Un día antes de que finalizase el año 2025, decidimos acudir a una propuesta que el Grupo S Media lanzaba al público en su Teatro Alcázar de Madrid, situado en una de las zonas de la capital que más nos gustan y que, a la postre, luce todavía más exultante en fechas navideñas (la zona de Canalejas, en la confluencia de la calle Alcalá con metro Sevilla).

Habíamos leído sobre la propuesta del espectáculo al que acudíamos: «Un día menos, una hora menos» y teníamos la siguiente información de lo que se publicitaba como:
«Comenzamos el martes 30 de diciembre a las 22:00 interpretando música relacionada con el año nuevo, con las nuevas oportunidades que vienen, y con la mejor energía positiva.
Unos minutos antes de las 23:00, podrán salir voluntarios como «presentadores oficiales» de las campanadas, de forma divertida y diferente. ¿Quién sabe si de aquí puede salir la próxima Anne Igartiburu, Ramón García, ¿o “La Pedroche”?
A las 23:00 podremos celebrar juntos el nuevo año, tomando las “No uvas”: pueden ser 12 gominolas, Lacasitos, Conguitos, pistachos (sin cáscara, casi mejor), almendras, polvorones…o 12 melones, ¡si te atreves!
Y cerraremos por todo lo alto…con sorpresas que harán que recuerdes este concierto para siempre.
Habrá una parte de «micro abierto», previa selección para que todos disfrutemos, porque queremos que seáis vosotros los protagonistas y tengáis la oportunidad de cantar canciones conocidas por todos, con los miembros de la Orquesta Sinfónica Contemporánea de España, y coro, junto a su director artístico Juan Antonio Simarro.»
Sabemos que todo puede pintar bien sobre el papel, pero que otra cosa es la experiencia que cada cual se lleve. Dicho lo cual, también somos conscientes de que en la valoración de la experiencia entramos, legítimamente, en el mundo de la intersubjetividad. Con todo, intentaremos describir por qué para nosotros el paso por este espectáculo resultó completamente insatisfactorio. Frustrante.
Lo primero que nos llamó la atención al entrar fue la disposición del escenario para la ocasión: la apariencia era de abigarramiento o hacinamiento como si el control del espacio estuviese poco o muy pobremente gestionado. Todos los músicos de la Orquesta Sinfónica Contemporánea de España (ojo a lo grandilocuente y rimbombante del nombre) se sentaban con sus instrumentos en unas sillas un tanto aparatosas y, detrás, quedando ensombrecido, se disponía un coro que acompañaría a los músicos. Todo esto intentaba ser justificado por Juan Antonio Simarro, el propio director de la Orquesta, que advertía de que la idea era hacer un concierto como si estuviese en su propia casa. Digámoslo directamente: nosotros no le compramos la idea.
Simarro, hay que reconocerlo, puso todo su buen humor y los músicos y el coro toda su buena voluntad y, aun así, la sensación final que nos llevaríamos se ajustaría, como un guante, a aquello de que «la operación fue un éxito, pero el paciente ha muerto». No faltaron las buenas intenciones (ni unas primeras filas de amigos e invitados que jaleaban, de forma festiva e impostada, cualquier intervención de la orquesta y del director) y, sin embargo, las buenas intenciones no fueron suficientes para disimular un espectáculo que bien podría haberse realizado en la antesala de un fin de año de 1999. Trasnochado, decadente, alejado de cualquier espíritu actualizado y casi pensado para un nicho o un target que dejaría fuera, por completo, a la gente más joven. Tengamos en cuenta que las canciones que algunas de las canciones que se interpretaron en el escenario (y se ofrecían para cantar en modo karaoke) pasaban por «one hit wonders» de Ella Baila Sola («Amores de barra») o «Tenía tanto que darte», de Nena Daconte, «Resistiré», del dúo dinámico, la ranchera clásica de «El Rey» de José Alfredo Jiménez o el tema «Un año más», de Mecano de su disco «Descanso dominical», del año 1988 (convertido ya en un tema recurrente que no ha dejado de sonar cada noche vieja en España).
Más allá de estos temas musicales (que para gustos, pues mire usted, colores), el repertorio se completaría con otras composiciones propias de Simarro (como el «Tango para dos amantes» que terminaría sonando en los JJ.OO de París en 2024).
No podemos dejar de señalar que al escenario se subiría una de las cantantes del dúo «Ella baila sola» (para cantar el «amores de barra») y que también vimos allí a la cantante canaria Rosana que salió, como pudo, de lo que tenía toda la pinta de una encerrona para cantar un villancico. Y pese a estos nombres conocidos, la que más «brilló» en el escenario fue una de las cantantes que acompañaba a Simarro. De nombre Eva, créannos que cumplía a rajatabla aquella popular frase apócrifa atribuida, supuestamente, a una crítica realizada desde el periódico The New York Times; aquello de «ni canta, ni baila, pero no se la pierdan» que ya ha pasado a formar parte de la cultura pop de nuestro país (y que, ojo, es un fake en toda regla, una trola, porque no existe en los archivos del New York Times ninguna crítica con esa frase). Pues de Eva, la cantante que sale al escenario junto con Simarro y con otro vocalista varón, podríamos decir lo mismo: su magnetismo, su carisma, reside en su entrega, en su voluntad de darse al cien por cien como un auto mandato, pese a sus limitaciones vocales. Esa entrega encendida lo eclipsaba todo mediante sus gestos, sus aspavientos, su ingenua y atrevida manera de buscar el foco. Eva, si lees estas palabras: nos quitamos el sombrero con tu «buenrrollismo» abrumador.
Por descontado, Eva no fue suficiente para levantar tal empresa y (lo peor) es que el espectáculo, concebido como un concierto/show con el que el propio Simarro nos decía que daría la bienvenida al nuevo año a los amigos que recibiese en su casa, no contaba con que el público asistente era más variopinto que el formado por su círculo de amistades y que, seguramente, en su casa habría unas buenas bandejas de aperitivos, canapés y espirituosos y así cualquiera podría relativizar la importancia de la música que sonase de fondo.
Ergo, en conclusión: ¿faltaron canapés, aperitivos y espirituosos para que disfrutásemos más de toda la experiencia? A decir verdad, no. Un rotundo no. Lo que faltó, y ténganlo presente para futuras ediciones (si es que se repite como propuesta), fue una extraordinaria capacidad de combinar un equilibrio entre el buen gusto (en la selección de canciones) y la voluntad de llegar a un amplitud de espectadores (más apegada a las tendencias actuales).
UN DÍA MENOS, UNA HORA MENOS.
PUNTUACIÓN: 2 CABALLOS (Sobre cinco).
Se subirán a este caballo: Quienes crean que encontrarán un producto equilibrado entre música y divertimento.
Se bajarán a este caballo: Quienes, como nosotros, terminen hallando un artificio desprovisto de todo equilibrio.
***
Ficha artística
Orquesta Sinfónica Contemporánea de España.
Director artístico: Juan Antonio Simarro.
***
Una crítica de Mi Reino Por Un Caballo
Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/www.mireinoporuncaballo.blog
Y en Instagram: https://www.instagram.com/mireinopor/
***
