DESAYUNA CONMIGO. Los habitantes de Leonia.

Cuatro personajes, dos hombres y dos mujeres, cuyas vidas se cruzan con el asunto del desamor, el engaño amoroso, como tema principal. Los cuatro parecen determinados por un reloj moral a intentar amar de otro modo, alejándose de las ideas preconcebidas que tenemos en torno a la idea de las relaciones amorosas.

Esta podría ser una suerte de sinopsis de la obra «Desayuna conmigo» que, escrita y dirigida por Iván Morales, nosotros hemos podido ver en el Teatro de La Abadía de Madrid.

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El mundo cambia a una velocidad imposible de controlar. Es líquido, en palabras del filósofo Zygmunt Bauman. Y esa textura acuosa lo asola todo, lo penetra todo. El amor no es escapa a tales infiltraciones.  Hoy día podemos hablar de la fragilidad de los vínculos entre las personas. Un vínculo es una estrecha relación basada en el paso del tiempo y en la continuidad. Pero las relaciones están cada vez más sometidas a los diálogos intermitentes, a las interrupciones y a las discontinuidades. Diríamos que la elección de una pareja sigue siendo algo importante para una gran parte de la población, pero al mismo tiempo, esa elección se ha matizado al ponerse en cuarentena el para siempre de un vínculo. La idea de para toda la vida está obsoleta. Y como idea, al igual que el resto de ideas en torno a la pareja, la familia, (y otros tantos asuntos humanos) responden a construcciones sociales y arquetipos. El amor puede ser entendido como un producto de marketing. La idea del amor. Una idea que está en la literatura que leemos, las pelis de netflix que vemos o en las canciones que escuchamos. Todo ello, y otros tantos factores, configuran una ilusión de realidad.

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En la presente propuesta, que nos trae Iván Morales, todo nos recuerda a la forma de vivir que tienen los habitantes de Leonia (una de las ciudades invisibles inventadas por Italo Calvino). En Leonia, todos sus habitantes quieren despertarse cada mañana y sentir que la vida que viven es nueva, fresca, no usada, de modo que al día siguiente lo que ya se ha usado sea descartado. Y ya se sabe que una vez que algo ha sido descartado, no se quiere volver a pensar en ello.

Aquí, los personajes se mueven en un registro concreto, signo de nuestros días, el neuroticismo como estado de ánimo, como estado de alerta ante lo que sucede a nuestro alrededor. Algunos de ellos planean irse a vivir al campo, para estar cerca del silencio; otros se imponen conducirse en base a preceptos Confucianos, y todos, en definitiva, desean cambiar de vida, dejar de ser lo que son. La añoranza por un futuro que no llega. La idea de profetizar para que se autocumpla. Lo que ocurre es que, aunque parezca que quieren sufrir lo menos posible, ser felices y no enredarse en los lugares comunes de las relaciones humanas, terminan por pisar el mismo suelo que el resto de los mortales. Diríamos que con sus actitudes, permanentemente intelectualizadoras, lo que consiguen es impedir que algo cuaje del todo.

La idea del título podríamos relacionarla con ese concepto de la búsqueda de la estabilidad frente a lo efímero. Todos los personajes saben que están asustados y que la vida no es ni será, jamás, una melodía perfecta y sin embargo siguen intentando dar con aquello que sea incontestable.

El mayor mérito de la pieza, más allá de estas oportunas disertaciones, tiene relación con las edades de las parejas. Nos gusta que no sean unos jóvenes perdidos, rebeldes sin causa, sino personajes que ya han pasado la treintena y con quienes la vida ha ajustado cuentas. Nos gusta, precisamente, porque es desde esas edades desde las que puede hacerse una lectura más sosegada del desencanto, de ese spleen de los que frisan los cuarenta (o pasan de los cuarenta y tantos). Y esto queremos elogiarlo. También nos gustan algunos momentos concretos: particularmente la escena en la que una de las actrices entrevista a otra con una cámara y la escena que ocurre en un coche. Ambas escenas poseen fuerza y están muy bien ejecutadas. Su texto, aunque un tanto presuntuoso, nos interesa. Lo que dicen y desde dónde lo dicen. Esto, junto a las mezclas musicales que acompañan las transiciones entre escena y escena, es lo que más nos ha gustado o llamado la atención.

Por desgracia, solo cubre una cuarta parte de la propuesta. Los otros tres cuartos, debemos ser honestos, nos resultan caóticos, desconectados y peligrosamente superfluos. La obra no consigue desembarazarse de un tono a medio camino entre ingenuo y afectado que la atraviesa de principio a fin. Hay muchas cosas que no cuajan o no terminan de hacerlo, que no se redondean, que no interesan, que parecen estirarse sin remedio de cortocircuito. La primera escena es un ejemplo notable: todo el diálogo entre el fisioterapeuta y su clienta nos resulta lastrado. Tedioso. Y una vez que se ha inoculado la idea, en esta y otras escenas, acerca de lo contradictorio que puede ser el amor y lo inevitable del punto de renuncia que conlleva, asistimos al énfasis una y otra vez sobre esta idea. Pierde su potencia como relato. El conflicto, que está diluido, es más intrapsíquico que interpersonal. Otra escena, la de los dos personajes masculinos, que se conocen y hablan de música, es increíblemente residual. Y la última escena, en la casa de uno de los protagonistas, que los reúne a todos en torno a un desayuno, adolece de una falta de ritmo que viene acumulándose desde el principio.

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Nosotros nos quedamos con una Aina Clotet que salva los muebles del montaje. Sus apariciones son, con diferencia, las más aprovechables de una pieza que puede alcanzar la hora y cuarenta y cinco minutos (aunque en los programas de mano diga que no llega a la hora y media).

Esta pieza, por su parte, pierde todo lo que podría poseer de dilemática y está bastante lejos de sonar como esas canciones que se quedan en la memoria. Sí, la vida nunca será una melodía. ¿Y el amor?: el amor siempre será un dilema.

 

DESAYUNA CONMIGO

PUNTUACIÓN: 2 CABALLOS  Y 1 PONI (Sobre 5)
Se subirán a este caballo: Quienes gusten de miradas en torno a las relaciones de pareja.

Se bajarán de este caballo: Quienes no gusten de miradas, trilladas, sobre las relaciones de pareja.

 

FICHA ARTÍSTICA

Autor y director: Iván Morales

Intérpretes:

Natàlia _ Anna Alarcón
Salva _Andrés Herrera
Carlota _ Aina Clotet
Sergi _ Xavi Sáez

 

Escenografía e iluminación _ Marc Salicrú
Música y espacio sonoro _ Clara Aguilar
Movimiento _ David Climent
Vestuario _ Míriam Compte
Ayudante de dirección _ Ona Millà
Ayudante de dirección, movimiento y regiduria _ Carla Tovías
Construcción escenografía _ Óscar Fernández (Ou)
Fotografía _ Sandra Roca y Ona Millà
Diseño gráfico _ Marc Rios
Una producción de _ losMontoya (pantalla&escena)
Producción Los Montoya _ Júlia Simó
Producción _ Clara Aguilar y Ona Millà
Distribución _ Àngels Queralt
Con el apoyo de _ Sala Beckett
Agradecimientos a _  Pau Gener, Sergi Casals, Lan Dry, Dask (in memoriam) y Centro Kine Gavà

 

Una crítica de Fjsuarezlema

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