UNAMUNO: Venceréis pero no convenceréis.

En su casa de la calle Bordadores, en Salamanca, pasó Miguel de Unamuno sus últimos días. Viudo, sin su mujer, Concha. Recluido contra su voluntad. Una reclusión forzosa por parte del régimen franquista que, en aquellos días, estaba a punto de entrar en Madrid con la consabida victoria que llegaría después y que dejaría a la España Republicana en manos de la dictadura de Franco durante años. Estos últimos días/meses de Unamuno, junto con algunos hitos importantes en su biografía, son los retales que componen la dramaturgia que es «Unamuno: venceréis, pero no convenceréis», obra protagonizada por José Luis Gómez y que hemos podido ver en el Teatro de la Abadía.

Hombre contradictorio y de personalidad esquiva, quizá quiso contentar a griegos y a troyanos. A hunos y a otros. Autor, pensador complejo y de semblanza equívoca, a diferencia de otros intelectuales que podríamos saber encajar en un lugar u otro, muchos dirían de Unamuno que era agnóstico, otros católicos hasta la médula, de derechas, de izquierdas. ¿Todo cabía en su pensamiento? Lo único claro es que apoyó al gobierno de la República en sus inicios, pero después se mostró contrario con Azaña al ver el rumbo que éste le comenzó a dar. Apoyo que brindó, también, al otro bando, al de los sublevados del 18 de Julio, hasta que fue conocedor de las verdaderas intenciones de estos.

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José Luis Gómez ocupa el escenario de La Abadía para dar la réplica, y nunca mejor dicho, a Miguel de Unamuno. Su rol es el de un actor que interactúa con la imagen elocuente del intelectual al que se enfrenta para hacerle una entrevista desde la intrínseca curiosidad que suscita su biografía, para plantearle una serie de cuestiones que resultan interesantes pero que no han de disipar la ambigüedad de algunos de los pensamientos del autor.

«Mi objetivo es agitar y molestar a la gente. No estoy vendiendo pan; Estoy vendiendo la levadura», decía Unamuno. Y es bien cierto que su levadura fermentó más que nunca en aquellos últimos meses del año 36. Se hace evocación, en la obra, de la biografía del filósofo vasco que, si en septiembre del 36 aún tenía fe en los nacionales, en octubre empezaría a mostrarse ya sobrecogido por la deriva de aquella guerra incivil, patológica, cruenta y reflejo evidente de una epidemia de locura.

Evocación hay también de su discurso en el paraninfo de la Universidad de Salamanca en donde era rector. Allí, el 12 de octubre, en un acto que el filósofo presidía, tuvo lugar su enfrentamiento al general Millán Astray, fundador de la legión y asesor oficioso de Franco. Antes de su discurso, le antecedieron los de Vicente Beltrán, José María Pemán y el del profesor Francisco Maldonado, que definiría el nacionalismo vasco y catalán como “cánceres en el cuerpo de la nación” que solo el fascismo podría extirpar con la precisión de un cirujano. (De aquellos polvos, estos lodos, podríamos decir).

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Quizá toda esta vehemencia inflamada y los gritos de «España, una grande y libre» hicieron que Unamuno tomase conciencia de por dónde iban los tiros. Su discurso era esperado por todo el auditorio y se puede resumir en el título de la presente obra. «Venceréis, pero no convenceréis». Esas fueron las palabras del intelectual que se vio respondido por el general Astray al grito de «Mueran los intelectuales», frase que tanto representa en la lucha entre esas dos Españas que se auto repudian, que se auto aniquilan. La España que cree en la libertad, en la voluntad y la cultura como motores de cambio y la que profesa su entrega a la sangre, a la fuerza, a todo aquello que esté lejos , muy lejos de la palabra y de la reflexión.

Nunca tuvo tanto sentido lo que decía Unamuno de que «sólo es libre una persona con conocimientos y mientras más sabe más libre es. No proclaméis la libertad de volar, sino se tienen alas para despegar».

Lo primero que nos interesa comentar de la obra, dirigida a dos manos por Carl Fillion y José Luis Gómez, es su espacio escénico y escenografía consistente en un juego de realidad y ficción bien ejecutado gracias a un espejo en el que el actor/actor ve proyectada la imagen del actor/Unamuno. Lo que se recrean son dos espacios, a ambos lados del espejo, que nos ubican en la España del 36 y en la España actual. Desde ahí, desde esa España dividida es desde donde se comunican los roles del actor y del personaje.

Debemos reconocer que nos gusta más el José Luis Gómez en su rol del filósofo. Tenemos la sensación de que el papel se le ajusta, se le entalla mejor e interpreta mucho más cómodo que cuando se interpreta desde sí mismo, como José Luis. También nos queda un regusto amargo por ver que, al menos hasta entrada la mitad de la obra, la interpretación de Gómez es demasiado sobria, demasiado fría y, que a medida que calienta en el escenario, gana en matices.

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Nos hubiera gustado toparnos con un texto que concediese mayor hondura a su mirada de memoria histórica antes que uno que es cartografía de un, bastante apático, testimonio de los últimos meses de Unamuno. La riqueza de aquel momento histórico es más que suficiente. Se nos presenta un tanto nebulosa la descripción de algunos pasajes. Por ejemplo, el discurso en el paraninfo de la universidad de Salamanca que parece ser epicentro de la obra, pero pierde su potencial de alto voltaje en aras de una descripción mucho más academicista en conjunto.

Figura compleja y paradójica, intelectual de altura, peso pesado de los agravios en una España deformada por canallas y mentes primitivas, (tan parecida a la de nuestros días, mutantis mutandis), una España que se autocensuraba y se auto precintaba a sí misma en un largo proceso que abarcaría cuarenta años, Unamuno, el escéptico, el honesto, el fascista, el rojo, el que quería ser padre de su porvenir más que hijo de su pasado, fue fiel a sí mismo y supo permanecer en un lugar de dignidad, pese a todo: la dignidad de quien dijo que un hombre podría morir de frío, pero nunca de oscuridad.

UNAMUNO: VENCERÉIS PERO NO CONVENCERÉIS

Se subirán a este caballo: Quienes acudan buscando un teatro a medio camino entre lo documental y la hagiográfico.

Se bajarán de este caballo: Quienes busquen un teatro a medio camino entre lo documental y hagiográfico pero esperen un retrato rico en matices del Unamuno intelectual y del Unamuno persona.

PUNTUACIÓN: 3 CABALLOS

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FICHA ARTÍSTICA

Dirección  Carl Fillion y José Luis Gómez

Intérprete: José Luis Gómez
Con la contribución textual y dramatúrgica de   Pollux Hernúñez
Espacio escénico   Carl Fillion
Escenógrafo asociado   Eduardo Moreno
Iluminación   Felipe Ramos
Videoescena   Álvaro Luna
Espacio sonoro Eduardo López
caracterización Sara Álvarez
Ayudante de dirección   Lino Ferreira
Escenografía Proescen y equipo de La Abadía
Vestuario Ángel Domingo
Utilería Teatro de La Abadía

Reseña de @EfejotaSuarez

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