Nerón es ofendido por un vulgar bailarín llamado Cayo y este es condenado a muerte, pero logra huir y esconderse en lo que él cree que es una escuela de baile que, en realidad, es una escuela de gladiadores donde se está llevando a cabo una conspiración contra Nerón, quien le condenó a muerte.
Esta podría ser una suerte de sinopsis de la obra «El aroma de Roma» que, con libreto de Santiago Lancha, letras de Fernando Lancha y música y dirección de Woody Aragón, nosotros hemos visto en el Teatro Reina Victoria, en Madrid.

Como cada verano, la cartelera de la capital madrileña echa el cierre a la temporada y se centra, en los meses de julio y agosto, en montajes de transición del verano al otoño. Generalmente, y de la mano de la productora Pentación, algunas de las comedias que han pasado por el Festival de Teatro de Mérida terminan recalando en algún teatro de Madrid. Tal es el caso de la comedia musical «El aroma de Roma» que ya pasó en su momento por Mérida y ahora hace parada en el Teatro Reina Victoria.
No sé que suerte habrá corrido en Mérida, pero entiendo que los contextos son bien diferentes en términos de espacios escenográficos. El teatro de Mérida posee, per se, una fuerza abrumadora y en su paso de un escenario como ese a un espacio como el del Reina Victoria, se asume inevitable que la propuesta salga un tanto mermada. Pese a todo, quienes pisan las tablas dan lo mejor de sí a pesar del referido factor espacio.
Lo que vemos en esta comedia musical ligera se ajusta a expectativas e incluso las rebasa en frescura y diestros golpes de humor que sabe conjugar lo tontorrón con lo mordaz. En esa mezcla es donde reside su esencia.

El enredo es el que define siempre las condiciones de acción y conflicto de los personajes de este tipo de historias que aspiran a arrancar la risa del patio de butacas sin intelectualizar las cosas sino, antes bien, procurando emplear el absurdo, el ridículo y lo grotesco. Una suerte de reflejo de tics y escenas que bien podrían recordarnos, mutatis mutandis, a los Monty Python (o a Aristófanes y Menandro si de veras queremos ir al germen de todo). En este caldo de cultivo, nosotros queremos destacar la agilidad de la propuesta que, pese a rondar las dos horas y pico, se siente vivaz, rápida y entretenida.
Destacan algunos momentos musicales bien defendidos por sus intérpretes que, además le añaden un plus al libreto. Igualmente, la risa está asegurada cuando uno de los personajes que encarna Javier Canales, el personaje de «La bestia de los Cárpatos», aparece en escena. Maravilloso momento de carcajadas. Probablemente los dos personajes que interpreta este actor, el de «La Bestia de los Cárpatos» y el del «Ciego», sean los más eficaces del conjunto y los que más nos seducen. También destacables, sin duda, y dentro de un elenco coral, los otros cuatro personajes protagónicos que interpretan Jaime Figueroa (como Nerón), Agustín Jiménez (como el senador Pisón), Leo Rivera (como Cayo) o Lorena Calero (como Popea).

«El aroma de Roma», parece hacerse cargo de esa premisa Bergsoniana que nos pone informa acerca de que «si transponemos lo solemne al tono familiar se tiene la parodia”. En esta comedia de gladiadores torpones que no quieren matar, de bailarín afanado por cambiar las reglas de su tiempo, de Nerones narcisistas y embebidos en su ombliguismo y de ardides para usurpar el poder, tengan por seguro que aparecerá la risa y recuerden aprovecharla porque la risa siempre es un placer, por desgracia, pasajero.
EL AROMA DE ROMA
PUNTUACIÓN: 3 CABALLOS (Sobre cinco).
Se subirán a este caballo: Para quienes, apretados por el calor asfixiante, quieran encontrar refugio en una comedia ligera y disfrutable.
Se bajarán a este caballo: Quienes vayan sobrados de risa y ligereza vital.
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FICHA ARTÍSTICA
Intérpretes
Leo Rivera
Jaime Figueroa
Agustín Jiménez
Lorena Calero
Juan Bey
Javier Canales
Cecilia López
Víctor Manuel Nogales
Letras: Fernando Lancha
Libreto: Santiago Lancha
Música: Woody Aragón
Dirección: Woody Aragón
Ayudante de dirección: Raúl Ibai
Coreografía: Sonia Dorado
Arreglos vocales y director musical: Guillermo González
Escenografía: David Pizarro
Vestuario: Anabela Lubisse y Gelsomina Torelli (LeFreakOlé)
Iluminación: Rodrigo Ortega
Sonido: Rubén Martínez
Una coproducción del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida con la Compañía de El Aroma de Roma.
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Una crítica de Mi Reino Por Un Caballo
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