FEDERICO HACIA LORCA. Justicia poética

Un viaje por la vida del poeta Federico García Lorca siguiendo una cronología que se centra, en buena medida, en el Federico García que, sin ser demasiado consciente, se acabaría convirtiendo en Lorca.

Esta podría ser una suerte de sinopsis de la pieza «Federico hacia Lorca» que, con dramaturgia de Irma Correa y Nando López y dirigida por Miguel del Arco, nosotros hemos podido ver en los Teatros del Canal.

A estas alturas, Lorca se ha convertido, por derecho propio, en una especie de mito patrio. Su obra, su figura, se han hecho recurrentes en el panorama cultural actual. Pese a todo, creemos que no tanta gente sabe de su vida, no tanta gente ha leído su obra poética y menos su dramaturgia. Lorca es, por tanto, ese gran desconocido conocido por todos. Esta pieza, deliciosamente dirigida por Del Arco, es un intento más por repasar su figura desde lo poético, desde lo onírico. 

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Debemos asumir que no estamos ante una propuesta de biografía al uso, sino ante una teatralización, casi ante un musical, con fuertes dosis de poesía, de lírica, para hacer semblanza de la persona que hoy es personaje: aquel que una madrugada del 18 de agosto de 1936, apenas un mes tras haber estallado la guerra Civil Española, sería fusilado en su Granada, luego de rechazar el refugio que le ofrecían Colombia y México.

Pero el Lorca que se retrata, aquí, es por fuerza el poeta enérgico, vehemente, siempre atravesado por la necesidad de escribir, de contar, de crear imaginarios. Es ese Lorca que nunca dejó de caminar porque el horizonte que perseguía siempre estaba encendido, siempre estaba amaneciente. Lo primero que nos encontramos, en este repaso de una vida, es su relación con el entorno, sus amistades de juventud, antes de salir de Andalucía e irse a estudiar a Madrid. Las pinceladas que se nos dan, presentan una poderosa fraternidad de Federico con sus iguales. Sus 18 años. Era Federico un joven de frecuentar tertulias y debates (como la tertulia del Rinconcillo, en el café Alameda de Granada), hombre de círculos artísticos ya en sus primeros años de universidad. Sus primeros dibujos y poemas nacen en estos primeros años. En 1918 publicaría su libro en prosa «Impresiones y Paisajes» y el 7 de agosto de ese mismo año, firmaría un poema, que trazó con lápiz violeta, sobre las primeras páginas de la edición de Poesías Completas de Antonio Machado. Su primer poema fue la Elegía Humilde. Por entonces un poeta no conocido, incipiente, que con 21 años llegará a un Madrid, el Madrid de la residencia de estudiantes, repleto de posibilidades. Se nos relatan sus ganas, su necesidad de escritura, casi como de respirar.

Allí, en la residencia, convertida también en mito idealizado, traba amistad con Dalí, con Buñuel y tantos otros compañeros y compañeras de aventuras. Allí sigue su camino el Federico que nació con la marca de la lírica sin posibilidad de salirse de esa senda.

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Y desde la residencia, el epistolario que mantiene con sus padres. Las cartas que enviaba a su madre Vicenta. Cartas que han debido de dar mucha información a quienes firman esta estupenda dramaturgia (Irma Correa y Nando López) y por medio de las cuales se puede hacer un rastreo de los viajes del escritor a  a Londres, París, su importante viaje a Nueva York en 1929 y posteriormente a La Habana, o en los años 30 a Argentina. Hay en esa correspondecia un material con abundancia de referencias a la familia: la preocupación como madre por la vida de su hijo, su salud, y un tema permanece ausente en los escritos, la homosexualidad del poeta. (Eso que se nos dice, quebró la amistad entre el joven Federico y el joven Luis; entre Lorca y Buñuel). Su madre, como «primera lectora» de buena parte de la obra de su hijo, sin menosprecio del rol que jugaría su padre,  quien costeó sus dos primeros libros (“Impresiones y paisajes” y “Libro de poemas”), su viaje a Nueva York o la estancia en la Residencia de Estudiantes Madrileña.

En este viaje, mutante y mutado en epopeya de rostro joven, acompañaremos al poeta a Nueva York, nos acercaremos al rechazo interiorizado por su condición de homosexual, a sus peripecias con la Barraca y, con buen criterio, quedará tiempo para invectivas, más o menos camufladas, que nos servirán para repensar sobre la sociedad en que vivimos (con respecto al tema de la represión, de la censura, de la vuelta a las cavernas en la actualidad, del regreso de las maneras carpetovetónicas).

