ANASTASIA. EL MUSICAL. Se non è vero, è ben trovato

Tras el asesinato de todos los miembros de la familia imperial Rusa, fuertes rumores comienzan a circular por San Petersburgo: Anastasia Romanova, una de las hijas del Zar Nicolás II, quizá, ha podido salvarse de la masacre. Anya, una joven que parece haber perdido la memoria y que trata de encontrar a su familia, se topa con dos timadores que le ofrecen un pacto: viajar a París para hacerse pasar por Anastasia frente a la Gran Duquesa que dará una recompensa a cualquier persona que pueda aportar pruebas de que los rumores son ciertos.

Esta podría ser una sinopsis de la obra «Anastasia. El musical» que dirigida por Darko Tresnjak, nosotros hemos podido ver en el Teatro Coliseum de Madrid.

A la espera de que en este 2019 vea la luz una nueva película, no de animación, que recoja el testigo de la protagonizada por Ingrid Bergman y Yul Brinner en 1956, sí debemos señalar que este «Anastasia. El musical» es más franco heredero de la película de animación de la Fox del año 1997. La mayoría de los números musicales podríamos asumirlos como una réplica de los que desfilan por la película de Don Bluth y Gary Goldman. Si exceptuamos la aparición de Pooka, el perrito de Anastasia en el film de animación, así como la presencia de la figura del malvado Rasputín, casi todo lo demás está en el musical que podemos ver en la Gran Vía madrileña.

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Estamos ante una historia no tantas veces contada que atesora un buen puñado de ingredientes para hacerla del gusto de un amplio target de público. ¿A quién no le agrada ver cómo los buenos triunfan sobre los malos? ¿A quien no le gusta ver a una jovencita que ha perdido la memoria y barre las calles de San Petesburgo, llegando a París y entrando en el mundo de oropeles de la realeza? En 1998 tras el film de animación, la muñeca que triunfaba era la barbie anastasia. Incluso, en clave política, pueden hacerse lecturas que van, probablemente, más allá de las intenciones de este divertimento. Por ejemplo, ¿eran los Bolcheviques tan miserables y los Zares tan desgraciados? Sin entrar demasiado en este recoveco histórico, al Zar Nicolás II se le conocía, nada menos, que como El sanguinario. Pues eso.

Pero esta historia, la de Anastasia, no va de rigor histórico, ni se exige a sí misma un poco menos de maniqueísmo, dado que el producto en que deviene ha de ser otra cosa: espectáculo. Y es ese espectáculo el que se juzga aquí.

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La duración de la propuesta, con orquesta en directo, alcanza casi las tres horas (2 horas y 45 minutos con pausa de 25 minutos incluida). Este musical da bastante más pie que otros que hemos visto a la parte teatral y de guión pues el diálogo fluye no siempre encajado dentro de las partes cantadas. Este es uno de los ingredientes que marcan una diferencia con el resto de musicales. La otra, quizá sea su despliegue técnico. El acertado juego de videocreaciones logra una sensación en 3D interesante y es un punto fuerte de la estética de la pieza. Las instalaciones de vídeo recrean y evocan las calles de San Petesburgo, el suntuoso interior de palacios, los tejados y los puentes de París, los salones de baile de clubes parisinos, un largo viaje en tren que debería cubrir la distancia entre Rusia y Francia, etcétera. Todo este trabajo técnico se ejecuta impecablemente. No hay un solo pero que se le pueda poner y sentimos que las escenas fluyen con parsimonia, exquisitas, sin percibir ninguna fricción en las transiciones entre números musicales. Ayuda,desde luego, el vestuario en manos de Linda Cho, muy bien traído: regio, selecto; destacando, especialmente, en su porte, la actriz Angels Jiménez a quien corresponde el papel de Emperatriz viuda.

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Hay varios elementos fundamentales que son objeto de análisis en un musical, a saber: las piezas musicales y las coreografías. El termómetro emocional es el más indicado aunque sea enteramente intersubjetivo. El día que nosotros asistimos a la función, el papel de Anastasia estaba en manos de la actriz y cantante María Arévalo (cover de Anya/Anastasia cuyo papel suele ser representado por Jana Gómez). Diríamos de su ejecución que es correcta, técnicamente, pero quizá, a nuestro juicio, ligeramente nasalizada, y aunque pone todo su empeño en emocionar, no ocurre así en muchos momentos. No podemos decir nada de Jana Gómez pues no hemos visto su interpretación. En todo caso, sí apostamos claramente por la parte vocal y actoral del joven pamplonica Íñigo Etayo que es el encargado de dar vuelo a los lances de Dimitri. En cada ocasión que él actuaba, sus actuaciones no bajaban de brillantes. Creemos que pese a su juventud, (o precismamente gracias a ella) aporta una frescura que no está alejada de la solidez y solvencia que dan empaque a la propuesta. Son precisamente su personaje y el de la Emperatriz viuda, a cargo de Jiménez, los que más nos han gustado.

