GRAN CIRCO ACROBÁTICO DE CHINA. ARDER PARA RENACER

Un niño soñador entra en un mundo de fantasía en el que ve a una hermosa hada fénix que vuela sobre el mar. El niño se siente atraído por su belleza y se precipita y cae en el agua.

Esta podría ser una suerte de sinopsis del espectáculo que mostró en escena el Gran Circo Acrobático de China y que nosotros pudimos ver en el Teatro Gran Vía, en Madrid.

Ay, China, la gran China, el gigante asiático, la civilización milenaria, la fábrica del mundo. Podríamos seguir con frases hechas, pero no es nuestro objetivo. China está muy por encima de frases hechas y de lugares comunes. Centrándonos en la parte que nos ocupa, la de lo circense, sabemos que el país asiático atesora una de las tradiciones más antiguas en este arte. Una tradición que se remonta a 3000 años atrás en el tiempo y que bajo el nombre de Zájì (杂技) comprende el dominio de combinación de técnicas de acrobacia, contorsión, equilibrios, malabares, danza y teatro.  El epicentro histórico que atesora las artes circenses tradicionales se encuentra en Wuqiao, en la provincia de Hebei y allí se encuentran el Museo del Circo y escuelas legendarias.

Este arte circense muestra su progresión y evolución en compañías de renombre como la del Gran Circo Acrobático de China que ha sabido seguir la tradición milenaria que comenzó primero en espectáculos destinados al pueblo en las plazas de las ciudades y los pueblos de China.  

Lo que vemos en escena en el Teatro Gran Vía, es una mezcla de estas artes Zájì donde más de treinta profesionales hacen un despliegue del dominio de sus técnicas para asombro y disfrute del púbico presente.

El espectáculo se estructura en 4 actos y en cada uno de ellos hay potencia escénica y trabajos de diferentes disciplinas destacando los números de equilibrios, de saltos, de malabares con platos giratorios. Muchos de ellos son estupendos en su ejecución, aunque hay que decir que en un par de números se produjeron algunos fallos que, siendo sinceros, no restaron calidad al espectáculo sino que despertaron la empatía del público.

El número que a nosotros más nos impactó, pese a su sencillez, fue el de los malabares con bolas que una profesional bordó en una actuación que fue aumentando su dificultad progresivamente hasta preguntarnos cómo era posible tal nivel de destreza con dos manos y más de siete bolas. El efecto creado era asombroso y el trabajo realizado en ese número resultaba brillante. Ovación impepinable.

No faltó el humor con una serie de números mas ligeros y destinados a arrancar una sonrisa del público ni faltaron tampoco las danzas acrobáticas creando escenas visuales de gran belleza.

Detrás de todo esto, encontramos una historia aderezando toda la propuesta: un relato de resiliencia con aves cantoras, sombreros voladores y la lección de coraje del siempre inspirador y mítico ave Fénix que nos dice que renacer o reinventarse es posible. En este contexto circense y acrobático, de cuerpos desafiando los límites, de profesionales brindando la mejor esencia de su trabajo físico, el fénix representa también la elevación física y espiritual.

Así que, además de llevarse un buen rato de casi dos horas de espectáculo, el público puede salir reflexionando acerca de que los desafíos que encontremos en el camino siempre pueden servir para transformarnos.

Y como no podemos evitar ponernos intensos, recuerden que arder sí, pero siempre para renacer.

GRAN CIRCO ACROBÁTICO DE CHINA

PUNTUACIÓN:  3 CABALLOS (Sobre cinco).

Se subirán a este caballo: Quienes disfruten con los buenos trabajos de acrobacias, equilibrios y malabares.

Se bajarán a este caballo: Quienes crean que les ha faltado algo más de riesgo y menos épica en escena.

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Ficha artística

Gran Circo Acrobático de China.

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Una crítica de Mi Reino Por Un Caballo

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