En el apartado de dirección, brilla, sin duda, el pulso otorgado por Miguel del Arco a este retablo barbilampiño. La dirección artística es fantástica y está muy bien conjugada con una escenografía sencilla, pero efectiva. En manos del director, el reparto de la joven compañía consigue lustrarse y derramar brío, magnetismo, convicción. Todo resuelve dignamente. Quizá al tratarse de un texto tan ambicioso es difícil profundizar en algunos episodios vitales que pasan más veloces. Con todo, nosotros que habíamos visto algún trabajo anterior de La Joven Compañía, podemos asegurar que aquí está pulida, acertada y compacta (todo ello obedece en buena parte al trabajo del director aunque el material de interpretación pone toda la carne en el asador).

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A nosotros nos ha resultado emocionante (singularmente ese momento en que suena Vivaldi recompuesto por Max Richter), inspiradora, edificante esta inmersión en el mundo Lorquiano desde una nueva mirada a la biografía del artista. Recomendamos, también a los/as que quieran tener un repaso cronológico por la vida del artista el siguiente enlace del Instituto Cervantes

Queremos quedarnos con este párrafo que da cuenta de los últimos días del poeta de un modo tan inapelable: (Tomado de cervantesvirtual.com).

  • Julio: firma un manifiesto contra el dictador portugués Salazar. Últimos días en Madrid. Es entrevistado por Luis Bagaría para EL Sol, de Madrid. Día 11: cena en casa de Pablo Neruda. Día 12: lectura de La casa de Bernarda Alba en casa del doctor Eusebio Oliver; asisten Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Pedro Salinas y Guillermo de Torre. 13 de julio: visita las oficinas de Cruz y Raya, donde, al no encontrar a José Bergamín, le deja una nota y el manuscrito de Poeta en Nueva York. Este manuscrito será el utilizado para las primeras ediciones póstumas del libro. Pasa el día con Rafael Martínez Nadal, quien lo acompaña a la estación de Atocha, donde toma el tren a Granada. Últimos días: el 14 de julio se instala en la Huerta de San Vicente, donde recibe la visita de Eduardo Rodríguez Valdivieso. 18 de julio: golpe militar contra el Gobierno de la República. 20 de julio: es detenido su cuñado, Manuel Fernández Montesinos, alcalde socialista de Granada. Entre el 6 y el 9 de agosto, grupos falangistas efectúan varios registros en la casa familiar. El 11 de agosto, busca refugio en la casa granadina de los Rosales, destacada familia falangista.

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La última carta escrita por Lorca, de la que se supo hace unos años, fue la que escribió al chico del que estaba enamorado. Fechada un 18 de julio del 36. De esto, por desgracia, hay muy poco en esta pieza. Y creemos que este es su mayor defecto: pasar de puntillas sobre un aspecto tan fundamental en la vida breve, pero intensa, del poeta. Lorca escribía así a su enamorado:

“En tu carta hay cosas que no debes, que no puedes pensar. Tú vales mucho y tienes que tener tu recompensa. Piensa en lo que puedas hacer y comunícamelo enseguida para ayudarte en lo que sea, pero obra con gran cautela. Estoy muy preocupado pero como te conozco sé que vencerás todas las dificultades porque te sobra energía, gracia y alegría, como decimos los flamencos, para parar un tren. (…) Yo pienso mucho en ti y esto lo sabes tú sin necesidad de decírtelo pero con silencio y entre líneas tú debes leer todo el cariño que te tengo y toda la ternura que almacena mi corazón”.

El 16 de agosto es detenido y conducido al Gobierno Civil. El mismo día, Manuel Fernández Montesinos es asesinado. Pese a las gestiones que en su favor hacen Manuel de Falla y Luis Rosales, Federico García Lorca es conducido a Víznar, en las cercanías de Granada, donde el día 19 de agosto es asesinado por «rojo y por maricón». Había cumplido treinta y ocho años. Pero aquellos infames que lo mataron no sabían que, en realidad, lo estaban multiplicando hasta el infinito, hasta la eternidad. Justicia poética, nunca mejor dicho. 

 

FEDERICO HACIA LORCA

PUNTUACIÓN: 4 CABALLOS

Se subirán a este caballo: Quienes deseen adentrarse en la biografía poetizada de Lorca.

Se bajarán de este caballo: Quienes huyan de un teatro comprometido, emocionante y necesario.

***

FICHA ARTÍSTICA

Dirección: Miguel del Arco

Dramaturgia: Irma Correa y Nando López

Reparto: Julen Alba, Óscar Albert, Ana Bokesa, Katia Borlado, Álvaro Fontalba, Xoán Fórneas, Pascual Laborda, Jesús Lavi, Rosa Martí, Nono Mateos, Íñigo Santacana y Carmen Tur.

Escenografía: Paco Azorín

Iluminación: Juan Gómez-Cornejo

Música: Arnau Vilà

Espacio sonoro: Sandra Vicente (Estudio 340)

Vestuario: Guadalupe Valero

Videoescena: Pedro Chamizo

Coreografía: Andoni Larrabeiti

Dirección artística: José Luis Arellano García

Dirección de Producción: Olga Reguilón Aguado

Dirección Técnica: David Elcano

 

Una crítica de Watanabe Lemans

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