EL PERCEBEIRO Y OTROS RELATOS SOBRE LA FILOSOFÍA DEL “NO ME VOY A CAER”. Teatro de autoayuda

Un actor hace las veces de anfitrión para contarnos una serie de historias, sui generis, que basculan entre la fuerza de voluntad y la superación.

Esta podría ser una sinopsis de la pieza «El Percebeiro y otros relatos sobre la filosofía del no me voy a caer» que, nosotros, hemos podido ver en la Sala Intemperie de Madrid.

Hacía mucho calor, demasiado, en la sala situada cerca de la plaza del 2 de Mayo. Un nuevo espacio al que agradecemos su colaboración. Era nuestra primera vez en el local y debemos decir que se trata de un local pensado para el off madrileño, que da espacio a propuestas necesarias que van desde el monólogo a la música pasando por actos más o menos teatrales, más o menos performativos. Siempre necesario, desde luego, el aliento de las salas pequeñas al teatro más alternativo.

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Nosotros nos acercamos a ver la propuesta del polifacético David Menéndez que además de actor de la pieza es el creador de la misma.

Hay que entrar en la propuesta sabiendo que lo que vamos a ver se aleja, absolutamente de un teatro canónico y Apolíneo. Todo en esta pieza, que dura en torno a 1 hora, está mascullado desde el teatro que ha de explotarnos en la cara. La sala lo favorece: la distancia con el actor es mínima y la interacción de este con el público se ha de convertir en palanca sine qua non. Así pues, el público forma parte de este artefacto que debemos señalar tiene mucha tibieza textual, pero altas dosis de regateo con la grada.

Nosotros queríamos detectar alguna historia dentro de las intrahistorias que se iban desgranando en la sala, pero, créannos, no hay historia porque todo derrama en un oleaje con cierta inconsistencia en el que prima, a nuestro juicio, la búsqueda de la perplejidad del público. Un público que asiste perdido, desnortado, a una experiencia insólita en la que será apelado constantemente para cantar, llorar, vestir al protagonista y algo más.

Es este un teatro cercano a los manuales de autoayuda. Con «impagables» frases (nótese la ironía en el entrecomillado) al estilo Jodorowsky o Coelho (chiste de percebes incluido en el pack).

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Sí le destacamos las dotes performativas a esta pieza y podemos decir que Menéndez lo da todo en su interpretación: se arquea, se arrastra, suda tanto que podría llenar varias jarras de agua (Nunca estaría de más como un añadido a una parte de la propuesta). El actor  se parece al que llevaba el ladrillo consigo para mostrar al mundo cómo era su casa. Él lleva su talento a escena. Con pocos medios trata de prender un imaginario. Por ese lado, ninguna objeción. Lo complicado, y su principal atolladero, es tratar de encontrarle cierta hondura a los textos, cierta capacidad de enganche. Ahí radica lo errático de la propuesta. Los textos no nos resultan evocadores. No nos conmueven. No nos revuelven. Ni siquiera podemos agarrarnos a una continuidad temática o a una poética interesante (el mundo de los percebeiros podría dar mucho más en un código realista o dramático, pero en clave metáforica y de cuenta cuentos performativo, se presenta desamparado).

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La propuesta se queda en espuma de mar golpeando sobre un «roncudo». Se queda en epatante relato que descarrila, pronto, dejando solo una estela de actor interactivo con su público; un público que, por fuerza, ha de entregarse a la representación perdiendo también su seguridad, su zona de confort porque aquí, el actor, es un escurridizo percebe clavado con todas sus fuerzas a una roca. Pese a todo, aunque a nosotros el texto se nos haya quedado en marejadilla, podemos decir que el actor se entrega. Se enfrenta y fracasa (en modo Brechtiano). Y sabemos bien que «No hay fracaso, simplemente se cambia de camino», que diría Jodorowsky.

Nosotros les pedimos que antes de entrar, en el baño por ejemplo, se repitan ese mantra al que alude el título: «no me voy a caer». Sí, una nueva modalidad: teatro de autoayuda. Ustedes piensen una cosa: si no les vale para la obra, les valdrá, quién sabe, para la vida. O para nada de nada.

EL PERCEBEIRO Y OTROS RELATOS DE LA FILOSOFÍA DEL NO ME VOY A CAER.

PUNTUACIÓN:  2 CABALLOS

Se subirán a este caballo: Quienes busquen una performance a toda costa.

Se bajarán de este caballo: Quienes no deseen formar parte de la representación.

***

FICHA ARTÍSTICA

DRAMATURGIA E INTERPRETACIÓN
David Menéndez

ACTOR
David Menéndez
ACTRIZ
Lua Anaya

 

CATALIZADOR ESCÉNICO
Jorge Gallardo
ESCENOGRAFÍA Y VESTUARIO
Judit Colomer Mascaró
ASISTENTE DE DIRECCIÓN
Lua Anaya
PRODUCCIÓN
Julia Simó Puyo (Amici Miei Produccions)
DISEÑO DE LUCES
Ana Rovira
Fotografías
Kiku Piñol

 

Una crítica de Watanabe Lemans

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2 Comments

    1. Todo en esta vida puede ser. (Así que puede ser que no hayamos entendido nada). Quizá, si de lo que se trata es de reconocer en la pieza una idea inequívoca, estamos en desacuerdo. No parece que la pieza se mueva en torno a un sustrato claramente reconocible, inequívoco.
      Por otro lado, con teatro de autoayuda, nos referimos a autoayuda en un sentido de analogía pues parece que la filosofía del “no me voy a caer” tiene todas las papeletas para poder ser así entendida. Gracias a ti.

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