CUIDADO CON EL PERRO. Perro ladrador, poco mordedor.

Varias historias cruzadas componen el retablo que es «Cuidado con el perro», pieza teatral escrita (e interpretada, entre otros/as) por Eva Redondo y dirigida por Dani Ramírez y la propia Redondo y que hemos podido ver en la Sala Cuarta Pared.

En esta encrucijada caben diferentes microuniversos como el de una menor que se ve forzada a la prostitución en el sudeste asiático, el de una actriz que asiste al hecho de que un compañero actor se salte el guión y le toque las tetas, o el de una  joven madre hindú que se ve a abocada al aborto de la hija de la que está embarazada, ahogándola en un río, por recomendación de su suegra.

Todos los relatos poseen un nexo común: la posibilidad de hablar del papel asimétrico de la mujer en la sociedad y de su rol dentro de un sistema patriarcal que perpetúa actitudes misóginas o machistas.

No nos equivocamos si establecemos una clara sobre significación de la palabra relato frente a la palabra dramaturgia puesto que las historias que desfilan por el escenario son, en gran medida, oratorias antes que acción. Posee esta pieza una deliberada conciencia de su estilo narrativo, contado, hablado, antes que actuado. No pensamos que tal asunto, per se, pueda ser negativo pero sí entendemos que la autora opta, aquí, por correr un alto nivel de riesgo.

Si uno repara en la obra, apenas hay diálogos entre los personajes. Estos transitan por la ficción más como una suerte de rapsodas, de narradores omniscientes, y ese es uno de los principales hándicaps de «Cuidado con el perro». En cine, por ejemplo, cualquier director/a  sabe bien que una película sin diálogos, o sustentada en una recurrente voz en off que explica, que narra lo que vemos, es muy difícil que funcione. Quizá el teatro se pueda permitir cierta dosis de subrayado de la narración en detrimento del diálogo, pero incluso el hecho teatral posee un punto de no retorno a partir del cual el espectador debe juzgar si la astucia deviene en debilidad o fortaleza.

Más allá de este primer aspecto, la obra reúne algunos otros elementos que nos interesa señalar.

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Otro de esos elementos es de contenido. De hermenéutica. El asunto del tema por encima de la fuerza de la forma.

Decía Robert Musil que «(…) los grandes escritores (escritoras) devalúan los problemas, porque su mundo es otro; los problemas se vuelven minúsculos, como las siluetas de las montañas en un globo terrestre».

El asunto es el siguiente: el exceso de temática en «Cuidado con el perro»; su preponderancia, no permite que, desde el principio y hasta el final, podamos dejar de ver el tema de la obra en imaginarias letras de neón. La sutileza de los pliegues no escasea en la pieza. No hay escapatoria de un contenido que se trilla sobremanera, sin dejar ripio, casi a modo de soflama, de disertación reverberante, que, sí, acaba por debilitar el conjunto.

¿Por qué todo parece un manifiesto antes que un drama? No hay dobleces y se esquiva cualquier complejidad, cualquier estructura de capas superpuestas. El problema, parafraseando a Musil, es que la escritura no cuenta con el permiso para enmendarse, para entrar en meandros y sugerir, proponer o apuntar. No. Aquí, la operación es otra: la de resaltar, enfatizar, remachar el tema. ¿A qué se reduce entonces la tarea de la audiencia? ¿A aceptar una premisa sin fisuras?

Desde luego que existe el patriarcado y que el paradigma de género es crucial para entender y cuestionar una jerarquía imperante: la de lo masculino sobre lo femenino. Nadie puede cuestionar este hecho. No obstante, atendemos a otras muchas coordenadas que tienen que ver con la representación teatral. Hay un abuso del tema en «Cuidado con el perro». Sustraerse a la clausura de un argumento tan precintado sería la tarea primordial para lograr reparar esta pieza. Volver minúsculo «el asunto», «el tema», como se vuelven minúsculas las siluetas de las montañas en los globos terrestres.

Abordar el tema del género, de la discriminación, de su doloroso y espantoso drama, abordar su denuncia, desde un territorio más, mucho más, inconcluso, más sinuoso, invitando a la interpretación del espectador, de la espectadora, antes que optar por una devolución en caliente del tipo: «No le dé más vueltas. Esto es lo que usted debe pensar sobre la cuestión». Sí estamos de acuerdo con esa idea que encontramos, por ejemplo, en diferentes autoras feministas acerca de que «todo cuerpo femenino debe sentirse siempre en terreno peligroso, al borde del ataque». Sin duda. Este es el mundo asqueroso que hemos levantado pero también el que no queremos apuntalar.

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Todo parece tomado de referentes un tanto desgastados. (No porque no tengan importancia como, por ejemplo, el asunto de las menores que se prostituyen en la walking street de Pattaya o la desgraciada existencia de las mujeres en la India. Sin duda terribles agravios, pero el repertorio presentado es demasiado mórbido). Echamos en falta una mirada más punk, más trash y desprejuiciada que evite a la obra caer en lugares tan comunes, amortiguando toda posibilidad de tornarse en revulsivos.

En el capítulo de las interpretaciones, más de lo mismo. El acto en escena no acaba trascendiendo en lo emocionante. Falta beligerancia y sobra reconvención.

Pese a todo, queremos quedarnos con uno de los momentos más conseguidos, quizá, del conjunto: uno que sobreviene en trágica y poetizada epopeya: el relato de esa madre que acude al río a ahogar a su hija. Un bello y sórdido momento que queremos señalar y en el que la obra debiera detenerse más.

Valoramos la incursión teatral de Eva Redondo y Dani Ramírez  en el terreno resbaladizo de la ética, en los vericuetos del lenguaje que trata de contener un mensaje. No obstante, «Cuidado con el perro» deviene en escritura iniciática alejada de la forma, en manifesto parcial; en pleonasmo de principios dormitivos a cuyo sustrato le faltaría alcanzar mayor originalidad para no ser objeto desentrañado a priori que pierde, de golpe, todo su volumen. No revienta como una supernova, como esperábamos, sino que languidece como una pequeña estrella. En definitiva: perro ladrador, poco mordedor.

 

CUIDADO CON EL PERRO

PUNTUACIÓN: 2 CABALLOS

Se subirán a este caballo: Quienes busquen un teatro cercano al relato y repleto de lugares comunes.

Se bajarán de este caballo: Quienes huyan de una escritura sin meandros, sin fisuras y de una dramaturgia muy alejada de la búsqueda del paradigma de la complejidad.

 

***

 

FICHA ARTÍSTICA

Texto: Eva Redondo
Dirección: 
Eva Redondo y Dani Ramírez
Reparto: 
Nacho Marraco, Clara Pampyn, Eva Redondo, Antonio Sansano, Jorge Fuentes
Espacio sonoro y visual: 
Dani Ramírez
Colaboradores del espacio escénico: 
Juan Sanz y Angela Lo Palco
Fotografía de cartel: 
Matteo Vistocco
Agradecimientos: 
Ayuntamiento de Madrid, Fundación AISGE, Nuevo Teatro Fronterizo, Raquel Vicente Gómez, Ricardo Reguera, Alberto Alonso, Nati Semper, Dima 
Una producción de Nuevenovenos

Reseña de @EfeJotaSuarez

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