F.O.M.O. Tú te lo pierdes

Una mujer es asediada por un grupo de personas, móviles en mano, casi a modo de horda, que consigue subyugarla a base de fotos y más fotos. Un hombre que establece contacto con otra persona vía Skype, se desnuda para mostrarle filigranas inesperadas de su anatomía. Una joven brasileña danza hasta el paroxismo intentando, así, conseguir el mayor número de seguidores posibles en las redes sociales. Una actriz es sometida a un burlesco y obsceno casting virtual a cargo de un grupo que comenzará a hacerle postulaciones cada vez más inadmisibles. Un hombre nos muestra cómo preparar lubina salvaje, otro canta una saeta en deferencia sarcástica a Europa, una joven prepara un brebaje con muchas cucharadas de azúcar y termina disertando sobre el mercado de los productos biológicos ensalzando las virtudes de la (santísima) avena, etcétera.

Estas historias, fruto del trabajo de laboratorio de investigación teatral del Colectivo FANGO, vertebran la pieza llamada «F.O.M.O», que hemos podido ver en la sala de la Princesa del Teatro María Guerrero.

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F.O.M.O., acrónimo en inglés de Fear Of Missing Out, significa algo así como «miedo a perderse algo». Este miedo nos explica como sociedad capitalista en muchos sentidos. Con frecuencia este miedo o ansiedad de perderse algo surge a raíz de la comparación con el otro, al pensar que los demás están sacando mayor provecho de la vida al acudir a eventos, actividades interesantes, etc. En esa ansiedad por perdernos algo lo que se desarrolla es una voracidad que anula el disfrute. Pensemos en la gente que tiene miles de seguidores en las redes sociales, en la gente que sube fotos de cada acto cotidiano o en aquellos que no se pierden un evento cultural y parecen estar siempre a la última. Esa nueva especie de esclavitud tecnologizada hace que idealicemos y caigamos en la parábola trampa de pensar que la hierba siempre es más verde en el prado de al lado.

Deberíamos reflexionar en torno a la idea de cuánto más infelices somos por tratar de querer parecernos a un conjunto de personas que quizá nunca se han preguntado a sí mismas en qué momento se dejaron arrastrar por una promesa, en forma de vórtice, que lo único que les permitió alcanzar fue un estado de insatisfacción crónica.

F.O.M.O es la promesa del «tú te lo pierdes» convertida en amenaza nuclear. Quiere ser un acercamiento a este territorio de la sociedad del cansancio que mata el tiempo para conseguir que el tiempo no la mate a ella. Como resorte y disparador del debate, la pieza parece acertada. Hay, en esta encrucijada de historias, máxima libertad narrativa, capacidad de exploración, altura poética, espacio de sobra para lo performativo; la mirada postmodernista que se acerca a ese avispero de lo tecnológico y los deshumanizado, a ese enjambre social de la masa hispterizada y acelerada a conciencia, idiotizada a conciencia con el mantra de «carpe diem» como renovado mandamiento.

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El problema de la estructura de esta pieza, no grave pero sí un problema, es la ambición en la promiscuidad de tramas, de reflexiones.

Podemos comprender un buen número de historias y discernir, sin dificultad alguna, la urdimbre que las reúne a todas bajo un esqueleto coherente: las historias que hablan del horror vacui de las redes sociales, de la aceptación incondicional de las reglas del juego de las relaciones humanas en términos de provocativo «todo vale» para tener más legitimidad en lo virtual: más «likes», más seguidores, más mensajes, más, más, más. Las historias que apuntan en esa dirección se sostienen y arrancan una mueca de desagrado por efecto espejo, de familiaridad y reconocimiento íntimo de esa desazón que atraviesa la pieza; también se suceden momentos para la risa desatada sobre todo cuando asistimos al casting de una actriz vía videoconferencia.

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El problema que evidenciamos pasa por lo aparatoso de imbricar, en este intercambio de historias, un alegato crítico, humanista y encomiable, pero artificioso en toda su amplitud dentro de la propuesta. Hablar del drama de los refugiados o de la Europa insolidaria, o de Siria, solapándolo dentro de los demás discursos, resulta en cierto modo irritante y absolutamente enfático. Tan enfático que el subrayado o la cursiva de estas incursiones ponen en precario equilibrio al conjunto. No comprendemos la idea. El gesto permuta en franca impostura y conduce al desconcierto. Es quizá este apéndice el que inflama al resto. Nos parece que hablar de Siria merece un honesto apartado al margen del discurso sobre lo tecnológico, lo virtual, al margen del discurso sobre el irritante mundo de gansadas y veleidades en que vivimos. Entendemos el interés y lo fascinante de muchos aspectos de este entramado, pero reconocemos que otros aparecen intercalados de manera burda.

Pese a todo, F.O.M.O. funciona en un gran porcentaje como maquinaria bien engrasada y ejercicio insurrecto, iconoclasta, herético y necesario, saludable. Las interpretaciones no chirrían y encajan en el todo, dejando en un aparte la interpretación de una saeta un tanto insípida. En general, celebramos el resultado final. Al igual que celebramos que F.O.M.O., el acrónimo en inglés de «Miedo de perderse algo» cuenta también con su contrario, su antídoto, que se conoce por J.O.M.O. (Joy of missing out): algo así como la alegría de perderse algo a conciencia; el placer de estar desconectados de la permanente angustia de pensar que nuestra existencia es más anodina que la de cualquier otra persona cercana. Lo malo es que en Sillicon Valley ya se frotan las manos con todo lo que huele a Zen y no sería raro que pronto, pronto, haya una aplicación que podamos descargar para estar «desconectados». Ya lo decía Einstein: «Solo hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana».  

F.O.M.O

PUNTUACIÓN: 3 CABALLOS.

Se subirán a este caballo: Quienes disfruten del teatro sin pudor germinado en laboratorio con aguda mirada crítica de la sociedad capitalista.

Se bajarán de este caballo: Quienes no toleren la mezcla de discursos y  disfruten de un teatro convencional.

***

FICHA ARTÍSTICA

Dirección: Camilo Vásquez

Coordinación dramatúrgica: Sergio Martínez Vila

Intérpretes: Ángela Boix, Fabia Castro, Trigo Gómez, Rafuska Marks, Manuel Minaya

Creación Técnica e Iluminación: Juan Miguel Alcarria

Escenografía: Silvia De Marta y Álvaro Millán

Vestuario: Elisa Vidal Riezu

 

Reseña de @EfejotaSuarez

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