LA COMEDIA DE LOS ERRORES. Con la punta de la espada

Dos parejas de gemelos que no se conocen se encuentran en la ciudad de Éfeso. Allí se enredarán en un juego de identidades mezcladas y disparatadas confusiones.

Esta podría ser una suerte de sinopsis de la obra «La comedia de los errores» que, con texto de William Shakespeare, versión de Albert Boronat y dirección de Andrés Lima, nosotros pudimos ver en el Teatro de La Latina, en Madrid.

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Ojeando el programa de mano, ya nos damos cuenta de que Andrés Lima, el director, al que vemos moverse por el pasillo antes de que comience la función, no nos va a entregar la comedia clásica de Shakespeare renunciando a la marca de la casa Lima. El sello del director es personalísimo y entendemos que esta comedia saltará por encima del vodevil para encajar en otras formas más próximas a la comedia física, la sátira o la farsa exagerando algunas de las situaciones del libreto de Shakespeare llevándolas a extremos de lo risible.

Esta es la comedia más corta del autor británico y se encuentra también entre las primeras comedias que escribió. Es difícil observar un texto de Shakespeare y encontrarle pegas a no ser que seas un erudito muy versado en la figura del autor. Por ese motivo, nuestro foco recae más en lo pergeñado por Boronat/Lima en esta versión flexible y ágil que fluye con soltura gracias, entre otras cosas, a los interludios que se le introducen y funcionan a modo de transiciones entre escenas con danzas y coreografías lúdicas, gracias a una música que no nos remite, precisamente, a finales del siglo XVI (cuando fue escrita por el dramaturgo británico), ni nos remite a Siracusa sino a Grecia (cuna de Posidipo de Pela, autor de la obra «Los iguales» que inspiraría a Plauto a escribir «Los gemelos» y éste a su vez a Shakespeare a escribir «La comedia de los errores»).

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Desde el patio de butacas todo lo que vemos resulta en una vigorosa muestra de juego escénico con seis actores que se multiplican en varios personajes y que, casi sin parecer un esfuerzo, salen airosos del lance.

La comedia surte efecto desde los primeros arranques aunque digamos que se dispara en algunas escenas que van elevando la carcajada en un estilo que nos recuerda a producciones de la marca Yllana (nótese, por ejemplo, «La loca, loca historia de Ben Hur»).

Encabeza el reparto Pepón Nieto que se mete en la piel de uno de los gemelos y en la de otros personajes. Son tantos los personajes que deben doblar los seis actores que se llegará al paroxismo cuando uno de los actores esté interpretando a un personaje cuando debería estar en escena otro personaje que antes ha interpretado. Ahí se produce el disparate total. Los prolegómenos hasta llegar a ese punto quedan jalonados por escenas previas en las que se llevan la palma, en el apartado cómico, aquellas donde vemos aparecen dos hermanas que interpretan Avelino Piedad y Rulo pardo. Son estas escenas las que cuajan el delirio, el vórtice de lo cómico en esta comedia de enredos.

Es oír la primera vez a Rulo Pardo en el papel de una de las hermanas y hacer que todo el público pique en una carnaza estupendamente coreografiada en lo verbal y no verbal. Rulo Pardo está pletórico en todos los papeles que encarna y alcanza su zénit en la interpretación de una de las hermanas. Hay que tener mucho talento para ofrecer un trabajo actoral tan agradecido por el público, tan genuinamente desopilante.

Por un momento, nos olvidamos, de algún modo, de que nos encontramos frente a un texto del año 1593 y mesmerizados por las arrebatadoras formas de la comedia que se despliega en escena,  accedemos al verso, al clásico, a la revoltosa y juguetona trama. Una trama que, bajo capas y capas de comicidad, trata de reflexionar acerca de la sutil (y no tan sutil) distancia entre errar y mentir. También del colosal cisco que podemos formar cuando una mentira se engarza a otra y a otra y así sucesivamente hasta levantar una torre tan alta que sucumbamos presos de nuestro propio autoengaño.

