LOS ASQUEROSOS. La conjura de los Mochufos

Manuel cree haber herido a un policía y se lo confiesa a su tío. Todo ocurrió muy deprisa. Manuel también cree que una cámara lo grabó todo. Su tío le aconseja alejarse un tiempo. Pero ¿alejarse dónde? Lejos de la ciudad. Así es como Manuel llega hasta un pueblo abandonado. Allí, pese a empezar de cero y subsistir, se topa con una felicidad que nunca había experimentado. Todo va bien hasta que al mismo pueblo abandonado se mudan unos tipos llegados de la ciudad. Entonces, la vida de Manuel corre el riesgo de perder toda la armonía y será hora de tomar decisiones arriesgadas.

Esta podría se una sinopsis de la obra «Los asquerosos» que con texto de Jordi Galcerán y Jaume Buixó basado en la novela de Santiago Lorenzo, dirigida por David Serrano y protagonizada por Miguel Rellán y Secun de la Rosa, nosotros hemos podido ver en la sala principal del Teatro Español de Madrid.

 

En el pueblo abandonado que Manuel encuentra después de una deriva sin saber a dónde llegará caminando para establecer su refugio, más allá del ultimo Lidl que ha dejado varios kilómetros atrás, acaba recordándonos, inevitablemente, a ese espacio idílico que Thoreau retrataría en Walden (su cabaña junto al río Walden en Concord, Massachusetts). Esto no es Massachusetts, pero Zarzahuriel tiene mucho de metáfora puesta al servicio de lugar de encuentro con uno mismo. De lugar al que escapar para no escuchar otra cosa que los pensamientos de uno, los deseos y necesidades más genuinas. Digámoslo así: Manuel no es un Thoreau. Se podría parecer, si acaso, más a un Unabomber que planea hacer saltar por los aires a los mochufos de este mundo. Eso sí, un Unabomber más castizo, más cañí, que para eso Santiago Lorenzo se ha decantado por los localismos y las referencias a un entorno mesetario que se nos haga tan próximo como en una película de Paco Martínez Soria.

Podrían establecerse exégesis de lo más variado a propósito del texto.

Por ejemplo, que este «Los asquerosos» es un relato próximo al ecopacifismo de cuarta o quinta ola (no sé por qué ola iremos ya, porque me pierdo con tanta ola). Un relato con mirada declaradamente a favor del retorno a lo verdadero, a lo importante, en contraposición con lo accesorio, lo superfluo.

La verdadera paz interior no incluye el deseo insatisfecho de las cosas materiales ni aunque el deseo tenga que ver con comprarse una sencilla churrrera. «La riqueza de un hombre se mide por la cantidad de cosas de las que puede privarse», Thoerau dixit. Tenemos aquí a un autor, Santiago Lorenzo, abrazando una suerte de trascendentalismo que buena falta nos haría a todos. Un poquito más. Abrazando el recordatorio de aquello que decía Plinio de que «natura maxime miranda in minimis» (La naturaleza se puede admirar mayormente en las cosas más pequeñas).

Llegados a este punto, la obra nos hablaría, también, de aquellas cosas que los hombres descartan como mandatos para ser felices (entraría en esta categoría un ¿Bugatti?, ¿una televisión de pantalla plana de 60 pulgadas?, ¿una barbacoa en el jardín de un adosado? ¿uno de esos penes de goma que se ponen en las cabezas en las despedidas de soltera?). Dudas razonables si admitimos aquella otra frase de Woody Allen que señala que la felicidad, desde luego, está en las pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión con infinity pool. (A ver, claro, Allen no es Plinio el viejo, ni es Thoreau).

