NEKRASSOV. La risa es un dios que baila

El rotativo conservador parisino Soir de Paris se ve en la necesidad de crear una noticia falsa para poder seguir vendiendo periódicos. Pronto encontrará los mimbres perfectos para su subsistencia matando, asimismo, dos pájaros de un tiro: sacar a la palestra la noticia falsa del testimonio del ministro del interior ruso Nikita Nekrassov. Esto hará que el periódico aumente sus ventas y también ayudará en la inminente campaña política de una anticomunista que se presenta a las elecciones.

Esta podría ser una suerte de sinopsis de la obra «Nekrassov» texto del autor Jean-Paul Sartre que, dirigida por Dan Jemmett, nosotros hemos podido ver en el Teatro de la Abadía.  

«Nekrassov» es la incursión de Sartre en la sátira, en la comedia negra. Escrita en los años 50, el pensador francés nos lleva a reflexionar, todavía vigente a fecha de hoy, en torno a la manipulación de los medios y a su connivencia con el poder político. Lo que presenta «Nekrassov» es un fidelísimo testimonio, caricaturizado, sobre las fake news en nuestra época de la pos verdad.

No es que hoy asistamos a una inflación de noticias falsas. Imaginemos el contexto de escritura de la pieza: plena guerra fría. En aquel momento, de alto espionaje, la manipulación mediática era, como lo es hoy, instrumento plenipotenciario. Todo lo que se pudiese tergiversar para alcanzar un fin, debía ser tergiversado. Las noticias falsas pasaban a ser una suerte de órdago, de vaticinio interesado o profecía auto cumplida. Si los medios decían que algo pasaba, es que algo pasaba. No haría falta recordar cómo Orson Wells sembró el pánico un 30 de octubre de 1938 haciendo creer a los estadounidenses, por la radio, que los extraterrestres habían llegado a la Tierra. El poder de los mass media: un clásico.

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Quizá podríamos debatir sobre si la sociedad de aquella época, o la sociedad europea de los años 50, era un tanto ingenua. No sabemos si obedecía a eso o, por el contrario, la naturaleza humana no ha cambiado demasiado en ese punto, el de ser fácilmente sugestionable. Solo hay que asistir al aquí y al ahora y analizar cómo en el mundo en que vivimos hay cientos de Nekrassovs ocupando los titulares de nuestros medios.

¿La posverdad ha venido para quedarse ya no solo en la política sino en la publicidad, en el ámbito empresarial o en los ámbitos más cotidianos? Espinoso responder a esta pregunta. Digamos que la mentira es parte consustancial de la humanidad.

Lo que esta obra pone en la palestra es, igualmente, el peligroso hermanamiento del los medios de comunicación y el poder político. Ahí radica la principal crítica de Sartre que no pasa por cuestionar la mentira de un modo moralizante sino la perversión, más humana, de su empleo como instrumento de manipulación; la falsedad como un concepto más abstruso y recalcitrante que la mentira. La falsedad como espejo desfigurante y desfigurado de una sociedad es hacia donde se dirige toda la artillería pesada de esta sátira que es «Nekrassov». No olvidemos, quien escribe la pieza: un filósofo existencialista y humanista.

Nos llama la atención que muchas críticas se apresuren a mostrar perplejidad por el hecho de que Sartre escribiese una comedia. Como si  viesen al autor como un ser tocado por un halo de profundidad propensa al ensayo dramático. La risa es tan existencialista como la náusea. La risa es eso que quizá pueda llenar, de algún modo, ese vacío que supone toda la aflicción del hombre. Sartre fue un gran crítico de ese espíritu de la seriedad contemplativa que muchos querían cargar a sus espaldas. Existir, nos dirá Sartre, es proyectarse fuera de sí mismo (etimológicamente, incluso).

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«Nekrassov» es una obra más seria de lo que aparenta, y es al mismo un alegato en contra de la falsedad, de los manipuladores, de los creadores de corrientes de opinión, de los falsos profetas. El hombre se tiene a sí mismo y no precisa de guardianes de su libertad. Ningún credo político es admisible porque ningún credo es versátil sino dogmático. Con esta obra Sartre hacía su propia terapia (como lo haría con sus demás obras y textos) porque si creía en algo era en la creación, en el arte como salvación; en la literatura y la escritura como iluminadoras. Su compromiso con el hombre está también en esta pieza: deliciosamente traída a as tablas por Jemmett y un equipo fabuloso que mantiene una sonrisa en el espectador desde el principio hasta el final.