Una cosa es errar, mire usted, que de eso se aprende mucho tras ensayar lo errado, pero harina de otro costal es el errar deliberadamente que es, en realidad, mentir. La mentira tiene las patas muy cortas y, en el presente texto, tiene también un espejo para mirarse y verse retratada. La aparición de dos pares de gemelos podría significar perfectamente la consciencia de nuestros actos, de nuestros aciertos, errores, meteduras de pata, toda vez que los vemos reflejados en otros. El error parece pertenecer a lo inconsciente, a lo automatizado, al despiste, pero el mentir es ya territorio del acto voluntario, del acto deliberado. Los personajes de esta historia se mueven en ambas fronteras aunque las mentiras se camuflen entre aspavientos, sofocos, guiños.

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Lima y Boronat probablemente se han detenido a pensar en dónde se apuntalaba el teatro Isabelino y han comprendido que éste era un teatro popular, destinado a un público variopinto que deseaba ver en escena hechos cotidianos, sus propias vicisitudes encarnadas, la crónica de lo que le ocurre a las personas de a pie. Poco respeto se guardaba por lo aristotélico y, como aquí, la clave está en escenificar sin el corsé de las reglas. Tampoco las mujeres participaban como actrices e, igualmente, aquí son actores varones los que encarnan personajes tanto de hombre como de mujer.

Pese a destacar sobremanera los papeles que interpreta Rulo Pardo y quitarnos el sombrero admirados por su perspicacia e ingenio, debemos destacar igualmente al resto de los actores que completan un elenco que brilla en su conjunto y atina en cada regateo de la pieza.

Déjennos decir que además de las escenas de las hermanas, hay otro par de momentos en los que nuestro gesto muda: por un lado la escena del pie (y hasta aquí podemos leer) que nos parece un hallazgo sin lugar a dudas y, por otro lado, la escena del sacerdote y el guiño a «El exorcista» que, ay, en realidad, sí nos saca un poco del resto de la pieza por su excesivo subrayado y por su extemporaneidad.

Con todo, si de lo que se trata es de lograr una estupenda representación de «La comedia de los errores» de Shakespeare al mismo tiempo capaz de hacer que una amplia variedad de público se congratule tras verla, podemos concluir que la tarea acierta de pleno.

La risa y la carcajada aflorarán con facilidad y ya sabemos lo que decía William: «Es más fácil obtener lo que se desea con una sonrisa que con la punta de la espada«.

LA COMEDIA DE LOS ERRORES

PUNTUACIÓN:  3 CABALLOS Y 1 PONI (Sobre cinco).

Se subirán a este caballo: Quienes deseen disfrutar de una comedia del siglo XVI sin dejar de sonreír hasta el final.

Se bajarán a este caballo: Quienes crean que un texto de Shakespeare no puede ser ligero.

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Ficha artística

Versión: Albert Boronat
Dirección: Andrés Lima

Reparto

Pepón Nieto
Fernando Soto
Rulo Pardo
Santiago Molero
Avelino Piedad
Esteban Garrido

Ayudante dirección: Laura Ortega
Diseño escenografía: Beatriz San Juan
Diseño vestuario: Paola Torres
Diseño iluminación: Pedro Yagüe
Espacio sonoro: Sergio Sánchez Bou
Diseño gráfico: María Lacartelera

Jefe de producción: Juan Pedro Campoy
Jefe Técnico: Nacho Huertas
Ayudante de Producción: Paloma Parejo
Regidor Gerente: Luis Sánchez «Luco»
Maquinista: Mario Segura
Técnico de luces: Salvador Vicedo
Técnico de sonido: Sergio Sánchez Bou
Comunicación: Isabel Sánchez y Javier Antolín

Productores: Jesús Cimarro y Pepón Nieto

Una coproducción del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, Pentación y Mixtolobo.

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Una crítica de Mi Reino Por Un Caballo

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