EL ÁNGEL EXTERMINADOR. Todo lo sólido se desvanece en el aire

Decía Luis Buñuel que los/as protagonistas de muchas de sus películas eran «Quijotes» que, al final, aceptaban ser solamente «Alonsos Quijanos». Tal era el caso de Viridiana o de Nazarín. No sabemos si les sucede algo parecido a los personajes que pueblan su película «El ángel exterminador», partiendo de la cual como premisa, puede verse en el Teatro Español de Madrid una adaptación teatral bajo el mismo nombre.

Tomando el argumento de la historia: un grupo de personas de la burguesía o elite social se reúnen en una fiesta en la casa de la anfitriona y su marido. En un momento concreto, cuando muchos desean marcharse ya, se dan cuenta de que no pueden salir de la casa. Pero este «no poder salir» no guarda relación con ningún impedimento físico sino que obedece más a un acto altamente neurótico o histérico. De pronto, nadie de los que están en la fiesta, es capaz de salir de allí y el acto sencillo de abandonar la fiesta se convierte en misteriosa imposibilidad.

Así, los invitados se ven abocados a una coexistencia dentro de la misma habitación durante días lo que da lugar a la decadencia, haciendo que las normas sociales se vayan perdiendo y se acaben comportando como animales salvajes. El acto de no querer/poder salir de la casa deviene en acto masoquista colectivo.

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Interpretar lo que puede haber detrás de esta trama debería llevarnos casi por obligación hasta lo freudiano o lo junguiano. Hasta lo filosófico, incluso. O quizá no deberíamos tratar de hacer un intento de interpretación si nos atenemos a que la propia protagonista del film de Buñuel, Silvia Pinal, recordaba, en algunas entrevistas, que nunca había sido capaz de entender de qué hablaba «El ángel exterminador». Con todo, el propio Buñuel se aseguró de dar pistas en sus entrevistas dejando claro que «El ángel exterminador» tiene su sustrato en la lucha de clases: la lucha de clases entre los burgueses y la clase social representada por el servicio. Los que se quedan «atrapados» en la fiesta son los burgueses, y no el servicio y  a quienes vemos perder toda dignidad, también en la adaptación teatral, es a los miembros de esa élite reprimida y llena de flaquezas solo disimuladas al principio bajo la indumentaria, las poses o la elegancia como enclenques asideros. Se nos revelan, así, todas sus frivolidades y sus bajezas morales a golpe de desasosiego, lejos de parafernalias que les protejan. Un modo de hacernos ver aquello que decía Karl Marx de que «todo lo sólido se desvanece en el aire».

Podríamos decir que la adaptación teatral recoge el guante de la misantropía de Buñuel al plasmar la decadencia humana y su deriva natural: la deshumanización. El mensaje es claro: que cada palo aguante su vela. En la no escapatoria los únicos que pueden escapar son los instintos humanos, los más bajos, y las pulsiones de vida, de muerte, el sexo, la pérdida de sentido de la colectividad. En «el ángel exterminador» no se puede vivir comunitariamente cuando las cartas están boca arriba. El hombre es un lobo para el hombre. Deberíamos plantearnos, como lo hizo el aragonés, por qué esa gente no coopera y se pone de acuerdo para hallar una solución.

Lo bueno de la obra original es que su subjetividad era tal, al no haber una tesis explícita por parte del autor, que sigue teniendo vigencia y sigue estando abierta a reinterpretaciones. Los diálogos son lo suficientemente corales y no conclusivos como para admitir cualquier mirada.

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En esta obra teatral, como en la película, el reparto es de muchos actores y actrices y no podemos hablar de protagonismo. Todos transitan por la pieza como una masa antes que como individuos con una personalidad autónoma. Nosotros, pese a la dificultad, nos quedamos con la interpretación de la anfitriona de la fiesta que logra imponer sus aspavientos sobre la manada y ser de las más divertidas en este trabajo dirigido por Blanca Portillo.

Contando con una historia como esta, creemos que las partes en las que el comisario de policía titubeante aparece junto con su ayudante, son más que prescindibles a no ser que sean entendidas como transiciones que quieran aliviar al conjunto. Hay un momento en que la historia se estanca: advertimos que ya no parece posible un avance cuando se sigue contando que las personas encerradas en el salón han entrado en fase de decadencia total. De acuerdo, una muere, las paredes se llenan de vómitos, las ropas se ensucian, la habitación es un caos, pero no está pasando nada más. Solo resta que llegue el anticlímax: salir de la casa y fin de la historia. Quizá en el año sesenta y dos todo tuviese otro calado.

En lo que respecta a la puesta en escena, sorprende que no se haya rectificado la propuesta de paneles que rodean a los actores y actrices y que crean un efecto caracola importante que desluce la posibilidad de escucharles con nitidez.

Nos parece acertado ese recurso, a lo Eugene O`Neill, de introducir el elemento sonoro como evocador: en este caso unos inquietantes tambores de Calanda. Igualmente, no se le puede reprochar a la propuesta el gasto en producción que incluye desde un generoso retablo hasta una jirafa o un botafumeiro.

No obstante, pese a todo, la obra se inclina en el punto de las interpretaciones, quizá demasiado bufas, demasiado picarescas. El propio Buñuel reconocía que querría haber rodado su historia en Londres o París antes que en México como un intento de acercarse a una clase social lo más elitista posible.

Probablemente, el espectador podría sentir la desazón de esta obra en mucha mayor medida si los atributos de los personajes fuesen más sutiles al principio hasta hacerlos caer en ese vórtice de la deshumanización pues, estamos de acuerdo con Buñuel cuando afirmaba aquello de que «el misterio es el elemento clave en toda obra de arte» y, en esta adaptación, se ha privilegiado la bribonada y la sátira frente a lo misterioso y lo recóndito.

 

EL ÁNGEL EXTERMINADOR

PUNTUACIÓN: 3 CABALLOS

Se subirán a este caballo: Quienes busquen repartos corales y gusten de la sátira y lo bufonesco.

Se bajarán de este caballo: Quienes esperen encontrar algo inefable o esencia surrealista en la adaptación teatral de clásico de Buñuel.

***

Ficha artística

Autor: Luis Buñuel

Versión (de la película de Buñuel): Fernando Sansegundo

Dirección: Blanca Portillo

RepartoHugo Alcaide, Juan Calot, Inma Cuevas, Abdelatif Hwidar, Ramón Ibarra

Alberto Jiménez, Juanma Lara,Víctor Massán, Anabel Maurín, Manuel Moya,Dani Muriel
Alfredo Noval, Alex O’Dogherty, Francesca Piñon, Cristina Plazas, Camilo Rodriguez, Irene Rouco, Mar Sodupe, Mª Alfonsa Rosso, Raquel Varela

Reseña de @EfeJotaSuarez

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