BESTIAS DE ESCENA. Una esperanza para el voyeur; una decepción para el espectador

Sobre el escenario de la sala grande del Teatro Valle Inclán vemos a un grupo de actores y actrices haciendo una serie de ejercicios de precalentamiento. Poco a poco irán desnudándose para dar lugar al resto de la pieza en la que nos mostrarán las vicisitudes de lo que supone interpretar.

Esta podría ser una suerte de sinopsis de la obra «Bestias de escena» que hemos podido ver en el Centro Dramático Nacional dentro del ciclo: Una mirada al mundo.

Obra llegada desde el Teatro Picolo de Milán  e ideada y dirigida por Emma Dante.

Lo primero. Estamos ante una performance de una hora y poco de duración. Performance por la manera de partir de lo azaroso y lo imprevisible. Una suerte de work in progress pero en pelota picada.

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La autora dice: «la historia  de la pieza llegó a su verdadero significado en el momento en que renuncié al tema que quería tratar originalmente», que es como decir «No tengo ni la menor idea de lo que estoy hablando».

Envuelta en ese halo de vanguardia europea el resultado es inane. La gran pregunta en torno a de qué nos está hablando esta obra, que se presenta en un teatro tan importante como el CDN, queda sin resolver y ahí reside todo el virtuosismo de la pieza: en su vacío.

El debate estéril está servido y aliñado: ¿Es Bestias de escena una aproximación al mundo de los actores y actrices que parece decirnos que están sometidos al público como si este fuese un dios juguetón? ¿Un intento por abordar hasta qué punto está expuesto un actor/ una actriz cuando interpreta? The answer is blowing in the wind.

Algunas notas biográficas que sobre Emma Dante podemos encontrar en internet, nos informan de que a la autora siempre le ha gustado explorar el tema de la familia o de la exclusión a través de la poesía de tensión y locura. No encontramos mucho de eso en esta pieza. La poesía deviene en danza de cuerpos desnudos, agradables de ver, claro, pero solo reducido a  gratificante ejercicio como voyeurs más que como espectadores. Porque el voyeur solo mira. No osbtante el espectador, espera. Espera llevarse algo de lo que observa. Una esperanza para el voyeur; una decepción para el espectador. 

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La mirada atenta sobre esta «Bestias de escena» acaba por devolvernos un recordatorio de que todos somos seres vulnerables, obligados al aprendizaje, a la interacción, a la solidaridad, a encontrar consuelo fuera de nosotros mismos, en los demás.  ¿Y bien? Nada nuevo bajo el sol.

La forma de plantear la obra está supeditada a la narrativa de la autora que es capaz de dejarnos perplejos afirmando que lo que veremos en «Bestias de escena» será a «una comunidad que huye, expulsada del paraíso al igual que Adán y Eva, llegando a un lugar del pecado, el mundo terrenal, lleno de trampas y tentaciones. Se engañan a sí mismos para vivir, encontrando en ese escenario todo lo que necesitan: el odio, el amor, el camino, el miedo, el mar, el naufragio, la zanja, la tumba donde llorar a los muertos, los restos de una catástrofe». Toda una retahíla de principios dormitivos intraducibles en términos concretos. Sí, una comunidad de actores y actrices se desnudan, comen cacahuetes del suelo, luchan entre ellos, aprenden a bailar, imitan la forma de caminar de una muñeca, gritan, barren, etcétera.  (Lo curioso es que no forniquen en escena cosa que sería lógica dentro de la representación de esa comunidad asombrada de bestias que deben aprender a convertirse en seres sociales e individuos al mismo tiempo).

La pieza termina con el nutrido grupo de hombres y mujeres desnudos, sudorosos, abrumados por el acto que les ha tocado en suerte representar y con una directriz que podemos imaginarnos por parte de la autora/directora: mirad al público, al final, encaradlo sin pudor alguno, mostrándoos tal y como sois, y con la idea de que son ellos, el público, los espectadores y espectadoras, quienes deben sentir ese pudor ahora.

No estaría mal si así fuese. ¿El problema? Que el público no sienta nada  y que todo el ejercicio visto le resulte antojadizo y, sí, rápidamente olvidable. (Ya se sabe que el público puede ser también una bestia. A su manera, la peor de todas las bestias).

 

BESTIAS DE ESCENA

 

PUNTUACIÓN: 2 CABALLOS Y 1 PONI

Se subirán a este caballo: Quienes busquen disfrutar como voyeurs antes que como espectadores

Se bajarán de este caballo: Quienes busquen disfrutar como espectadores/as antes que como voyeurs.

***

Ficha Artística:

Emma Dante (Idea, Dirección y Elementos de escena)

Reparto: Elena Borgogni, Sandro Maria Campagna, Viola Carinci, Italia Carroccio, Davide Celona, Sabino Civilleri, Roberto Galbo, Gabriele Gugliara, Daniela Macaluso, Carmine Maringola, Ivano Picciallo, Leonarda Saffi, Daniele Savarino, Stephanie Taillandier, Emilia Verginelli y Marta Zollet

Cristian Zucaro (Iluminación),

Gabriele Gugliara (Asistente de escena),

Daniela Gusmano (Asistente de producción)

Aldo Miguel Grompone, Roma (Coordinación y distribución).

Producción: Piccolo Teatro di Milano – Teatro d’Europa, Atto Unico / Compagnia Sud Costa Occidentale, Teatro Biondo di Palermo y Festival d’Avignon

 

Reseña de @EfejotaSuarez

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