MANUSCRITO ENCONTRADO EN EL OLVIDO. La herencia del derrotado

Un joven poeta se ve obligado a huir de la guerra civil en Madrid, junto a su joven esposa, embarazada. Ambos huyen al norte, a las montañas. Ella da a luz y muere. El recién nacido parece aferrarse a la vida con todas sus fuerzas. En un diario, el joven padre irá escribiendo todo lo que está sucediéndole, todo lo que está sintiendo. Años más tarde alguien encontrará el manuscrito.

Esta podría ser una sinopsis de «Manuscrito encontrado en el olvido», uno de los relatos del libro «Los girasoles ciegos» de Alberto Méndez, adaptada al teatro por Tolo Ferrá y Nuria Hernando. Dirigida por Tolo Ferrá, nosotros hemos podido verla en Teatro del Barrio.

Alberto Méndez es un gran desconocido. Ya fallecido, el autor escribió una única obra a una edad que él mismo pensaba que era tardía, los sesenta años. Esa obra se componía de un conjunto de cuatro relatos sobre la guerra civil, sobre vencedores y vencidos;  la resaca de la guerra civil española con una mirada vehemente, pero compasiva. El libro llevaba el título de uno de los relatos («Los girasoles ciegos») y dentro de esos cuatro relatos se ubica el que, en esta ocasión, se ha adaptado al teatro: «Manuscrito encontrado en el olvido». El texto es de una fuerza emocional absolutamente convincente. Posee ese coraje y esa destreza narrativa de quien sabe mirar en los recovecos, en los pliegues, y extraer, desde ahí, un néctar literario de alto calibre. Además de hacerse con el Premio Nacional de Narrativa o el Premio de la Crítica de Narrativa en castellano, en su día, uno de los relatos, fue llevado al cine por José Luis Cuerda.

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Podemos estar, con seguridad, ante una de las piezas que pasarán a formar parte, por derecho, de lo mejor de 2019 para nuestra web. Con esto, ya nos hemos situado en lo que respecta a nuestra satisfacción con la propuesta. El Teatro del Barrio, debemos reconocerlo, siempre logra seleccionar buen material en su programación y casi nunca defrauda. Sumemos a esto que, nosotros, siempre apostaremos por un teatro de calidad capaz, a la postre, de aunar crítica social o cuestionamiento de los statu quo.  Estos ingredientes los posee sin duda la pieza de Méndez dirigida por Ferrá, pero su máximo valor como dramaturgia reside en un punto incontrovertible: su apabullante honestidad.

El relato no deja de ser discursivo, narratúrgico, pero se empodera en su ejercicio de estilo: limpio, sencillo, dolorosamente bello. Todo cuanto ocurre en escena está al servicio de la evocación. Hay mucha sutileza en esta suerte de doliente égloga con la guerra civil como fondo de pantalla. 

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La voz del rapsoda que hace de cicerone en esta pieza es la del actor Patxi Freytez que logra conducir al público por la narración del manuscrito encontrado. En esta versión, teatralizada, hay una buena dosis de apuntes didácticos, a modo de notas a pie de página que van guiándonos en lo que vemos representado. Y, en escena, ¿qué nos encontramos?: pues una réplica sensible (que no sensiblera) del relato. Vemos a los cuatro actores (tres actrices y un actor) que calan, en el patio de butacas, al ofrecernos una hermosísima performance. Si se fijan bien podrán ver el enorme tacto, la enorme delicadeza y profesionalidad de la actriz que mueve a un muñeco de goma espuma que hace las veces de bebé; a la mujer del poeta que ha muerto en el parto y se levanta de la cama transformada en danzante, a otra actriz que tiñe el cuerpo de la madre muerta de blanco, que se pone una máscara de vaca y se mueve por la escena con desgarro, dentro del territorio de lo poético. También, como no, al padre que escribe sus versos desde la desesperación del derrotado que ha tenido que enterrar el cuerpo de su joven esposa. (Sin olvidarnos de un músico, en directo, que dialoga, emocional y musicalmente, con los fragmentos de texto y movimiento por medio de sonidos que parecen salidos de lo atávico, de lo tribal, con una fuerte carga telúrica e intimista). Hay una armonía tan lograda que la pieza brilla, despunta y nos salpica con todo su duelo.

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La evocación es maravillosa y conseguimos oler a podrido, sentir la nieve cubriendo los campos de la montaña cántabra, el clamor de la derrota que el padre ha interiorizado, la ternura descarnada de la pérdida de su hijo, la melancolía gongorina, los aviones a punto del bombardeo, zumbando sobre los tejados de Madrid. La impronta, maravillosa y delicadamente contada, de una guerra. Toda esa herencia que deja, siempre, el derrotado (o la derrota). 

MANUSCRITO ENCONTRADO EN EL OLVIDO

PUNTUACIÓN: 4 CABALLOS

Se subirán a este caballo: Quienes tengan la sensibilidad necesaria de hacer memoria frente a la desmemoria.

Se bajarán de este caballo: Quienes vean, siempre, en el teatro sobre la guerra civil revanchismos de trinchera y tengan la sensibilidad guardada bajo inservibles caparazones.

FICHA ARTÍSTICA

***

TÍTULO: “1940 Manuscrito encontrado en el olvido (Los girasoles ciegos)”
AUTOR: Alberto Méndez
VERSIÓN: Tolo Ferrà/Nuria Hernando
DIRECCIÓN: Tolo Ferrà
ESCENOGRAFÍA: Susana de Uña
ILUMINACIÓN: Roberto Cerdá
COMPOSICIÓN MUSICAL: Iván Palomares
ESPACIO SONORO DIRECTO: Odin Kaban
COREOGRAFÍA: Marta Gómez
VESTUARIO: Marta Alonso

REPARTO:
Leticia Alejos
Miguel Álvarez
Patxi Freytez
Xisca Ferrà / Marta Gómez
Vera González

Una crítica de Watanabe Lemans

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