COMEDIA MULTIMEDIA, De Álvaro Tato. Si la Diosa Tekné levantase la cabeza

Hay estudios que dicen que los niños se ríen unas cuatrocientas veces al día mientras que los adultos lo hacen unas quince de media.

Los niños se ríen con sonidos extraños, con parodias, con un calcetín en la mano que habla, con juegos de palabras, con guerras de tartas, porque es así como están aprendiendo el lenguaje; es así como están elaborando complejas redes neuronales y adquiriendo habilidades para el mundo de las relaciones interpersonales. Aquellos niños que se ríen más y tienen un mejor sentido del humor dicen que tendrán de adultos una mejor perspectiva sobre la vida y una interacción más fácil con su entorno. Nadie duda, así pues, de que reírse es fundamental.

El sábado 4 de marzo se estrenó en los Teatros Luchana, en Madrid, Comedia multimedia. Su premisa fundamental es: hagamos reír al espectador. Con todo, debe reconocerse que hay también un artefacto diseñado para intentar hacer pensar en la dramaturgia de quien ha escrito la pieza, Álvaro Tato.

Según tengo entendido un cómico es el que te hace reír pero un humorista es el que te hace primero pensar y después reír. Digamos pues que la obra intenta sujetarse a esa base: el humor.

Planteada como una sucesión de sketchs, Comedia multimedia —dirigida por Yayo Cáceres— tiene una idea como eje vertebrador: las nuevas tecnologías, las redes sociales y todo ese imaginario colectivo que representa internet.

Asistimos a cada escena mediante la teatralización llevada a cabo por una maestra de ceremonias que es Miss Web —la actriz Inma Cuevas—, cicerone que nos va dando paso a cada parodia. Además, a la obra hay que sumarle otros tres actores —Jacinto Bobo, Fran García, David Ordinas— y otro engranaje que la pone en movimiento: la música, las canciones.

Los actores y la actriz cantan, bailan, interpretan —algunas escenas con mayor o menor acierto y entusiasmo—. Hay esfuerzo, voluntad; un trabajo coral, donde los cuatro actores se arropan los unos a los otros.  Los cuatro son leales a un texto que a veces les hace brillar con menos intensidad de la que se esperaría dada la ingenuidad de algunas de las historias. Aunque como apuntaba Oscar Wilde “nada se parece tanto a la ingenuidad como el atrevimiento”.

La gran beneficiada por su carisma en la escena es la todoterreno Inma Cuevas, actriz benevolente, batallada, capaz de llevarse al público a donde le plazca, resuelta para hacer dignos sus soliloquios, sus momentos musicales —aunque, a mi juicio, el texto a veces le quede pequeño—. De esas actrices que son capaces de levantar la piedra colina arriba y salir airosas.

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Las reflexiones por las que pasa Comedia multimedia nos llevan —pivotando sobre las ruedas de la parodia— al mundo de la pareja, al mundo de los negocios, al asunto de las distopías. Nos sitúan frente a esa puerta en el muro que es la tecnologización de lo humano. Eso que se ha convertido en apetito del alma. Nos perdemos en un barrizal de crispación si vamos en el coche y falla el GPS —quizá le prestamos más atención a la voz del mismo que a la de nuestra/o copiloto—. Nos sentimos desamparados sin nuestros móviles, nos hemos hecho adictos a las series en casa hasta el punto de casi convertirnos en una suerte —o mejor dicho en una desgracia— de hikikomoris, aislados socialmente pero ¿conectados mediante las redes sociales? Quizás en el futuro —como expone Comedia Multimedia— un simple Enter, un clic, un Me gusta, o el sonido de una notificación sirva como éxtasis orgásmico.

Nos hace pensar sobre el gran negocio que supone la industria de las nuevas tecnologías: ese río cada vez más seco en el que los directores ejecutivos —CEOs en su terminología en inglés— siguen echando las redes o la caña de pescar. Lo incautos y dependientes que somos; tanto que si la diosa Tekné levantase la cabeza, se burlaría de nuestros titubeos, de nuestras perplejidades.  Será porque, en el fondo, nuestra finalidad como especie no es otra que la de descubrir que siempre hemos estado donde deberíamos estar. Que seguimos siendo niños/as y no nos hemos movido apenas de ese punto por mucha pirotecnia tecnológica que tengamos a nuestro alcance.

Mientras tanto, Miss Web y su troupe nos explican que existe algo nuevo: un producto con el que ni Steve Jobs, ni Marck Zuckerberg o Bill Gates han emprendido negocio todavía. Nada de realidad aumentada ni virtual. Algo que no necesita cables. Que no necesita baterías ni recargas, que ocurre en tres dimensiones y que allí están —en la sala grande de los Teatros Luchana— para desvelárnoslo.

Ya lo saben. Las estadísticas lo dicen y eso debe reverberar en nosotros. Los niños se ríen unas cuatrocientas veces al día. Los adultos, quince. Vayan al teatro y suban esa cifra.

Comedia multimedia

Autor: Álvaro Tato

Dirección: Yayo Cáceres

Reparto: Inma Cuevas, Jacinto Bobo, David Ordinas y Fran García

Iluminación: Miguel Ángel Camacho

Vestuario: Tatiana de Sarabia

Escenografía: Marta Leiva

Producción ejecutiva: Jesús Sala

Distribución: Emilia Yagüe Producciones

Reseña de Caballo Perdedor.

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