diego Vainer | Luces: Alejandro Le Roux | Producción: Florencia Wasser / Grupo Marea | Realización de marionetas: Román Lamas, Marcos Berta

Arde brillante en los bosques de la noche fue comisionada y coproducida por el HAU Hebbel am Ufer (Berlín)

Coproducción: Complejo Teatral de Buenos Aires, Kunstenfestivaldesarts (Bruselas), Maria Matos Teatro Municipal/House on Fire (Lisboa) con el apoyo del Cultural Programme of the European Union

Colaboración: el Cultural San Martín

Creada en el marco de «Utopian Realities», una coproducción del HAU Hebbel am Ufer and Haus der Kulturen der Welt como parte del «100 Years of Now», curado por el HAU Hebbel am Ufer. Fundado por el Federal Government Commissioner for Culture and the Media

Una crítica de Watanabe Lemans

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