En una pequeña tienda de artículos de segunda mano en la ciudad de Chicago, tres amigos, Donny, Teach y Bobby, se enzarzan en un plan para robar una valiosa moneda que uno de ellos vendió a bajo precio por error. El plan, en apariencia sencillo, se transformará en una espiral endiablada de suspicacias, desconfianza, traición y violencia.
Esta podría ser una suerte de sinopsis de la obra, «American Buffalo» que, con autoría de David Mamet, traducción de Borja Ortiz de Gondra, dirección de Ignasi Vidal y un reparto formado por Israel Elejalde, David Lorente y Roberto Hoyo, nosotros pudimos ver en el Teatro Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa.
Bienvenidos/as al teatro mametiano: el que usa de forma implacable el lenguaje. El que se hace eco de cómo la gente habla en la calle. El de la jerga y el coloquialismo. El teatro que se abastece de lo sincopado, el que teje sus mejores diálogos en el subtexto, el que muestra lo que los personajes hacen por encima de lo que los personajes sienten. El de un escritor, actor, guionista y ensayista autor del Premio Pulitzer por «Glengarry Glen Ross» en el año 1984.
Al adentrarnos en este «American Buffalo», nos encontramos con un drama de perdedores. Los personajes que habitan esta historia, tres y bien diferenciados, son el reflejo de lo que el autor desea hacer de forma habitual en sus obras: exponer una realidad sin tratar de explicar o de consolar. La idea en este «American Buffalo» es certera: “La oportunidad puede llamar a la puerta, pero rara vez insiste.” Y es por ese microcosmos de oportunidades que no se pueden perder, por donde transitan Donny, Bobby y Teach.
Donny es el dueño de una pequeña tienda de objetos de segunda mano. Ha hecho la venta de una moneda a un tipo y se ha dado cuenta, a posteriori, de que la moneda que vendió tenía mucho más valor. Se aliará con Bobby, un joven adicto con el que mantiene una relación protectora y paternalista. Todo parece seguir su curso hasta que entra en acción Teach: un conocido de Donny cuyos modales son algo paranoicos y agresivos. Éste intentará tomar el control proponiéndole a Donny dejar a Bobby fuera de la ecuación y unirse solos los dos en la idea de asaltar la casa del comprador de la moneda y hacerse con ella.
Los tres personajes son un claro ejemplo del cuestionamiento que Mamet hace de las masculinidades rotas, dañadas. Los tres hombres terminan agonizando en sus propios lodos. Pese a querer aparentar ser fuertes y ambiciosos, a su manera, los tres hombres son ejemplos de inseguridades, de deslealtades, de impotencia o de violencia. Ese retrato de una masculinidad tóxica no proviene directamente de un discurso conscientemente feminista (no, al menos, en Mamet), sino de otros lugares. Por ejemplo, del análisis que el autor hace al vincular la agresividad masculina con «las «operaciones cotidianas del capitalismo» (citando a Springer, 2020). Para Mamet, otrora autor elogiado desde posiciones liberales o progresistas, los hombres han sido educados para competir, dominar o ganar (y más en el país donde nació: Estados Unidos). Pero pese a haber sido educados para todo eso, Mamet parece decirnos que esos hombres (y esas masculinidades tradicionales) habitan un mundo donde esas reglas, «competir, dominar o ganar», ya no son garantía de éxito ni de respeto.
Los tres personajes de este «American Buffalo«, escrita en 1975, pueden ser vistos a día de hoy como tres masculinidades en crisis y alguno más misógino que el otro en sus modos de referirse a las mujeres (y a las lesbianas, en particular). De los tres, parece ser Teach el que cuenta con más papeletas para soliviantar y para ejercer, a su manera y a través del lenguaje, la condición de bardo o rapsoda de la mala hostia. De bardo o rapsoda de la fachosfera (concepto éste que, obviamente, Mamet no conocía cuando escribió su obra). Teach es el más paranoico, el más «Make American Great Again«, el más encadenado a una filosofía falsamente estoicista (en la línea de un Jordan Peterson) que, al final, nos demostrará ser el más frágil, el más cobarde, el menos trigo limpio de los tres.
Ciertamente ningún personaje está construido desde la heroicidad ni desde la idea de portavoz de una ideología y, aún así, es fácil cogerle tirria a Teach, al mismo tiempo que, al final, es fácil devolverle nuestra mirada de conmiseración pues, de los tres hombres, se trata del más roto y desfigurado por la ambición y la codicia. El más excluido del sistema económico, el que más ha logrado sobrevivir a los envites del tiempo a base de una soberbia embebida en pura defensividad. Su desconfianza paranoica y su trampeo para poder llevarse lo que sea posible de la cruda realidad lo arrojan a la práctica del sabotaje, del regateo o del sarcasmo como escudos protectores. Su convicción de que él sabe más que los demás es también su mayor lastre relacional. Imagínense interpretar a un personaje así. Complejo, todo un reto. El desafío recae en el actor Israel Elejalde de quien podemos decir que se mueve como pez en el agua y encarna a un Teach impecable. Nos quitamos el sombrero.