En la columna de lo irregular sí nos atreveríamos a escribir el nombre del actor y cantante Carlos Salgado que no luce todo lo que podría o ¿debería? en su papel de Gleb. No dudamos en absoluto de la idoneidad del casting en el apartado de eficacia o eficiencia, de currículo, de background de cada cual, pero donde ponemos el foco, llegados a este punto, es en la capacidad de emocionar al patio de butacas. En ese punto hubiésemos deseado una mayor dosis de emoción por encima del de la ejecución.

El punto de humor, para descarga de ese tono de drama afectado que subyace, lo ponen Vlad y la condesa Lily que logran arrancar risas de entre el público en sus encuentros en París tras años sin verse. El contrapunto a la relación de amor (y honeymoon) entre Anya/Anastasia y Dimitri.

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Entre lo mejor, nos reservamos un apartado para el cuadro del viaje en tren y ese juego de voces cantadas que se solapan junto con la estupenda evocación artística de la estación, del viaje en sí mismo. Son escenas como esta, sumadas a la del ballet final, la de la visita de la Emperatriz a la joven Anya y la del encuentro en el puente de Alejandro III, junto a la explanada de Los inválidos en París, las que hacen de este «Anastasia. El musical» un espectáculo meritorio, disfrutable y al que auguramos larga estancia en cartelera.

Uno sale del show con agrado, satisfecho, sintiendo que ha merecido la pena, aunque observe que algunos detalles, como los arriba mencionados, podrían haberse mejorado. Y sale también preguntándose por la historia de los Romanov. Por la revolución rusa, por los bolcheviques, los soviets, con ganas de recuperar una lectura más rigurosa de esos pasajes de la historia. Al menos en nuestro caso. Si este «Anastasia. El musical» contribuye a ello, bienvenido sea.

Ah por cierto, un dato anecdótico para quienes lean esta crítica y quieran tener conversación antes de entrar o a la salida: la historia de Anastasia, basada en el caso real de una mujer llamada Anna Anderson, no se sostendría puesto que, después de morir Anderson, se empezó a investigar la posibilidad científica de que ella fuera la autentica hija del zar Nicolás II. Los análisis y muestras de ADN terminarían por concluir que, aquella mujer que en los años 20 y hasta el final de sus días decía ser la mismísima Anastasia Romanov, no era la auténtica. Qué más da, ¿no? Como reza el proverbio italiano: se non è vero, è ben trovato.

ANASTASIA. EL MUSICAL

PUNTUACIÓN: 3 CABALLOS Y 1 PONI
Se subirán a este caballo: Quienes busquen un musical de calidad que conjuga técnica con divertimento.
Se bajarán de este caballo: Quienes esperen, quizá, un poco más de épica y menos afectación.

FICHA ARTÍSTICA

Dirección: Darko Tresnjak

Jana Gómez es AnyaAnastasia
Iñigo Etayo es Dimitry
Javier Navares es Vlad
Silvia Luchetti es Lily
Carlos Salgado es Gleb
Ángels Jiménez es La Emperatriz
José Navar es Cover de Vlad

Andrea Currello Cantante, Cover de Condesa Lily y de Emperatriz Viuda
Diego Rodríguez Cantante, Cover de Dimitry y Gleb
Juan Bey Cantante y Cover de Vlad
Marc Flynn Cantante y Cover de Dimitry
María Arévalo Cantante y Cover de Anya
Marta Malone Cantante y Cover de Emperatriz Viuda
Rafael Granados Cantante y Cover de Gleb
Xènia García Cantante, Cover de Anya y de Condesa Lily

Jaime Soriano Bailarín y Dance Captain
Alberto Escobar Bailarín
Anna Coll Bailarina
Antonio Fago Bailarín
Esteban Verona Bailarín
Morena Visci Bailarina
Paula Arévalo Bailarina
Pep Guillem Bailarín
Rosa Planchart Bailarina
Vivec Llera Bailarina

Producción Stage Entertainment España
Libreto: Terrence McNally
Traducción Libreto: Zenón Recalde
Letras: Lynn Ahren
Traducción de letras: Roger Peña
Musica original: Stephen Flaghert
Orquestaciones: Doug Besternan
Coreografía: Peggy Hickey
Escenografía: Alexander Dodge
Vestuario: Linda Cho
Iluminación: Donald Holder
Sonido: Peter Hylenski
Peluquería: Charles G Lapointe
Proyecciones: Aaron Rhyne
Supervisor Musical Original: Tom Murray
Arreglos Vocales: Stephen Flaherty
Arreglos Coreografías: David Chase
Una crítica de Watanabe Lemans
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