NBCU, NEON y LetsGo Company han sumado sinergias para traer a Madrid, al Espacio Ibercaja Delicias, el parque temático de «Jurassic World: The experience» y nosotros, por supuesto, quisimos estar allí.
Las ganas de la exposición temática de «Jurassic World» eran muchas y las sensaciones previas eran buenas aunque hay que decir que en nuestro caso ayudaba que somos fans de la saga de «Jurassic Park» desde su primera entrega en 1993 (tenía yo 13 años por aquel entonces cuando se estrenaba en España en septiembre de ese año). Todo el imaginario de dinosaurios animatrónicos junto con las técnicas GGI rondaba por nuestras cabezas. ¿Veremos algunos de los dinosaurios animados que crearon, entre otros, Richard Landon, Michael Trcic y Armando Gonzales? Sabíamos que para la película se habían construido dos T-Rex animatrónicos: uno de cuerpo completo y otro solo del torso para poder grabar tomas más precisas. El más grande sobrepasaba las 4 toneladas y contaba con nada menos que 57 funciones hidráulicas y sus ojos era controlados por radio. ¿Alguno de ellos estaría en las instalaciones de «Jurassic World: The experience»? Cruzábamos los dedos.

Al entrar en la exposición temática interactiva, lo primero que nos van a hacer es una foto con un fondo recreado que, al término de la visita, podremos comprar. Pasado esta primera zona de merchandising nos recibe alguien de la organización que nos explica un poco lo que podremos disfrutar. En ese momento, la emoción es importante y se puede palpar en las caras de los niños que esperan y también de los adultos que estamos a punto de entrar. Allá vamos.
Atravesamos un corto pasillo y accedemos a una sala que recrea el ferry que nos conducirá a la isla Nublar y en el que un joven del equipo del parque comienza a evocarnos hacia dónde nos dirigimos tratando de recrear la situación (todo ayuda aunque sepamos que es un «como sí». ¿Acaso el cine no es también un gigantesco «como si»?. En el ferry, un video explicativo nos introduce al mundo de los dinosaurios. Poco después, unos grandes portones se abren y accedemos al recinto en el que se recrean las puertas de «Jurassic Park» y donde nos espera un Brachiosaurio paciente, herbívoro de larguísimo cuello para deleite de decenas de móviles que graban sus movimientos. Un rato en esta sala para seguir avanzando a la del laboratorio donde nos recibe siempre personal del parque.

Es en la sala del laboratorio donde asistimos a la observación de pequeños huevos dentro de unas modernas cámaras que nos permiten interactuar con unos monitores de ordenador que nos informarán de la especie que hay dentro de cada huevo. También en esta sala hay una estantería destinada a guardar las famosas piedras de ámbar en las que se encuentran fosilizados los mosquitos que contienen el ADN de los dinosaurios. La sorpresa, en esta sala, llega cuando el personal del laboratorio nos comenta que van a abrir una puerta y van a sacar a un bebé dinosaurio para poder tomarnos fotos o videos con él y acariciarlo. Todo está bien presentado y estupendamente evocado. La idea funciona y la magia se dispara cuando, después del Brachiosaurio que nos ha recibido en la entrada, podemos acariciar, siempre con el dorso de la mano, al primer bebé dinosaurio que sale en brazos de un cuidador. Sabemos ante qué nos encontramos, obviamente, un muñeco, pero nos dejamos llevar por la sugestión del momento y nos fijamos en sus ojitos, en los movimientos de su cabeza, en los sonidos que emite y, sí, sonreímos con ternura a sabiendas del placebo que hay detrás de todo. Una fila de personas (no muy larga porque todo está bien organizado y solo pasamos en grupos de un aforo determinado) espera su turno para acariciar al bebé dinosaurio (sí, nosotros también).
Por aquello de no revelar detalles que sólo se pueden y deben disfrutar asistiendo a «Jurassic World: the experience», diremos que la visita continúa in crescendo en emociones y que las más intensas están aún por llegar.
Habrá dos salas más en las que podremos tocar y acariciar (y tomarnos fotos/vídeos) con más bebés dinosaurios (nuestro favorito el bebé raptor que se encuentra en la sala de las girosferas). Asistiremos también a una sala donde se encuentran varios velociraptores encadenados (de los que solo podremos ver los animatronics de sus cabezas) y un espacio dedicado a un entrenamiento con Blue, la velociraptor más popular de la trilogía «Jurassic World» (no presente en las tres películas originales de «Jurassic Park» pues Blue, la velociraptor con rayas azuladas, fue introducida como parte de una nueva generación de dinosaurios modificados genéticamente; tal modificación genética tiene su paroxismo en la más reciente entrega protagonizada por Scarlett Johansson que se estrenó este mes de julio de 2025).

Lo mejor, a nuestro juicio, acontece en el último tramo de la visita: por un lado la exhibición de un Indominus Rex que es alimentado detrás de una valla electrificada. De este animatrónico observamos una talla no completa, pero bien elaborada de su enorme cabeza y de una pequeña parte de su cuerpo. Estupendo. Para finalizar, el punto álgido ya se imaginarán ustedes, sucede con la recreación del T- Rex, que pone la guinda al pastel.
El T-Rex se nos exhibirá en una última sala que recrea un vallado electrificado y en el que el personal del parque insiste en que no nos movamos porque el T-Rex detecta nuestro movimiento. Todo se acompaña de la envolvente de luces más bajas, un ambiente de tensión, de alarma con un resultado maravilloso. Lo mejor es la presentación de este animatrónico: la joya de la corona de la exposición dadas sus dimensiones y su envergadura.
Realmente es impresionante y entendemos bien el trabajo inmenso de movimientos hidráulicos que hay en este coloso. La estructura de la reproducción de T-Rex a tamaño completo y podemos ver casi toda su fisionomía lo cual se agradece mucho. Es el momento cumbre de la experiencia y el que le da sentido a todo lo demás.
El sonido ayuda al recrearse, en perfectas condiciones, su famoso rugido elaborado con una mezcla de sonidos de elefante bebé, caimán, tigre, ballena y hasta el perro del diseñador de sonido. Así, el rugido del Tyrannosaurus fue creado al mezclar esos sonidos, con una base de un elefante bebé trompeteando. Los gruñidos y retumbos, por ejemplo, se lograron combinando los sonidos del caimán y el tigre. El resoplido se hizo usando el sonido de la exhalación del orificio nasal de una ballena y el gruñido que hace el Tyrannosaurus cuando sacude a un Gallimimus (en la primera película de todas del año 1993 y dirigida por Spielberg) lo grabó el diseñador de sonido gracias a los ruidos que hacía su Jack Russell mientras jugaba con este a tirar de una cuerda.
Por el buen rato que nos ha ofrecido, ¿podemos recomendar esta experiencia? Sin temor a equivocarnos diremos que sí pues en ella, (y déjennos ahora parafrasear al personaje del Dr. Ian Malcolm, interpretado por el actor Jeff Goldblum): «la diversión se abre camino».
JURASSIC WORLD: THE EXPERIENCE
PUNTUACIÓN: 3 CABALLOS (Sobre cinco).
Se subirán a este caballo: Quienes quieran sentirse, por un día, como el Dr. Alan Grant o la Dra. Ellie Sattler cuando posaron sus manos sobre un Triceratops tendido en una pradera de Jurassic Park.
Se bajarán a este caballo: Quienes no tengan alma de paleontólogos. Ni alma de niño/a o adolescente capaz de recordar, con cariño, la saga de de Jurassic Park.
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Ficha artística
Jurassic World: The experience
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Una crítica de Mi Reino Por Un Caballo
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