Siguiendo con otro de los personajes, tenemos a Donny, el dueño de la tienda y a quien encarna David Lorente. Lorente nos convence por completo, nos fascina. Se pone en el traje de ese Donny inseguro, que parece afable y apacible, pero que está siempre al borde de una explosión de cólera. Detrás de su fachada de hombretón curtido, asomará toda su vulnerabilidad. Donny es otro perdedor en el marcador del sistema, otro fracaso del sueño americano que parece haber asumido que solo puede sobrevivir si es capaz de fingir no ser débil puesto que, en el mundo codicioso y de competencia desmedida que nos presenta Mamet, no hay lugar para los débiles. O sí: su lugar es una pequeña tienda de segunda mano y una vida precaria. Lorente está para comérselo. Atractivo y poderoso en el papel de un tipo paternalista, protector de un joven adicto llamado Bobby y, aunque sepultado bajo algunas capas de rudeza, Donny se nos muestra necesitado de validación, de afecto. Su rol de mentor es el que le hace sentirse útil y de ahí que cuide de Bobby y vele por él y lo incluya en sus planes, pese a que su forma de tratar a Bobby recaiga en cierta infantilización del muchacho: le trata como alguien que no pudiera pensar por sí mismo, refuerza su papel de «inmaduro» en el grupo, le asigna tareas simples como hacer recados, vigilar a un tipo, etc.
Bobby, papel interpretado por el actor Roberto Hoyo, es el más joven del trío de hombres, en apariencia el más frágil por su dependencia emocional y por su estatus de excluido social. Funciona como contrapunto a los exabruptos salidos de alguien como Teach y frente al paternalismo y moralidad afectada de Donny. Necesita ser incluido, protegido, considerado. A ojos de Donny, la adicción de Bobby es algo que el chico tiene a raya (tal vez porque en el fondo Donny asocie los logros de Bobby a su empeño por cambiarlo y reconducirlo: si el joven fracasa, lo hace igualmente Donny). A ojos de Teach, Bobby es un inmaduro, un irresponsable y un adicto en el que no se puede confiar. Sin nobleza. Capaz de resquebrajar la lealtad fácilmente. Hoyo encarna a Bobby con una ternura y una vulnerabilidad verosímiles y ahí radica el logro de su interpretación.
Poco a poco, el juego de lealtades va desmoronándose en escena. El robo nunca llega a ejecutarse y, mientras tanto, asistimos al enfrentamiento entre los personajes fruto de sus inseguridades, de sus suspicacias, de sus descomunales impotencias.
Las tensiones van en aumento en este thriller maravillosamente dirigido por Ignasi Vidal. Podemos entender la exigencia de precisión quirúrgica en el trabajo de los tres personajes. En manos de Vidal, los tres intérpretes suenan naturales, se mueven con la cadencia esperada, sin fisuras, sin artificios, y se logra mantener el in crescendo de la tensión hasta el final.
Mamet nos sitúa frente a una reflexión alrededor de la codicia, de la competencia y la traición como grandes ejes temáticos. Nos muestra que el lenguaje, cuando se daña y no se repara, converge en la violencia, en una herramienta de manipulación y amenaza. Nos trae a tres personajes a los que la ambición desesperada les frustra y empuja hasta el abismo de la máxima hostilidad. Por suerte, y a pesar de las señales de pesimismo antropológico, Mamet esgrime una pequeña bandera blanca en pro del comportamiento ético en medio de la adversidad y esa tienda, que podría haber sido la tienda de los horrores, se queda en la tienda de los errores.
La ética, parece querer mostrarnos el autor, también puede tornarse en ejercicio de resistencia y así lo vemos en unos personajes que se sostienen en medio del colapso de sus mundos.
AMERICAN BUFFALO PUNTUACIÓN: 4 CABALLOS (Sobre cinco).Se subirán a este caballo: Quienes gusten de adentrarse en una historia de perdedores y codicia escrita por el gran David Mamet.
Se bajarán a este caballo: Quienes busquen un teatro fácil y acomplejado.
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Ficha artística y técnica
Autor: David Mamet Traducción: Borja Ortiz de Gondra Dirección: Ignasi Vidal Reparto: Israel Elejalde, David Lorente y Roberto Hoyo Productor ejecutivo: Maxi Martínez Escenografía y utilería: David Pizarro y Roberto del Campo Iluminación: Felipe Ramos Vestuario: Sandra Espinosa Música: Marc Álvarez Director Creativo: Ángel Viejo Directora de producción: Nuria Chinchilla Audiovisuales: Stefano di Luca Producción: Showprime Distribución: Karma Distribución***
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