NUDA. Aunque la propuesta (desnuda) se vista de seda.

Dos hermanas hacen el relato de su infancia y de una pérdida que las marcaría para siempre por medio de un espectáculo que combina acrobacias, teatro y música.

Esta podría ser una suerte de sinopsis de la pieza «Nuda» que con autoría y dirección de Daniele Finzi, nosotros pudimos ver en el Espacio Ibercaja Delicias, dentro del marco del Festival Internacional de Artes Escénicas.

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El marketing de esta propuesta estaba apuntalado, lo cual es legítimo: llegaba a Madrid «Nuda», pieza del creador de algunos éxitos de la Compañía «Circo del Sol» como «Luzia». Crearse una alta expectativa parecía razonable, pero ya se sabe qué ocurre cuando la expectativa es alta y, después, la realidad defrauda. Hemos de decir que acudíamos con mucho interés porque sobre el papel, lo que habíamos leído, parecía muy sugerente. Por desgracia, nuestras expectativas (y suponemos que las de una buena parte del público) no se cumplieron. 

¿Qué ocurrió para que esto fuese así? Pues varios motivos. Comencemos nuestro análisis.

En primer lugar, la falta de magia y de asombro. Lo que se presenta en «Nuda» dista mucho de poder relacionarse con algo mágico o asombroso. En escena, los cinco componentes tratan de darlo todo, pero la primera desconexión con el patio de butacas llega por la palabra. Pese a que se trata de una historia representada, una enorme parte de la propuesta recala en la oralidad y «Nuda» se vertebra desde la forma de un cuento narrado. Las dos principales narradoras, con acento portugués, tiran como pueden de un texto que se va transformando poco a poco en monótono, aburrido, alambicado, poco evocador y del que como espectador terminas desapegándote necesariamente. La historia gira en torno a dos hermanas que tratan de contarnos su fuerte relación desde la infancia y llevarnos a la emoción por medio de su narración en la que el foco se sitúa en las fortalezas tras un duelo. Uno podría pensar que con esos mimbres, la lágrima está asegurada, pero no sucede así: lo que se asegura es el bostezo. Sin ambages. 

Al margen de que las dos narradoras no concitan la emoción ni el interés del público con su manera de contar la historia, aún hay más. La narración trata de envolverse y arroparse en un exceso de dulzura y candidez que se hacen soporíferos (nótense los tonos de voz de las protagonistas, sus aspavientos impostados). Todo redunda y se percibe como un exceso de artificio que nunca llega a estallar poéticamente hablando.

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En segundo lugar, y siguiendo el mismo carril de la narración, nos fijamos en la parte circense y musical y, debemos reconocerlo, las cosas no mejoran. Los números de acrobacias, sin restarle valor, se hacen largos y repetitivos. Entendemos que están basados en la idea de subrayar lo enigmático así como lo lúdico del asunto que se cuenta, pero se quedan en artefacto que solo subraya la unidimensionalidad del conjunto. 

El apartado musical carece de un estilo que nos subyugue, que nos atraiga. Frente a esto, tenemos unos números musicales y unas coreografías que resultan tan infantiles que bien podrían haber salido de un espectáculo de fin de curso de un instituto de secundaria. No vemos originalidad, no vemos audacia y eso hace que uno se revuelva en su asiento. Varias personas del público se levantan transcurrido ya un setenta y cinco por ciento de la propuesta. Caras de enfado, de decepción por asistir a algo falto de ritmo y de magia. Nuestra perplejidad, en la misma línea.

Esperamos algo que no aparece. Esperamos que suceda algún momento cumbre y nada de nada. Miel sobre hojuelas para quienes gusten de espectáculos cándidos, sin profundidad. Debimos haber advertido que el título contenía algunas pistas. «Nuda» significa también «desnuda» y es así, en el fondo, como pensamos que termina esta producción: desnuda, en el sentido de que podemos reconocer en ella todas sus carencias. 

NUDA

PUNTUACIÓN:  2 CABALLOS  (Sobre cinco).

Se subirán a este caballo: Quienes disfruten de cuentos cándidos y carentes de profundidad escénica.

Se bajarán a este caballo: Aquellos/as que en lugar de asombro y magia sientan bostezos. 

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FICHA ARTÍSTICA

  • Creadores
    • Autor, director y diseñador de iluminación: Daniele Finzi Pasca
    • Música: María Bonzanigo
    • Escenografía y utilería: Hugo Gargiulo
    • Vestuario: Giovanna Buzzi
    • Diseño de vídeo: Roberto Vitalini
    • Gerente de producción y co-diseñador de iluminación: Marzio Picchetti
    • Escenografo asociado: Matteo Verlicchi
  • Artístico
    • Melissa Vettore
    • Beatriz Sayad
    • Jess Gardolin
    • Micol Veglia
    • Francesco Lanciotti
  • Producción
    • Consultor de producción: Antonio Vergamini
    • Director técnico y rigger: Nicolò Baggio
    • Fotografía, diseño visual, comunicación: Viviana Cangialosi
    • Project Manager: Estelle Bersier
    • Sistema de vuelo: Jean-Claude Blaser
    • Coordinador técnico – jefe de luces: Pietro Maspero
    • Ingeniero de sonido: Alessandro Napoli
    • Maquinista – Rigger: Marco Duvia
    • Asistente de vestuario: Amber Schumacher
    • Costurera: Sara Bianchi
    • Comunicación: Marta Hurle
    • Project Manager Assistant: Francesca Comin
    • Asistente de sonido: Leonardo Tibiletti
    • Asistente de diseño de vídeo: Mattia Brumana
    • Técnico: Pietro Introzzi
    • Preproducción: Tanja Milosevic
    • Booking internacional: Sarai Gomez.

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      Una crítica de Mi Reino Por Un Caballo

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