Esta sería una posible interpretación de la obra. Otra que se nos viene a la cabeza guarda relación más con la misantropía. Con el lobo estepario que solo alcanza su felicidad convirtiendo en odiosos a los otros. Una especie de versión existencialista sartreana renovada desde la que culpabilizar al otro del infierno propio. El infierno son los otros (los otros, aquí, equivale a los mochufos); mi mala leche y mi sarcasmo es solo fruto de una sociedad que no comprende lo verdadero, lo genuino, que, mire usted por donde, coincide con mi propio argumentario y mi forma de entender el mundo. Yo ya no soy yo y mis circunstancias. Yo soy porque las circunstancias de los demás me son.

David Serrano conduce a Miguel Rellán y Secun De la Rosa cabalmente por el texto. Ambos carecen de una arrogancia que nos haga detestarlos y empatizar con los mochufos. Nos apiadamos de ellos. Suponemos que para eso están así escritos. Ambos nos parecen dos perdedores, dos antihéroes al estilo de un Ignatius J. Reilly (el protagonista de La conjura de los necios de John Kennedy Toole aquí plasmada en una revisión a modo de conjura de los Mochufos).

Los dos actores dotan a sus personajes de credibilidad, de verismo y saben regatear con el acerado texto, con su sarcasmo (y cinismo) aunque, ha de decirse, no queda espacio alguno para la poética (con la excepción de un final triste, el más próximo a una suerte de lirismo). Nos gustan ambos actores pues el texto encarnado en ellos viaja libre, sin trabas, ágil, convincente. El juego de llamadas telefónicas no cansa y queda bien incorporado. Entendemos la dificultad de traspasar una novela a la aventura escénica (no siempre comprendemos la necesidad de que se produzca ese salto) y podemos decir que, en este particular, las cosas funcionan gracias al buen trabajo de Jordi Galcerán y Jaume Buixó (sin dejar de contar con la influencia de la mirada de Serrano como director, cómplice con las observaciones del director de cine que es también).

Nos agrada, mucho, el diseño de espacio escénico de Alessio Meloni (nombre ya habitual en un abultado número de producciones).

Hay en este Los asquerosos una dosis milimetrada de egoísmo y piedad, de desolación y solidaridad, de dulzura, paternalismo y amistad. De escapatoria que convida al desgarro.

Nunca sabremos qué habría sido de Manuel en ese pueblo abandonado si no hubiesen llegado hasta allí otros habitantes. Tal vez, se  hubiese puesto a plantar árboles y a construir casitas para pájaros, a la labrar los campos, a preservar la naturaleza o, a lo mejor, hubiese optado por rehabilitar las casa del pueblo con sus manos hasta llegar a abrir un lugar de retiro de Yoga y meditación para gentes de la urbe. Nosotros, preferimos quedarnos con la primera opción. Vosotros, id al teatro para saber cómo terminó Manuel realmente.

 

LOS ASQUEROSOS.

PUNTUACIÓN:  3 CABALLOS  Y 1 PONI (Sobre 5)

Se subirán a este caballo: Quienes deseen toparse con una buena adaptación al teatro de una novela exitosa.

Se bajarán de este caballo: Quienes prefieran despertar su imaginación leyendo el libro original.

 

***

FICHA ARTÍSTICA

DIRECCIÓN: DAVID SERRANO

TEXTO: JORDI GALCERAN Y JAUME BUIXÓ, BASADA EN LA NOVELA DE SANTIAGO LORENZO

REPARTO: MIGUEL RELLÁN SECUN DE LA ROSA  

DISEÑO DE ESPACIO ESCÉNICO Y VESTUARIO: ALESSIO MELONI

DISEÑO DE ILUMINACIÓN: JUAN GÓMEZ-CORNEJO PILAR VALDELVIRA

COMPOSICIÓN MÚSICA ORIGINAL: MIGUEL MALLA

UNA PRODUCCIÓN DE OCTUBRE PRODUCCIONES Y TEATRO ESPAÑOL

 

 

***

Una crítica de Fjsuarezlema

foto

Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/www.mireinoporuncaballo.blog

Y en Instagram: https://www.instagram.com/mireinopor/

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s