UN CUERPO EN ALGÚN LUGAR. Una cometa volando a un niño

Un hombre se aventura a la búsqueda de una mujer que en su día dejó escapar de su vida. Esa búsqueda le llevará buena parte de su vida. En ese proceso de búsqueda quizá no solo encuentre a esa misteriosa mujer sino a sí mismo.

Este podría ser un intento de sinopsis de la obra «Un cuerpo en algún lugar» con autoría y dirección de Gon Ramos, que nosotros hemos podido ver en la Sala Jardiel Poncela del Teatro Fernán Gómez.

Esta es una obra muy recomendable por varios motivos. Por un lado, en su parte de escritura, Ramos logra un estilo reconocible que convierte su voz en una de las más singulares de la cartelera. Nos encontramos ante un texto concebido desde una narrativa altamente atractiva que pasa ante nosotros convertida en vuelo poético. Hay una revelación de la escritura del autor que se evidencia en la forma antes que en el fondo. No es lo qué dice sino cómo lo dice. Las escenas son ordinarias en cuanto a temática: un encuentro con un hombre en un tren, con un camarero en un restaurante, con un recepcionista de un hotel a través del teléfono. No es eso lo que arrebata aquí sino la textura y la altura estético/narratúrgica en la que, estos encuentros, se nos presentan. Todos guardan una suerte de acontecimiento in itinere, de epifanía envolvente.

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Digamos, además, que el lenguaje contiene otro ingrediente que lo hace tan sui generis: Hablamos de su orografía esquizofreniforme. Pongamos un ejemplo gráfico: en la escritura de Gon Ramos no es el niño quien vuela la cometa sino la cometa la que vuela al niño. La estructura del lenguaje nos recuerda, sobremanera, a la que impregna las construcciones de un lenguaje esquizoide. Ahí están, manifiestas, las metonimias el hablar figurativo, la asíndesis, hermanando conceptos, extrañamente, dentro de la misma frase, la fragmentación, la discontinuidad o el bloqueo del pensamiento, (¿cuántas veces parece que los personajes parecen olvidar lo que iban a decir o descarrilan, oníricamente, dentro de un mismo segmento del discurso?), el exceso de contenido, la profusión del detalle. Pero, por encima de todos estos elementos, una característica se erige sobre las demás: la interpenetración por medio de la cual, los acontecimientos del mundo exterior se impregnan, considerablemente, con la imaginación del sujeto. Algo que muchas veces hemos presenciado en el cine, por ejemplo, en la gran película «Donnie Darko», de Richard Kelly. En literatura nos vienen a la mente Foster Wallace, Piglia o Borges.

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Consideramos esta connotación del lenguaje y la escritura de Gon Ramos una excelente herramienta creativa que hace de cada una de sus obras una delicada pieza de relojería semántica. Su énfasis, consciente o inconsciente, en la incomunicación humana es otro de esos ingredientes de su cocina dramatúrgica.

Sus personajes parecen no escucharse; sometidos a las embestidas del lenguaje, del vuelo de ideas, intentan asirse, como pueden, a cualquier rastro de comunicación que aparezca. Si en «Yogur/Piano» la comunicación se intuía imposible en medio de una atronadora música de discoteca, en «Un cuerpo en algún lugar» los resortes funcionan de un modo similar en el encuentro entre un personaje y otro dentro de un tren, con códigos idiomáticos diferentes, casi hablando un lenguaje de señas, o en un restaurante donde un camarero trata de mantener una conversación, con un cliente, al mismo tiempo que se ocupa de servir varias mesas y tomar nota de las comandas. Fabuloso.

La obra es un ejercicio bien fibrado, una prosopopeya gozosa, quebradiza y volátil; una voladura desde el interior, desde lo puramente cognitivo, que va evidenciándose en pequeñas fisuras externas, en grietas conductuales que van atravesando a los personajes.

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Los que la defienden, en un reparto a dos manos formado por Luis Sorolla y Fran Cantos, lo hacen con vibrante pulso. (Nosotros asistimos a una función en la que Cantos era stituido por Gon Ramos, así que hablamos de esta interpretación). Nos decantamos por Luis Sorolla en el escenario. Pese a que la pieza tiene su mayor vórtice de atracción en el lenguaje y el texto, podemos asegurar que la interpretación de Sorolla es muy estimable. En particular, en algunas escenas como la del paisano alemán en el tren, el camarero en el restaurante o el recepcionista de hotel y la carta. Preferimos destacar a Ramos en la categoría de hacedor de vocablos, jugador de vuelos con palabras en la autoría.

Pulso y vibración no le faltan a esta pieza que nos ha gustado, sobre todo en su estilo, en su personalísima manera de marcarse un dramatúrgico nudo Borgiano para hablar de asuntos tan imperecederos como el amor, la soledad o la incomunicación.

UN CUERPO EN ALGÚN LUGAR

PUNTUACIÓN: 3 CABALLOS
Se subirán a este caballo: quienes busquen una posibilidad Borgiana sobre las tablas.
Se bajarán de este caballo: quienes huyan de lenguajes poco convencionales.

***

FICHA ARTISTICA

Autor y dirección: Gon Ramos
Actores: Fran Cantos y Luis Sorolla

Una crítica de @EfeJotaSuarez

francisco-javier-suarez

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