LA COMEDIA DE LAS MENTIRAS. Risas enlatadas

 

Con el marchamo de obra producida por el Festival Internacional de Teatro clásico de Mérida, entre otros, llegaba al Teatro La Latina tras varios meses de gira, la propuesta «La comedia de las mentiras»: una pieza compendiada de los textos del comediógrafo latino del siglo II a. C, Tito Maccio Plauto.

La historia, en su sinopsis, aparece así en los folletos de mano: Atenas. Dos hermanos, Hipólita y Leónidas, están enamorados. Ella de un joven llamado Tíndaro, él de una joven llamada Gimnasia, que, sin embargo, es… flautista. Pero ni Tíndaro ni Gimnasia son las parejas que el padre de Hipólita y Leónidas, un avaro recalcitrante, comerciante de vinos, paños y liras, desea para sus hijos. Actualmente, se encuentra de viaje de negocios. Y ha dejado a cargo de la casa a su hermana Cántara, la tía solterona que lleva más de cuarenta años esperando a Filemón, su amor de juventud, que un día salió a comprar higos y ya no volvió.

Diríamos que se cumplen, hasta en el folleto, las expectativas. La fórmula parece, a priori, la esperable: una propuesta sencilla al servicio de la comicidad.

Recordemos que las comedias grecolatinas nacieron en las festividades religiosas en honor al dios Baco, el dios del vino, y sus autores de referencia son Aristófanes, Menandro o Plauto. Un triunfo de la bravuconería, del exceso, de la necesidad por salir de lo trágico. Expectativas en su nivel de exigencia antes del comienzo de la función: acciones relacionadas con la vida real, contadas de modo sencillo, ligero y con final feliz, por medio de actores y actrices aptos para tales lides.

¿Qué ocurrió una vez que la función dio comienzo o, mejor dicho, una vez terminada? Veámoslo.

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Sobre el escenario, de entrada, la propuesta deviene en artefacto coreagrofiado con absoluta simpleza. Un mobiliario sirve de logística sin muchas complicaciones. La propuesta no destaca por indumentaria ni por escenografía ni por su dirección artística. Todo resulta bastante trivial.

El texto, escrito a dos manos por Pep Antón Gómez y Sergi Pompermayer, se transforma en maquinaria embarazosa y carente de comicidad inteligente. Los lances, los retruécanos y las concesiones a lo trivial, a lo popular, a lo ramplón, someten a la historia a una exacerbada vulgaridad sin que, en ningún momento, se pueda observar un tono más extraordinario, acertadamente jocoso, divertido. La obra, con sus tramas previsibles y recurrentes hasta niveles de sonrojo, cae del lado de la gracia facilona antes que del extremo del divertimento inteligente.

Todo ello pasa por un dibujo caricaturizado en la dirección de escena, con personajes que parecen salidos del comic de un dibujante lleno de clichés sin mucha destreza para resolver la ecuación desde la ironía o el sarcasmo sino desde la incuestionable simpleza.

Es difícil que, tomando estas coordenadas, los actores o actrices puedan solventar un texto tan evanescente si no lo hacen desde un ángulo diferente, desde un trabajo corporal y verbal, desde un trabajo interpretativo apoyado en los recursos propios, los tics, los gestos, los aspavientos. Podría ser de ayuda, pero ¿es este el caso de lo que ocurre sobre el escenario al ver «La comedia de las mentiras»? Desafortunadamente, no.

Las interpretaciones, muy desiguales, no suplen las deficiencias. Por un lado, tenemos a un Pepón Nieto que compone un Calidoro repetitivo empleando una modulación del lenguaje que hace estridente su papel de mayordomo bobalicón con más entendederas de las que aparenta. En el papel de Cántara, María Barranco es quizá la que ofrece mayor desenvoltura en lo que a comicidad se refiere (por ejemplo, en el momento en que le confiesa a Calidoro un sueño extravagante que ha tenido). Angy Fernández dibuja una Hipólita a la que le falta salirse del ripio redundante de la cara de enfado para hacer de su personaje algo menos plano, pero, con todo, es espontánea y regatea. No destacan en demasía los demás personajes que retratan caracteres tan simples y trillados que recuerdan, en muchos momentos, a una opereta o a los enfáticos y estridentes personajes salidos de las revistas teatrales de los años setenta.

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Uno de los aspectos más destacados de la desatinada dirección de actores/actrices es palpable en los momentos en los que algunos personajes no hablan, sino que están sobre el escenario escuchando lo que dice otro personaje que lleva la voz cantante. En esa tesitura, nos chirría en exceso la falta de punto de vista, la falta de trabajo corporal; nos resulta insólita la reacción hermética por parte de los personajes que escuchan y es cuando nos preguntamos acerca de qué ocurrió, en este punto, con la dirección.

Por motivos variados, la risa franca no llega. No. Se deseaba, sí, pero no llega. Quizá haría falta echar mano de esa técnica de las risas enlatadas para conseguirlo. No existe gracia y el lenguaje es por momentos tan naif e infantilizado que cualquier rastro de profundidad es mero espejismo. No hay una construcción de fábula que esté apuntalada en este engranaje tan ligero. Si acaso, una matraca, un soniquete que se repite por doquier, número musical final incluido, y que nos sentencia que la vida es pura mentira y que mentir es un ejercicio al que sacarle provecho. Curioso cuanto menos si atendemos a una frase que se le atribuye a Plauto: «Yo amo la verdad y quiero que todos me la digan». Aunque también se cita como suya aquella de «A buen entendedor, pocas palabras bastan». Pues eso.

LA COMEDIA DE LAS MENTIRAS

PUNTUACIÓN: 1 CABALLO Y 1 PONI

Se subirán a este caballo: Espectadores/as con deseos incontrolables de ver a personajes de la tele sobre un escenario.

Se bajarán de este caballo: Cualquiera que vaya buscando teatro en el sentido más honesto de la palabra.

***

Ficha Artística

Autores
Pep Anton Gómez y Sergi Pompermayer

Dirección
Pep Anton Gómez

Reparto Pepón Nieto, María Barranco, José Troncoso, Paco Tous, Raúl Jimenez, Angy Fernández, Marta Guerras

Equipo Artístico Y Técnico

Diseño de vestuario 
Paco Delgado y Paola Torres

Diseño de iluminación
Miguel Ángel Camacho

Diseño de escenografía
Bea San Juan

Música 
Mariano Marín

Coreógrafo
Luis Santamaría

Fotografía 
Javier Naval

Diseño de peluquería y maquillaje 
Lolita Make up

Productor ejecutivo 
Jesús Cimarro

Una producción de Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, Mixtolobo y Pentación Espectáculos

Reseña de @EfejotaSuarez

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