Cruella, una poderosa influencer, comienza a temer por su reinado en las redes sociales al ver como Anita, su community manager, crea una cuenta en la que los protagonistas son sus perros dálmatas y logra hacerse viral y muy popular arrebatándole así ese privilegio a Cruella. Esto desencadenará una lucha de poder entre ambas por ver cuál de las dos se hace con el prestigioso premio Frívolo.
Esta podría ser una suerte de sinopsis del espectáculo «101 dálmatas. The show» que, dirigido por José Félix Romero y protagonizado por María Adamuz, nosotros pudimos ver el Gran Teatro Caixabank Príncipe Pío, en Madrid.

El show que se levanta en el espacio del Caixabank Príncipe Pío, parte de la popular obra The Hundred and One Dalmatians (1956) de la escritora inglesa Dodie Smith (aunque su obra cumbre, según la crítica, sería otra anterior llamada «I capture the Castle«, publicada en 1948).
Es cierto que la sustancia de la que bebe este «101 dálmatas. The show» intenta dejar claro, en su web y en su promoción, que más allá de la inspiración en la obra original de Smith, aquí se verá otra cosa. Para que el público no se lleve una sorpresa: aquí lo único que queda del original de la escritora inglesa son ideas reducidas a «esencia» por ejemplo la presencia de los perros, Pongo y Perdita, y del personaje que debería ser el trasunto de una Cruella de Vil. Todo se asemeja un poco más a la idea guionizada por Disney en 1961 que, al fin y al cabo, es la principal impronta heredada de la novela original. Tenemos, así, a Cruella de Vil, los perros y a los personajes de Anita y Roger. Hasta aquí todo el rastro posible de la idea original y su derivado en animación.
No diremos que no nos parezca estupendo innovar y añadir o quitar elementos para recrear una historia diferente partiendo de la premisa principal e identificable por el público, pero (sí, hay varios «peros») siempre y cuando esos cambios empujen o sirvan de palanca para una emancipación triunfante por medio de la obtención de una historia interesante y que cautive. ¿Es este el resultado de «101 dálmatas. The Show»? Diríamos que en absoluto.

La Cruella que se retrata en el presente espectáculo se transforma en una influencer del mundo digital como reina de la moda (sí, a nosotros también no viene a la mente «El diablo viste de Prada»). Este personaje encuentra (o trata de encontrar) su contrapunto en su némesis: el personaje de Anita (que hace de community manager de Cruella) y que decide dar el salto a las redes sociales y rivalizar con su jefa. La historia, que hasta este punto podría parecer aceptable como idea, descarrila por completo en medio de una no-trama y de unos números coreográficos y musicales que se mueven a medio camino entre lo naif y lo irritante.
Nos enfrentamos a seguir una historia que no alcanza a convencer a niños (que probablemente acudan por la idea de los dálmatas) ni a adultos (a no ser que sean fans, muy fans, de los covers o versiones de canciones actuales y no tan actuales que van desde Sia al «My way» de Sinatra). Todo cobra, demasiado pronto, una aureola tan excéntrica y surrealista que no invita a introducirse en una historia lo suficientemente carente de interés desde el patio de butacas. Ni siquiera el marchamo de «números y coreografías espectaculares» encaja en el popurrí del que somos testigos.
Ninguno de los personajes despierta simpatía e incluso Anita se nos hace odiosa por sus aspavientos de mujer obnubilada con la fama y la popularidad de las redes. Si se deseaba elevar el espectáculo con la reflexión en torno al mundo de los creadores de contenido y su vacuidad o superficialidad, ésta reflexión no procede aquí en tanto en cuanto toda la «trama» (entrecomillemos lo de «trama») deriva en pobrísimo ejercicio intelectual así como en hipertrofiado ejercicio de estilización. Las canciones (la mayoría versiones) nos sacan del todo. No crean un efecto que potencie nada y, al final, la historia se separa de la parte musical de manera inevitable.