En lo que respecta al casting de interpretaciones que desfilan en esta obra coral, solo podemos quitarnos el sombrero. Aplaudimos el alto nivel en escena. No hay momento en el que se le puedan ver las costuras a este traje que es «Nekrassov» pues todo está bien hilvanado y rematado. Cada uno de los actores y actrices está impecable. Quizá sí tendríamos un «pero» en lo que a la duración respecta, pues la obra alcanza las dos horas y debemos reconocer que hay tramos de la propuesta que parecen un tanto repetitivos. Con todo, la dirección es espléndida y las interpretaciones admirables. Nosotros queremos destacar, de entre todas ellas, dos que nos conmovieron o que admiramos, dentro del conjunto, por varias razones.

Por un lado, la del actor José Luis Alcobendas que, en su doble rol, borda ambos papeles con una calidad admirable. Su paso por «Nekrassov» debería ser tomado como un máster interpretativo en el ámbito de la comedia. Brutal. Nuestra felicitación, en estos mismos términos, para el actor Miguel Cubero. No creemos que nadie pudiese meterse en la piel del inspector Goblet con tal eficacia. De lo mejorcito que posee la pieza, aclarando que las demás interpretaciones también calan y poseen una inusitada fuerza, una agudeza e inteligencia por encima de la media.

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Dan Jemmett aborda con muy buen pulso este retrato certero sobre la falsedad y las imposturas de los poderosos. Sartre, a diferencia de Camus, pensaba que para revolucionar el orden de las sociedades humanas era obligatorio que ellos —como intelectuales— se ensuciaran las manos. Nos alegra ver que el teatro mantiene esta idea del compromiso social, aunque sea por medio de la comedia y la sátira. Queremos pensar que Sartre escribió esta pieza con aquella frase de Nietzsche dando vueltas en su cabeza, aquella que Nietzsche expresó, con tanta luminosidad, en «Así habló Zaratustra» y que reza:

«Yo no creería más que en un dios que supiese bailar. Y cuando vi a mi demonio lo encontré serio, grave, profundo, solemne: era el espíritu de la pesadez; él hace caer a todas las cosas. No con la cólera, sino con la risa se mata. ¡Adelante, matemos el espíritu de la pesadez! He aprendido a andar: desde entonces me dedico a correr. He aprendido a volar: desde entonces no quiero ser empujado para moverme de un sitio. Ahora soy ligero, ahora vuelo, ahora me veo a mí mismo por debajo de mí, ahora un dios baila por medio de mí». La risa, sí, es un dios que baila.

 

NEKRASSOV

PUNTUACIÓN: 3 CABALLOS Y 1 PONISe subirán a este caballo: Quienes busquen un estupendo reparto y dirección junto a un texto sartreano repleto de actualidad.

Se bajarán de este caballo: Quienes prefieran seguir viviendo en la oscuridad de la caverna platónica.

***

FICHA ARTISTICA

Autor: Jean-Paul Sartre

Traducción Miguel Ángel Asturias
Adaptación Brenda Escobedo

Director: Dan Jemmett

Reparto:

Sibilot, Demidoff José Luis Alcobendas
Georges de Valera, Nekrassov Ernesto Arias
Véronique, Mme. Bounoumi Carmen Bécares
Goblet, Nerciat Miguel Cubero
Irma, Mouton Palmira Ferrer
Robert, Tavernier, Chapuis Clemente García
Jules Palotin David Luque
Espacio escénico Dan Jemmett y Vanessa Actif
Diseño de vestuario Vanessa Actif
Iluminación  Valentín Álvarez
Ayudante de dirección Andrea Delicado
Ayudante iluminación Sergio Balsera

Escenografía NEO escenografía S.L
Sastrería   Elda Noriega
Ambientación  María Calderón 
Maquillaje   Sara Álvarez
Fotos cartel  Sergio Parra
Fotos escena Alvaro Serrano Sierra
Video promocional  Paz Producciones 

 

Una crítica de @EfeJotaSuarez

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