Sabemos de la existencia de un musical estrenado en Londres en este mismo 2025, en el Eventim Apollo, (que solo estaría seis semanas en cartel en este verano) y basado también en «101 dálmatas». Sería el pariente más cercano del que vimos en el Gran Teatro Caixabank Principe Pío. Pero sabemos también que el estreno londinense contaba con canciones originales compuestas por Douglas Hodge (que crearía dos mundos musicales distintos: uno para los perros y otro para Cruella) y en esto se aparta mucho de la idea presentada en Madrid. La Cruella de la versión Londinense no es presentada como una influencer digital, sino como una fashionista inspirada en los años 50 mucho más fiel al espíritu del libro de Dodie Smith y al clásico de Disney.
La Cruella que encarna María Adamuz, actriz muy bregada en musicales, no nos emociona ni nos transporta al mundo que esperaríamos de la Cruella de Vil que está en el imaginario. De nuevo, no estamos ante una Cruella apegada al personaje que tenemos en mente. El papel de Anita (Anabel García) y su pareja Roger (Fran Romero) se quedan en una sonrojante caricatura. Podemos asegurarles que los gorgoritos de Romero nos sobresaltaban en la butaca y que el enfatizado de candidez de la pareja nos sumía por completo en una pertinente desconexión escénica.

¿Lo mejor?: los perros hechos a modo de marionetas (obra de Valiana Areco) que nos recuerdan, para bien, a los creados por Toby Olié (imprescindible su trabajo para elaborar las marionetas de los dálmatas en el estreno de «101 dalmatians» en el Regent’s Park Open Air Theatre en el año 2022 en Londres). Ojalá la producción que dirige Romero se pareciese en algo a esa delicioso montaje visto en el Regent’s Park. No es el caso.
Un musical que remite a «101 dálmatas», pero que se distancia deliberadamente de «101 dálmatas» para emerger como artefacto pseudo camp innecesario, implica asumir una contradicción y, por ende, un riesgo importante. Entendemos que el órdago, a veces, funciona, pero en muchos otros casos es un «all in» parecido al póker que hace que se gane la partida o que se pierda sin remedio.
Y por las líneas que hemos escrito hasta aquí comprenderán que, a nuestro juicio, este órdago musical, redoble de tambores, termina… en una partida perdida. Señores y Señoras, niños y niñas: Dodie Smith nunca estuvo aquí.
101 DÁLMATAS. THE SHOW
PUNTUACIÓN: 1 CABALLO (sobre cinco).
Se subirán a este caballo: Quienes, incautos e incautas, crean que van a presenciar algo que remita al universo creado por Dodie Smith.
Se bajarán a este caballo: Quienes huyan de productos fútiles y adulterados.
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Ficha artística
Basado en la novela: Dodie Smith.
Dirección: José Félix Romero.
Elenco:
Cruella: María Adamuz. Anita: Anabel García. Roger: Fran Moreno. Gaspar: Daniel Garod. Horacio: Ezequiel Rojo, Sergio Arce. Policia bueno: Manuel Ramos. Policía malo: David Velardo. Swing Cruella: Mary Capel. Swing Anita: Marta Oliva
Directora de producción: Cristina Sánchez.
Arreglos musicales: Pablo Navarro.
Diseño de vestuario: Eduardo de la Fuente.
Creadores y arreglistas del concepto musical original: Koke Alzaga y Javier García Cordero.
Adaptación guion original: Macarena Hernández-Gil.
Escenografía: David Pizarro y Roberto del Campo.
Dirección técnica: Carolina Mesa.
Diseño de iluminación: Ezequiel Nobili.
Programación de luces: Diego San Martín.
Diseño de sonido: Tuti Fernandez.
Ayudante de vestuario: Jose Cantero.
Sastra: Natalia Muñoz.
Ayudante de Sastrería: Ainhoa del Castillo.
Ayudante de producción: Macarena Díaz.
Diseño de pelucas y maquillaje: Mika Lai.
Diseño de marionetas: Valiana Areco.
Diseñador gráfico: Cristina Soria.
Foto y video: Nelson Parà.
Marketing: Celia del Barrio.
Comunicación y prensa: Fernando Pizarro.
Producción: Gran Teatro CaixaBank Príncipe Pío
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Una crítica de Mi Reino Por Un Caballo
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